El mago de la receptoría

Una triste noticia para Pinar del Río, para los amantes del beisbol de todo el país y del mundo. Falleció hoy en La Habana con 66 años de edad, Juan Castro, el conocido receptor de los equipos Cuba, Vegueros y Pinar del Río. Publicamos esta entrevista que le realizó Eduardo Grenier en la cual se devela la sencillez de este hombre tan querido por todos.

El más elegante de los receptores cubanos recogía con destreza veloces piconazos lanzados por los mejores pitchers de Cuba.

Con él todos en su equipo se sentían cómodos, sabían que no habría error. Cuando esa enorme figura se agachaba detrás del home play, su compañero del montículo trabajaba con soltura. La confianza era casi absoluta.

“El mago”, como le llamaban, era un verdadero artista de la defensa.

Toco suavemente la puerta, aún con el temor del joven reportero que se enfrenta a su primera entrevista.

Parecería que en aquella casona de estilo colonial, situada en pleno corazón de la capital pinareña, no vivía alguien modesto, bonachón, vecino como cualquier otro.

La imagen seria, pausada, estricta, me hizo pensar que sería difícil establecer un diálogo con él.

Sin embargo, fuera del terreno de juego, Juan Castro García se caracteriza como un hombre sencillo.

Me invitó a pasar cortésmente. 

-¿Es cierto que de niño usted andaba con una pelota de pin pon de la cual nunca se separaba? 

– Sí, eso me dio mucha destreza con la pelota. Quizás por eso cuando muchos bloqueaban la bola yo la fildeaba. 

-¿Desde el inicio se inclinó por la receptoría? 

-Yo era pitcher. Hasta los 17 años me desempeñé en esa posición. Estando en el Servicio Militar se creó un equipo muy fuerte del que luego muchos se incluyeron en la nóminade Vegueros e Industriales. Estando allí se lesionó el receptor. A mí me querían mandar para el Ejército, pero dije: aquí el cátcher soy yo. 

-¿Cómo llega a las Nacionales? 

-Luego de destacarme en los militares me iban a llevar para la preselección de Industriales al igual que a otros pinareños. Pinar del Río al saber esto nos reclamó y nos unimos al equipo. 

-Usted tuvo el privilegio de participar en esa transición del béisbol pinareño de ser de los peores a convertirse en potencia. 

-Cuando yo llegué a Vegueros se le decía la Cenicienta. Dos años después llegaron estrellas que formaron un equipo imbatible. Inventaron mil fórmulas para ganarnos, pero no pudieron. 

-En esa etapa le recibió a varios de los mejores lanzadores de todos los tiempos. 

-Eso me conllevó a exigirme, a esforzarme cada vez más. Había días libres y yo utilizaba para entrenar, y perfeccionar mis movimientos. 

-Se retiró, a decir de muchos, de forma prematura. 

-Me retiré porque las condiciones de vida de un atleta no eran las mejores en aquellos tiempos. Dormíamos en albergues. Esta es otra época, los peloteros se quedan en hoteles y son atendidos con mucho esmero. Pero en aquel entonces todo era más difícil. 

-Luego fue manager. ¿Qué sentía al ver «los toros desde la barrera»? 

-No era fácil. Hay momentos en los que te vas de juego, piensas que eres un jugador más y no el director. 

-Tuvo buenos amigos dentro del diamante… Sí, yo me llevaba bien con casi todos. Pero con uno, curiosamente de Industriales, René Arocha, mi amistad era especial. 

-¿Ahora que se acogió al retiró, cree que se han explotado del todo sus conocimientos beisboleros? 

-Pienso que se podía haber hecho más. Yo estuve al frente de la receptoría en el Primer y Segundo Clásico. Hice algunos programas como Por la Costura, pero en Italia, por ejemplo, enseñé todo lo que sé y creo que rindió frutos. 

-Y si de repente volviera a nacer… 

-Sería pelotero nuevamente. Pasé trabajo y me esforcé, pero el que se propone algo en la vida tiene que sacrificarse.