Dos gigantes unidos por la historia

El 14 de junio de 1845 vino al mundo el primogénito de los Maceo-Grajales, a quien nombraron Antonio de la Caridad. Su infancia y juventud discurrieron en una sociedad esclavista colonial que despreciaba  a las personas como él: mulato, campesino, autodidacta y sediento de justicia y libertad; pero los prejuicios de la época se estrellaban contra la grandeza de su carácter.

El Titán de Bronce parecía nacido para la batalla. Las 27 heridas de bala y arma blanca recibidas durante las guerras de los diez años y la del 95 no minaron jamás su espíritu rebelde y aguerrido. 

Mientras algunos caudillos se adentraron a la aventura bélica como generales, él tuvo que ganarse los grados de la jerarquía militar uno a uno a golpe de destreza y arrojo.

Llegó a convertirse en Lugarteniente General del Ejército Libertador y a protagonizar brillantes hazañas como la Invasión a Occidente desarrollada entre octubre de 1895 y enero de 1896 y la Protesta de Baraguá, que tuvo lugar el 15 de marzo de 1878 y donde puso bien en alto la dignidad de los cubanos al renunciar a la paz sin independencia ni abolición de la esclavitud propuesta por el Pacto del Zanjón.

Quiso la historia que también un 14 de junio, pero de 1928, viera la luz otro de los imprescindibles: el Guerrillero Heroico Ernesto Guevara de la Serna. Aunque nació en la distante Argentina se convirtió en cubano mientras arriesgaba su vida en las difíciles condiciones de la Sierra Maestra.

Toda su inteligencia y osadía las puso en función de la independencia de esta Isla que llegó a amar como suya propia, y donde ayudó a edificar una sociedad más justa que garantizara libertades individuales y derechos a todos los hombres y mujeres por igual.

El comandante Guevara iluminó a todos con su alto sentido del honor, el trabajo y la solidaridad.

Aunque separados en el tiempo, mucho en común tienen estos dos héroes. Nadie los igualó en honradez y altruismo, tanto así que sus obras trascendieron más allá de sus muertes y hoy son recordados con respeto y admiración por el pueblo al que dedicaron sus vidas.