¿El último? o la irresponsabilidad autopermitida

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¿Última persona? ¿El últimoooooo? – Sí, soy yo. Voy detrás de la señora del nasobuco floreado que va detrás de la mujer de la sombrilla carmelita, que va detrás del muchacho del nasobuco y las gafas negras.

Estas líneas, a modo de voces, se han convertido en el día a día del cubano promedio ante la presencia e incremento vertiginoso del coronavirus en el territorio nacional.

Ya es común a cualquier hora del día, ya sea a pleno sol o bajo las lluvias esporádicas de estas fechas, observar a personas sentadas y amontonadas en parques, aceras y a la vuelta de cada esquina.

¿Los motivos? Pudieran ser varios si se mirara desde la perspectiva de la psicología social: imprudencia, aburrimiento en las casas, desabastecimiento hogareño, acaparamiento de algunos y aseguramiento de otros.

Lo cierto es que los responsables son los llamados “tres mosqueteros del coronavirus” como se les conoce en estos días al pollo, aceite y aseo personal.

No hay duda. Estos productos son los causantes de estas aglomeraciones desde tempranas horas de la madrugada, a pesar de las orientaciones de los agentes de la autoridad. Estamos en crisis y todo el mundo necesita autoabastecerse de ellos. Hasta cierto punto es entendible.

Lo que no se logra comprender es la irresponsabilidad, insensatez, falta de sentido común y estupidez, por qué no, de muchos. No hay otra manera de nombrar el comportamiento de aquellos que, aun a sabiendas de que cerca del 50 por ciento de los casos de la COVID-19 confirmados en nuestro país han sido asintomáticos, persisten en actitudes lamentables y restan importancia a las medidas orientadas por Salud Pública para frenar la enfermedad.

Desobediencia, no cumplimiento del distanciamiento social, mal uso de las medidas de protección personal y hasta desacato a la autoridad son algunas de las figuras que priman en los escenarios anteriores cuando la cosa se pone “caliente”.

¿Acaso no es evidente el daño que nos hacemos y que podemos causar a otros cuando asumimos roles tan nocivos? ¿Para qué sirven entonces las campañas de bien público sobre el tema, los spots televisivos y demás iniciativas si sucumben a la mala gana de cada cual?

Una cosa es guardar las apariencias para simular tranquilidad, respeto y obediencia, pero a qué precio. Y digo esto porque sí, es cierto, frentes y costados de tiendas están despejados como se orienta, pero… ¿y los alrededores? Típico escenario medieval en campañas de asedio.

Incluso, ya son varios los reportes en la prensa plana y televisiva sobre agresiones a los agentes de la PNR que organizan a la población. ¿Qué más pudiera hacerse si los que están ahí no respetan el consejo de un metro como mínimo de distancia entre ellos?

“¿Y de qué vivimos si no estamos allí? ¿Qué comemos? Si no hacemos cola y no estamos todo el día en la calle no cogemos nada”, dirían algunos.

Y quizás sea cierto. Lo ideal es que no hubiese necesidad de hacer las tan endemoniadas colas de hoy, lo sé. Pero, aunque todos sabemos que nuestro país no tiene ni la capacidad productiva ni de compra para satisfacer las demandas, bien valdría compartir un dato importante.

De acuerdo con cifras ministeriales, en estos meses se ha vendido más aceite y pollo como promedio que en iguales periodos de años anteriores, e incluso la tendencia ha sido al incremento de las ventas.

Entonces, ¿cómo se explica este fenómeno si la población no ha crecido exponencialmente? Sencillo. Muchas personas hacen las mismas colas todos los días para alcanzar los mismos productos, dejando a otros sin esta posibilidad. Pensemos en ello.

Entonces, si de todas todas tenemos que ser parte de una de esas colas por comprar lo que “necesitamos”, ¿por qué no podemos ser más consecuentes con nuestra propia salud, respetar las distancias y evitar las aglomeraciones?

¿Por qué se tiene que estar repitiendo lo mismo cada dos minutos? ¿De verdad necesitamos que alguien nos esté diciendo lo que debemos hacer para cuidarnos a nosotros mismos? ¿Qué estamos esperando? ¿Cambiaremos de actitud cuando seamos nosotros los que invitemos al virus a nuestro hogar por actitudes nocivas como las anteriores?