El arte de dar y que no te den

Ariel Hernández Azcuy no tiene el rostro marcado por los golpes. Cuando un desconocedor del llamado más viril de los deportes se le acerca quizás dude estar ante un boxeador tan premiado. En su relativa corta carrera ganó 206 combates y conoció la derrota en 17 oportunidades. Tal vez sea el antecedente, por el estilo boxístico, de Julio César la Cruz, en la Escuela Cubana de Boxeo, un verdadero especialista en dar y que no te den, filosofía que inculcó Alcides Sagarra a sus pupilos.

Fue uno de los atletas que más rápido escaló en la élite del boxeo amateur internacional. En cuatro años logró obtener todos los títulos de la Asociación Internacional de Boxeo Aficionado (AIBA), y reinar por partida doble en dos citas estivales: Barcelona (1992) y Atlanta (1996), en la división de 75 kilogramos.

Sin ser tan contundente en su pegada como otros medianos, entre los que se destacaban José Gómez y Ángel Espinosa, ganó, sin cumplir los 20 abriles de vida, en la cita estival de Barcelona, al derrotar en la final al estadounidense Chris Byrd, a la postre campeón mundial dentro del pugilismo rentado.

Durante el ciclo con vistas a Atlanta alcanzó en dos ocasiones la faja mundial de los 75 kilogramos. Primero fue en Tampere, Finlandia, en 1993 y luego en Berlín, capital alemana, en 1995. Venció en dichas finales a Akin Kuloglu, de Turquía, y a Tomas Borowski, de Polonia, respectivamente.

En los Juegos Panamericanos de Mar del Plata, Argentina, en 1995, obtuvo el título y en la capital del estado de Georgia reinó, de nuevo, en una cita estival, al imponerse al turco  Kuloglu. A partir de Atlanta, la carrera deportiva de Ariel sufrió un giro, incluso en el panorama nacional. En el Mundial del ’97, celebrado en Budapest, pierde en la final ante el local Zsold Erdei.

Para 1998 comenzaron sus problemas con el peso, unido al ascenso cualitativo que experimentó Jorge Gutiérrez, a la postre campeón olímpico en Sídney en los 75. Gutiérrez, con el tiempo, le resultó tan difícil a Ariel, como a Muhammed Alí le fue Leon Spinks en aquella histórica pelea del 15 de febrero de 1978.

En el Mundial de Houston, su último gran evento internacional, cedió en la primera pelea, su victimario el rumano Adrian Diaconu, un boxeador que luego fue famoso en el profesionalismo; sin embargo, este europeo en Sídney fue noqueado en semifinales por Jorge Gutiérrez, quien ocupó el puesto de Hernández Azcuy.

Casi dos décadas después de abandonar el deporte en activo, el púgil pinareño de mejor palmarés internacional, accede, esta vez sin esquivar, a ser entrevistado acerca de su pasado boxístico.

¿Cómo llegó al boxeo?

‟Empecé a los siete años, pues mi hermano era boxeador. Entonces, Juan Fernández, el ‟Moro”, famoso comisionado provincial en Pinar del Río, fue a mi casa en busca de mi hermano, porque había una competencia y me preguntó si me gustaba el boxeo, y le respondí que sí. Fue de esta forma que llegué a la Escuela de Iniciación Deportiva (Eide) Ormani Arenado, ya que el comisionado hizo una prueba con las categorías pequeñas y comenzó por mí.

‟Entré precozmente a la Eide, ahí empezó mi aprendizaje, rodeado de muchachos mayores que yo. Hasta que en el ’85 fui a un torneo escolar, con sede en Pinar del Río, y alcancé bronce en 38 kilogramos. Después quedé campeón en 57 kilogramos, en las etapas 13/14 y 15/16 y me pasan para la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético (ESPA nacional) por la calidad deportiva. Me titulé dos veces campeón mundial juvenil, único boxeador del mundo en hacer esto, en Puerto Rico y Perú, en 1989 y 1990, respectivamente”.

¿Cuándo participa en el primer torneo nacional Playa Girón?

‟Lo gané en vísperas de los Juegos Olímpicos de Barcelona y de ahí empecé a consagrarme, y luego reiné en el ‘Córdova Cardín’. Ese mismo año me llevan a una gira por Europa y le gano a medallistas de Seúl, y así me incluyen para el equipo a la Olimpiada”.

Imagino que le fue muy difícil imponerse en Barcelona …

‟Ese torneo fue para mí de mucha tensión, primera competencia grande en que participé, y era una Olimpiada. Todavía no había incursionado en un Campeonato Mundial de mayores, que es otra experiencia grande. Hubo varios contrincantes a los que les tuve que pelear bien, con mucha inteligencia, boxeadores experimentados que estuvieron de la cita de Seúl ’88.

‟La pelea con el estadounidense Byrd representó la más difícil, él tenía un boxeo parecido al mío, me dio la impresión que me estudiaron bien en esa ocasión. El primer asalto quedó empatado dos a dos, y el segundo igualado a seis. Yo me preguntaba cómo es esto posible, y en el último round me empleé a fondo hasta que obtuve el título. Al final, quedó 12 por seis. A partir de ahí, dije ‘ahora para ganarme van a pasar trabajo’”.

Tuvo un excelente ciclo para Atlanta, ¿cómo ve esa etapa de su carrera?

‟En esa etapa estaba muy bien preparado. Competí en numerosos torneos, y hubo oportunidad de conocer a los contrarios europeos, que eran los más fuertes, y algunos de América. Con esos títulos comenzó mi preparación para Atlanta”.

Y en Mar del Plata, en 1995, los Panamericanos…

‟Esa competencia no fue un reto muy grande para mí. Pero los boxeadores de América son técnicos y saben cómo es que uno pelea, porque vienen al Torneo Internacional Giraldo Córdova Cardín y se alistan para eventos más complejos”.

¿Atlanta ’96 tuvo más calidad que Barcelona ’92?

‟Siempre he dicho que en la Olimpiada, aunque veas al contrario tuyo flojo, es difícil, porque todo el mundo se prepara para ella. Como decimos los cubanos: ‘debajo de cualquier piedra sale un sapo’. En Atlanta combatí con Sven Ottke, el alemán que era el rival más fuerte que tenía en mi división; por el oro con el turco que ya lo había enfrentado en otras lides, creo que en un mundial, y la pelea no estuvo mala, no con mucha ventaja, pero le gané bien”.

En el Mundial de Budapest ’97, Hungría, pierde en la final. A partir de ese torneo toma otro rumbo su carrera deportiva…

‟Ese año estaba bien preparado, el último combate me tocó con el representante de ese país y ellos querían una medalla de oro. En el primer asalto me hice el suave, no estuve a todo tren y ya cuando quise recuperarme para ganar la pelea, porque la tenían enmarañada, era tarde. Pero no me siento derrotado en ese Mundial, aunque los árbitros dijeron que había perdido”.

¿Qué ocurre hacia finales de la década del 90 con su carrera deportiva?

‟Después del Mundial del ’97, vinieron los Juegos Universitarios en 1998, que fueron en Estados Unidos y desde ahí ya no podía hacer el peso, iba creciendo en corpulencia. Llevaba muchos años en 75 kilos y pedí que me pasaran para los 81, y para algunos entrenadores esa división tenía otros nombres. Nunca me quisieron en los semipesados.

‟Escribí a la AIBA para solicitar mi retiro y Alcides Sagarra se presentó en mi casa para que volviera a pelear en el peso que tuviera.  Para ese momento tenía 87 kilos y estuve en el Playa Girón del 2000, en los cruceros (91), y me eliminaron en la tercera pelea al perder con Odlanier Solís. Seguí entrenando en el equipo nacional con la condición de que tenía que bajar de peso hasta los 75, pero nunca pude volver. Cuando un deportista que tiene calidad te dice que no puede hacer el peso, no lo hace”.

¿Quiénes fueron sus rivales más difíciles?

‟Al principio el ex campeón mundial Ramón Garbey, que reside en el exterior, y a finales de mi carrera, Jorge Gutiérrez”.

¿Para usted cuál ha sido el mejor boxeador de la Escuela Cubana de Boxeo?

‟Pasaron muchos de buena calidad como Adolfo Horta o Jorge Hernández. Pero el número uno es Teófilo Stevenson: ese fue el mejor a nivel mundial dentro del boxeo amateur”.

¿Qué factores, a su juicio, provocaron que Cuba se convirtiera en una potencia del boxeo amateur?

‟Bueno, eso se debió también a la disciplina en la escuela, en el centro de entrenamiento. La preparación había que hacerla, era a entrenar duro y así salía el resultado. Además, tuvimos profesores que sabían de boxeo y nacieron dentro del pugilismo, porque el entrenador tiene que aprender tanto como el atleta. En Cuba hay estudiosos del boxeo, que poseen conocimientos científicos y esto ayuda mucho al atleta”.

¿Y la calidad de los torneos domésticos en su etapa de deportista en activo?

‟Era más difícil el ‘Playa Girón’ que un Campeonato del Mundo. Aquí se quedaban atletas que podían ir a un evento internacional y obtener medalla. Además, las provincias se preparaban muy bien para estos torneos”.

¿Después de ser atleta a qué se dedicó?

‟Mi retiro oficial fue en Santiago de Cuba, en el año 2001. Fui entrenador deportivo en La Lisa, además trabajé en el Complejo Deportivo Roberto Balado, también en el equipo nacional y siempre dispuesto a ayudar a las nuevas generaciones”.

¿Cómo ve el futuro del boxeo cubano?

‟Las figuras que siguieron a mi generación casi todas desertaron; se quedó la preselección nacional de mayores prácticamente sin exponentes de experiencia y hubo que llamar juveniles, que no tenían tanta preparación y vino un periodo complejo para el boxeo cubano, lo que unido a la calidad de los púgiles de las exrepúblicas soviéticas conspiraron en contra de la supremacía que durante tanto tiempo tuvimos. Pero cuando hay un buen profesor, se encuentra un buen atleta, y nuestro boxeo se ha impuesto en los años siguientes”.