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 Fidel y “Alberto”  Fidel siempre  A él le debemos la Educación

Fidel siempre

Fidel Castro en la Escuela de Instructores de Arte Manuel Ascunce Domenech en Villa Clara. / Foto: Archivo

Fidel Castro en la Escuela de Instructores de Arte Manuel Ascunce Domenech en Villa Clara. / Foto: Archivo

Fue miércoles el 20 de octubre de 2004. Esa noche se realizaría el Acto de Graduación del primer curso de las Escuelas de Instructores de Arte, programa surgido al calor de la Batalla de Ideas en el año 2000.

La ciudad de Santa Clara se vistió de gala para recibir a los más de dos mil jóvenes estudiantes de estas escuelas en todo el país, que participarían en un acto multitudinario en el que recibirían sus títulos como profesionales de la hermosa labor de formar las nuevas generaciones a través del arte. La noche era fresca y clara, como la sonrisa de los que esperaban ansiosos el comienzo del Acto. 

Durante las dos semanas previas, un grupo seleccionado de instructores de arte estuvo ensayando los números culturales que serían presentados en la Gala Cultural. Los montajes abarcaban temas antológicos de la cultura cubana bajo la dirección artística de la maestra Litz Alfonso. Un coro de 80 voces entonaría Perla Marina y una Orquesta de 150 Guitarras (de la cual yo era integrante) dejaría escuchar un popurrí de música infantil. Danzas y poemas completarían esta selección, y los futuros instructores compartiríamos escenario con Liuba María Hevia.

 La emoción no nos cabía en el pecho, por primera vez seríamos artistas, porque la dirección de la Revolución había confiado en nosotros y no podíamos fallar. 

 Ya sentados en nuestros lugares, escuchábamos el discurso de nuestro Comandante en Jefe; y mientras él hablaba, yo me preguntaba cómo era posible que una guajirita de los Remates de Guane en Pinar del Río estuviera en un escenario como la Plaza Ernesto Guevara de la Serna en Santa Clara, tocando para miles de personas. Mientras nuestro líder histórico anunciaba la creación de la Brigada de Instructores de Arte José Martí, yo me respondía esa pregunta: es posible porque tenemos Revolución.

Unos minutos después, sucedió el fatal accidente. Las lágrimas abundaban en los ojos presentes porque todos temíamos por su salud, porque en ese momento no sabíamos la magnitud del accidente y porque nos aterraba la idea de perderlo. Nuestros corazones se estremecieron cuando él tomó el micrófono para pedir perdón por aquel paso en falso que le costó la fractura de la rótula, y nos pidió que no se suspendiera la Gala de Graduación. 

Nunca he estado físicamente más cerca de Fidel que en aquel momento. Se podía sentir cómo temblaba su voz, pero pocas veces he visto ejemplo igual de fortaleza, de capacidad de resistir. El dolor físico debió ser supremo, y sin embargo, se dirigió a su pueblo y a los jóvenes instructores de arte que a partir de esa noche sellarían su compromiso con la Revolución.

 Llevo siempre en mi corazón las palabras finales de su discurso: ¡Adelante, valientes abanderados de la cultura y el humanismo! ¡Toda una vida de gloria les espera! 
Hoy creo que si alguna gloria he podido disfrutar, ha sido la de vivir en un país dirigido por él, ha sido la que emana de defender todo lo que él conquistó, ha sido la de ser martiana y fidelista junto a los jóvenes de mi generación, hasta la victoria siempre, Comandante.

Sobre el Autor

Ludey Liudys Izquierdo Carballo

Ludey Liudys Izquierdo Carballo

Presidenta del Movimiento Juvenil Martiano en Pinar del Río.

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