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 Fidel y “Alberto”  Fidel siempre  A él le debemos la Educación

Llega otro noviembre; pero viene con él

Fidel Castro

Hoy camino sola, miro siempre adelante y busco algo nuevo por aprender. No tengo tropiezos, y si existieran, me levanto afanosa y continúo mi viaje, para ello él me hizo las piernas fuertes y las ideas claras, para saber en todo momento quién soy, de dónde vengo y hacia dónde voy.

Este noviembre pareciera igual a otros, pero solo para el resto del mundo, específicamente para aquellos que no conocen mi pedacito de historia. Y es que este noviembre se me torna frío y tal pareciera un inicio de curso de una provinciana en la capital, lejos del padre, pero convencida de que tengo las herramientas para continuar, pues fue el mejor de todos los progenitores el que me allanó el camino para transitar ahora. Nos llegó el turno a nosotros de ocupar con más ahínco que nunca cada trinchera, no importa si llena de espinas o de la mejor arena, pero sí de buscar un mundo mejor. Porque para los que así lo piensan, Fidel, ese padre insustituible, no se fue con su nombre, pues los hombres pasan, pero las ideas se quedan. Su muerte produjo una sensación de desconcierto, es verdad, y hoy, apenas a un año, lo que sentimos es una extraña nostalgia. No es para menos sentirla, pues era el hombre que en muchas ocasiones situó a nuestra Isla como centro del planeta. Aún recuerdo cuando en mi etapa del preuniversitario él solía hablar casi cada día, y no me molestaba el tiempo que duraba su discurso, porque eran palabras sabias regaladas por un gigante. Allá por el ´62 le dijo a los jóvenes de entonces: “...a nosotros nos ha correspondido el privilegio o el derecho de empezar a hacer esa Revolución... a ustedes sí que les corresponderá el privilegio de llevarla adelante. “Creer en los jóvenes es ver en ellos, además de entusiasmo, capacidad; además de energía, responsabilidad; además de juventud, ¡pureza, heroísmo, carácter, voluntad, amor a la Patria, fe en la Patria! ¡Amor a la Revolución, fe en la Revolución, confianza en sí mismos”! Solo así, hablan los padres a sus hijos, implantando respeto pero incentivándolos a volar. Él creía en nosotros, en la juventud de todas las épocas, tenía la convicción de que lucharíamos por impedir que Cuba fallara, pues ¡adelante!, esa es la palabra de orden, cumplamos con su persona. Su partida fue motivo para dar la voz de arrancada, aunque solos, aparentemente, con energía duplicada, esa que lo traerá de vuelta impregnado en cada cubano, para regalarle el amor de su gente. El 2017 nos devuelve un Fidel hecho semilla, fuego, luz, faro... con el mismo espíritu con el que nos dejó, regresa: vivo, capaz, inmortal, eterno; hecho historia, tradición, ejemplo, con su caminar cotidiano, la misma barba y el uniforme verde olivo de siempre. Hoy vuelve para tomarnos de la mano, y nosotros, sus hijos, le abrimos el pecho para que entre y no salga jamás, dilatamos el corazón para que quepa completo porque retornó más grande, y a partir de entonces, solo será nuestra voz la que se escuche, pues la mente que dictará, siglo tras siglo, solo llevará un nombre, el de ese hombre: ¡Fidel!

Sobre el Autor

Heidy Pérez Barrera

Heidy Pérez Barrera

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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