Eusebio Leal en la memoria de los pinareños

Cuba le dijo adiós a un grande. Eusebio Leal, el historiador, amante de la historia y defensor de nuestro patrimonio falleció en la mañana de este viernes 31 de julio. Cuba lo sufre. Las muestras de dolor y cariño han estallado por doquier y las redes sociales se han llenado de mensajes dirigidos al eterno novio de La Habana.

Aquí va el homenaje de Guerrillero a quien dedicó su vida a defender nuestras raíces y esencia. “Busquen un propósito en la vida y luchen por eso”, así nos convocó y se lo debemos. Seamos leales a él, como lo fue siempre a su tierra.

En Octubre del año pasado ofreció Eusebio Leal una entrevista a la Mesa Redonda. En ese diálogo dijo:

“Yo no aspiro a nada, no aspiro ni siquiera a eso que llaman la posteridad; yo no aspiro a nada, yo solo aspiro a haber sido útil. Y le pido perdón a todos aquellos que, a lo largo de la vida, en la búsqueda necesaria de lo que creí mi verdad, pude haber ofendido; y a mis propios errores que cometí con la pasión juvenil en que todo hombre y todo pueblo busca sus propios caminos. Yo creo que al final lo encontré, y que esa luz que veo ahora, ahí, en medio de las tinieblas del ocaso, es finalmente el camino”.

Hoy murió el hombre grande de La Habana, el seguidor de la obra histórico educativa de Emilio Roig de Leuchsenring, la persona que nos enseñó a amar a la ciudad, a respetarla y dedicarle los mayores elogios y cuidados.

Mucho pudiera decirse de Eusebio, pero nada es tan grandioso como que amó profundamente a Cuba y se sintió un hijo verdadero de esta tierra, a ella le fue fiel hasta las últimas consecuencias, cuando muchos optaron por la partida, Eusebio decidió quedarse y echar anclas fuertes en Cuba.

Hoy, Eusebio no se fue, hoy Eusebio pasó a la inmortalidad porque los hombres como él se perpetúan en quienes tienen la determinación de mantener viva su obra.

Dayelín Machín

Se fue el más Leal de los cubanos, el hombre de pueblo, amante de la historia, eterno enamorado de su Habana y de Cuba toda. Nadie como tú para encantar con la palabra, para atrapar con ese hablar suave y apasionado. Gracias por tanto, Eusebio Leal. Hoy todos los cubanos de esta Isla, que latía en tu pecho, lloran tu pérdida.

Hoy recuerdo aquella mañana en que te conocí. Llegaste vestido todo de gris, con pasos cortos y mirada cansada pero al mismo tiempo, amorosa hacia aquel grupo de muchachos jóvenes con unas ansias enormes de escuchar tu palabra única.

Fueron solo unas horas, pero allí hubiéramos podido estar todo un día, escuchando historias de tu vida, del Eusebio niño y el Eusebio joven que poco a poco, con su amor y una fortaleza inquebrantable para hacer realidad todos sus sueños, se convirtió en el Eusebio de todos los cubanos, y el Eusebio, para muchos loco, por ser capaz de enfrentarse a enormes gigantes disfrazados de buldozas, para defender las gotas de historia que permanecen vivas hasta en los adoquines de la calle.

Y a pesar del cansancio y de la falta de fuerzas que se empeñaron en robarte los problemas de salud y tú hacías de todo para disimular, nos regalaste uno de nuestros mejores recuerdos, para mí la mejor mañana de ese Diplomado de Patrimonio.

El encuentro del que estuvimos hablando y deseando desde el primer día. Porque, cómo estudiar al patrimonio cubano, cómo caminar por esas calles de la Habana Vieja (que adoro y no pueden faltar en mis viajes a la capital), cómo apreciar en cada obra, en cada edificio, en cada esquina la esencia de su creador; y no poder disfrutar de tu presencia.

Conocerte fue la mayor lección con la que pudimos quedarnos, la mejor manera de cerrar el curso de periodismo que te enseña a amar la historia, la cultura, a apreciar los valores patrimoniales hasta en el más simple de los detalles y sobre todo te impregna de ese espíritu tuyo que defiende nuestras raíces, nuestra esencia por encima de todo.

Descansa en paz Eusebio. La Habana será un poquito menos Habana sin ti, pero siempre será la tuya y podremos seguirte viendo en cada lugar que defienda ese patrimonio por el que tú viviste.

Y siento, tengo la certeza, de que en mi próximo viaje a La Habana te buscaré en mis andanzas por esas calles repletas de historia por las que tú tanto caminaste, y también sé que te encontraré, porque ni la inevitable muerte podrá separarte de ese lugar que se volvió para siempre parte de ti.

Vania López

La vida no me ofreció la oportunidad de conocer a tan ilustre hijo de Cuba, pero anduve La Habana y sus historias de su mano, con la cadencia pausada de sus historias, el afán por salvar una ciudad que hoy lo venera y el respeto por un pueblo que inspiró las historias que tantas veces, en la más poética y certera oratoria, nos compartiera. Si de cubanía se habla, Eusebio tiene reservada en la memoria colectiva un espacio que trasciende fronteras, culturas, idiomas; que le coloca al nombre del hombre, un epíteto que se ganó por fuerza propia, de su sabiduría y de sus pasiones: el historiador de La Habana; un calificativo que lo distinguiera virtuosamente entre todos los dignos hijos de Cuba. Ha muerto el hombre, se ha perpetuado el símbolo.

Ariel Torres

Ha caído un ídolo, ha cesado el brillo intenso de una savia sin par. Ha perdido color la palabra certera, el verbo amigo, la mano segura. La muerte lo arrancó de nuestro lado, sin previo aviso y con un tajo fatal.

La Habana pierde hoy un hijo ilustre, a su hijo mayor, su tesorero, su adorador, su salvador. Ha muerto Eusebio Leal. Muchos lo recordamos serio, vigilante, con la vista al horizonte al tiempo que nos maravillaba, maravillado en sí, con el esplendor de la capital en una tarde cualquiera.

Sus lecciones al aire libre, incautaban la magia del ambiente que desandaba junto a nosotros, sus alumnos, y la convertían en poesía histórica, en lujosos y dulces discursos para el oído y la memoria.

Sus coloquios eran, presas de magistral locuacidad, odas a la historia que contase. Era imposible no enamorarse de esa Habana que describía moderna y maravillosa.

Ha muerto un hombre de convicciones impolutas y de servidumbre popular, uno que nunca dudó, que siempre aspiró hacia lo más alto; siempre con una prominente y segura elegancia en el talante, mas sin perder la idiosincrasia y su humildad de cubano común.

Geidy Díaz Crespo

¿Yo, a Eusebio Leal? Nunca lo vi, ni de lejos. He repasado mi vida y mis andanzas y jamás coincidí con él. En nada. Sin embargo, regreso hoy al tiempo pre-adolescente, frente al TV Caribe, escuchando su oratoria sedosa por los recovecos de La Habana. No entendía, pero aquello redimía mis instintos de niña callejera y le daba a mi abuela la paz de que, por ese único breve tiempo, me tendría en la casa, tranquila.

Más tarde, y con la poca o mucha madurez política que pueda alcanzar una joven en Cuba, seguía de cerca sus intervenciones en el parlamento: mesuradas, tiernas, elegantes, ecuménicas, profundas. Empezaba a entender su semántica con la ayuda de unas manos que hacía danzar siempre en el mismo lugar del cuerpo. Ni en los momentos más tensos perdía Eusebio la decencia, la ternura, el decoro. El patriotismo lo amasaba con la yema de los dedos, convirtiéndolo en arte con la palabra precisa, la sonrisa perfecta.

La última vez que le seguí la pista fue cuando los 500 de La Habana. Cada post en redes sociales, cada entrevista en la tele. A Eusebio Leal le debo la lección de vida que se le escapó a mi abuela: con amor y memoria, la belleza puede brotar de entre las ruinas.

Se fue el mago de Cuba, el repartidor de asombros, el pastor martiano y fidelista, el enamorado más Leal de La Habana. Y la verdad es que, como me enseñó mi abuela, nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.

Claudia Ledesma Hernández

Me encantaría tener alguna foto posando junto a él, haberlo entrevistado alguna vez… me hubiese encantado ser su alumna. Pero lo más cerca que le vi fue en el teatro de la ciudad, en la presentación de varios textos relacionados con él y que formaban parte del homenaje a su figura en una reciente Feria del Libro. Recuerdo que se notaba el cansancio en sus ojos, quizás era el pesar de la enfermedad que ya padecía; mas su voz, su voz permanecía limpia, su verbo tan lúcido y apasionado como siempre.

Escucharle era todo un banquete para el espíritu. Durante un tiempo prudencial disertó sobre Pinar del Río, los libros, la feria… Al concluir el encuentro, corrí tras él envuelta en un tumulto de admiradores que querían lo mismo que yo: un autógrafo en uno de sus libros. Desafortunadamente, no fue posible.

No obstante, ese texto que ya nunca será firmado por el autor lo conservo como una mis más preciadas pertenencias. Me hubiese encantado conocerle de cerca, pero de alguna manera, su obra lo mantendrá siempre vivo en mi conciencia.

Silvino Corveas Becerra

Conocí a Eusebio en casa de Norka Díaz Méndez, (hija de Korda) y fue Eusebio quien me presentó al Gabo (García Márquez). Desde entonces coincidimos otras muchas veces.

Nos vimos en el centro Pablo de la Torriente Brau, muchos años después en un “A Guitarra limpia”, un concierto de Yamira al que me invitó a tocar, estaba Dalia Soto del Valle (esposa del Comandante Fidel Castro) en una presentación de Mariela Castro, y ajustamos reencontrarnos, ya Silvia ,su mamá, estaba delicada.

La última vez acá en el museo de Historia Provincial, fotografié el acto de la entrega del escudo. Fue la última plática, la más breve, la del nunca jamás.

Si algún silencio se escuchará estridentemente alto, es la ausencia de este apóstol de Cuba, éxegeta de la Habana, la del poema a la verdad, que más que Pepe Antonio contra los ingleses, liberó a la Habana de la apatía, de la indolencia, de la inercia seducida por la divisa.

 Con la complicidad del Soñador Mayor, Fidel, que le dio vitalidad, apoyo, logística y ánimo, para restaurar la Habana, física y moral, y el patriotismo de toda Cuba anduvo la Habana Vieja, la mítica Habana de Cecilia Valdés, la de los Estudiantes de Medicina, la de Juan Clemente, la Cabaña del Ché, la Lonja, el Capitolio, y en cada corazón cubano donde anidó su esencia espiritual, la divina diáspora, discurso de los justos en labios de un gentil. Tardaremos en vernos, te prometo, menos, que la última vez, un abrazo.

Jorge Freddy Ramírez Pérez

En el 2012, aniversario 200 del natalicio del novelista y patriota cubano Cirilo Villaverde de la Paz, le pedimos a Eusebio que nos apoyara en celebrar este aniversario cerrado. Con asombro nos percatamos que ninguna institución o persona se habían proyectado a no dejar pasar por alto tan importante acontecimiento.

A nuestra solicitud, no titubeó ni un minuto, y se entregó febrilmente a la organización del aniversario, y llegó el día en que se haría una peregrinación a la tumba de Cirilo en el cementerio de Colón, y allí estábamos a la hora acordada.

Asombrosamente, éramos un exiguo número de personas, y sentí pena de que Eusebio hiciera las palabras conmemorativas, se lo comenté y me dijo, “…estamos los que teníamos que estar, los que creímos que era justo recordar a aquel hombre extraordinario”.

Recordé que no era la primera vez que me sucedía lo mismo con Eusebio.

En una ocasión, le invité a que interviniera en la tertulia que realizaba en la pequeña plaza del museo de la comunidad de Las Terrazas, y para desdicha para mí, asistieron pocas personas. Le pedí disculpas y me respondió “…amigo Freddy no tengas pena, no hablo para multitudes, hablo para quienes tiene la sensibilidad hacía lo que abordaremos”.

Me contó una anécdota de cuando en los primeros tiempos quiso dar una conferencia en el sitio donde estuvo la Universidad de San Gerónimo, y al llegar a la esquina de Obispo, donde debía impartirla no había nadie, solo una anciana sentada en un muro, y él le pregunto si era una de las invitadas, a lo que ella respondió “…no hijo estoy sentada aquí descansando…entonces Eusebio le dijo Ud. sabe dónde está sentada, no?,  pues donde estuvo la Universidad de San Gerónimo…” y así dio la charla que tenía preparada con la sola asistencia de la anciana.

Aquel día de octubre de 2012, frente a la tumba de Cirilo Villaverde, Eusebio estuvo a la altura de su estatura intelectual, disertando de lo lindo sobre el escritor eterno. Su voz inconfundible, se extendió en el entorno del cementerio Colón.

Anelys Acosta Puerto

Estuve en un Diplomado PreDoctoral en Patrimonio musical hispanoamericano en el Colegio Universitario San Jerónimo, Eusebio era el Decano de la Facultad y estuvo el primer día y nos habló con tanta humildad y pasión.

Nos llevó al teatro Martí. Fueron unos meses muy especiales.

Pasó a nuestra aula en 3 ocasiones.

Susana Rodríguez

Siento orgullo de esta foto que atesoro del encuentro con un ser inmenso. Fue hace algunos años en un diplomado de Medios para comunicar el Patrimonio.

Entró al salón donde se hallaba nuestro grupo y empezó a dialogar y a convencernos de sus verdades y de sus luchas, con esa mágica habilidad que tenía para hilar palabras e historias. Nunca olvidaré aquella mañana en que conocí a ese hombre bueno que fue Eusebio Leal, o que es; porque la muerte jamás podrá destruir su inmenso legado.

Gracias por todas las semillas que plantaste, por soñar y crear una Habana hermosa para todos los cubanos.