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Te nombro

Fidel Castro

Ya el viento comienza a oler a flores, una extraña brisa de tristeza y cruz embarga mis pulmones como aquella vez hace casi un año atrás. La sensación es la misma, pero esta vez cargada de nostalgia por echarte tanto de menos, por no tenerte físicamente, por no escuchar tus ideas ni compartir pensamientos contigo aun en la distancia.

La naturaleza no se equivoca. Sabia y cómplice señala que se acerca un día lúgubre y gris. Sí, este 25 hará un año que partió un hombre bueno, uno que decidió caminar hacia la luz de la inmortalidad para cuidarnos desde arriba. Hará un año de tu muerte. Recuerdo la alocución que narraba lo innombrable, recuerdo la sensación de frialdad por mi espinazo y la falta de oxígeno a mi alrededor. Recuerdo que no pude dormir. Y es que perderte fue como perder a un padre, un guía, al faro de una Revolución victoriosa, fue como si se derribara un bastión o se cortara un caguairán milenario que siempre estuvo ahí, en las buenas y las malas. Ahora que no estás siento como si no existiera todo un siglo, me siento indefenso. Tu muerte significó uno de los últimos alientos de una guerra fría contra los vecinos de siempre. La partida física de aquel que junto a la extinta Unión Soviética colocó misiles nucleares en una isla rebelde e irredenta que más tarde estremeció al mundo. Contigo se fue aquel líder bravo e intelectual que en menos de 72 horas repelió una invasión mercenaria. La instantánea de tu cambio de tanques y tu blanco perfecto en el buque enemigo son dos memorias que guardo. El mundo perdió al padre de las revoluciones sociales a escala global, un libertador, un mensajero internacional de enseñanzas, justicia y salud. Contigo se fue el “David” que resistió al pulso de 11 habitantes del despacho oval. Me gustaría situar tu papel en nuestra historia a la diestra de Martí y a la izquierda de Céspedes, bajo el seno de Mariana y la eterna compañía de Celia, Camilo y Che. No somos pocos los que te consideramos como un Apóstol de la independencia. Como un manantial cristalino de ideas, valores, principios y éticas revolucionarias; siempre en defensa de la dignidad, soberanía, derechos ciudadanos, solidaridad y humanismo al precio que fuese necesario. No somos pocos los que atesoramos tu legado, somos más de 11 millones de cubanos, a los que se suman también cientos, miles, millones de un mundo que no deja de decir, gracias Fidel. Desde niño tu figura fue un ejemplo para mí. Tan alto, tan grande, tan fuerte, importante, capaz, desafiante, locuaz, vigilante, solidario, humano... Todo lo que un día quisiera ser. Incluso ahora. Confieso hoy que no estaba preparado en aquel momento para enfrentar la horrible realidad de un mundo sin ti. No lo estaba y creo no estarlo todavía. Pero para tenerte a mi lado cual estampita de santo, no habrá mejor compromiso que mantener tus conquistas alcanzada, esforzarme más en cada tarea diaria. No habrá mejor meta que llevarte siempre en cada pensamiento. Ya el aire huele a flores y hastío, el frío se siente y se siente más intenso sin ti. ¡Hasta siempre Comandante! ¡Hasta la victoria siempre! ¡Patria o Muerte, Venceremos!

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

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