Dignificando la riqueza

La historia del tabaco en Cuba es larga y prometedora. Cada día se repiensa mejor el sector; hoy se trabaja en la dignificación tabacalera en Mantua.

Montezuelo te saluda cuando arribas al terruño y Malcasado te despide al acercarte a Arroyos, muy distantes, pero con un denominador común: tienen despalillos de tabaco y se levanta la riqueza.

Pilón de tabaco procesado en el taller de Montezuelo
Pilón de tabaco procesado en el taller de Montezuelo.

Maikel Martínez Monsalve se desenvuelve rápido con los números y estoy convencido que con esa habilidad también funciona su entidad. Es el director de la UEB Montezuelo V-D-3 y cuando dice que tiene en sus filas 100 operarios, pues imagínense tremendo taller.

En esa industria predomina un 63 por ciento de mujeres y en la contienda anterior procesaron 63 toneladas de tabaco, como si hubiera sido un dígito por cada una.

Este colectivo no siempre fue así. Era solo una brigada tabacalera con 67 empleados y a partir de que se convirtieron en Unidad Empresarial de Base otro gallo ha cantado.

Una demostración es que, aunque las ventas quedaron al 93,5 por ciento en físico, en valores llegaron al 108 por ciento y en utilidades, de un plan de 300 000 pesos el real alcanzó 485 000 para el 160 por ciento.

Lógicamente, tanto entusiasmo responde a la dignificación, un proceso iniciado por Tabacuba en Pinar del Río que convierte sus talleres en jardín y si usted se asoma a su comedor, lo que ve es un restaurante. Las taquillas cómodas y seguras y los baños son como de hotel.

Por eso esa gran estiba de tabaco en cada banco tiene un operario inspirado y presto a procesarlo.

LAS MUJERES DE MALCASADO

Con nombre cómico y pintoresco encontramos Malcasado, un sitio en la carretera hasta Arroyos de Mantua, donde en una gran casa hasta los jardines huelen a tabaco.

Mileydis Montano Moreno y Yadiana Corvea Ramos, administrativas, fueron rápidas para introducirnos en su mundo: el taller forma parte de los 11 existentes en el municipio; este, el V-9-2, tiene 65 trabajadores y de ellos 46 en banquetas, esos son los que despalillan y seleccionan las hojas, trabajo que también hacen hombres, pero la mayoría son mujeres.

El resto de la fuerza se dedica a enterciar, mojar y otros requerimientos que se hacen en las gavillas (forma en que se atan las hojas) en las escogidas.

En su anterior cosecha acopiaron y procesaron 105,8 toneladas que les llegaron de las cooperativas Antonio Guiteras, Camilo Cienfuegos y Abel Santamaría, y este año van por más.

Como parte de la dignificación dicen que hicieron un nuevo comedor de «cinco estrellas», en el anterior el humo les sacaba los ojos; las condiciones de trabajo y de vida ahora son admirables, aunque siempre hay un pero, que no depende de ellas.

El personal más joven cumple las normas, aunque por naturaleza no cuentan con la misma habilidad y destreza de los experimentados, eso significa que no alcanzan el mismo salario que los otros.

La edad, además de experiencia, es garantía para educar al relevo
La edad, además de experiencia, es garantía para educar al relevo.

Si bien, no es una crítica, es solo un comentario y prueba fehaciente de que el nuevo cuando ingresa tiene que estudiar rápido –allí lo capacitan– y agilizar los dedos, porque la experiencia viene atrás, y eso lleva amar el puesto de trabajo y darles tiempo a los años.

Eso también es parte de la dignificación: amor a lo cotidiano, cuidar lo que se posee; aprendizaje, eficacia y eficiencia, porque la industria tabacalera nació digna desde el campo hasta los talleres y debe continuar así.

Y fíjense si es vieja, que hasta las trampas son antiguas. Seguro se han fijado cuántos sellos pintorescos y llamativos hay en una caja de puros, pero no es solo por belleza, sino que la falsificación del habano comenzó temprano. Eso hizo que los empresarios agrupados en la Unión de Fabricantes de Tabaco de La Habana obtuvieran por Real Orden de 27 de marzo de 1889 el derecho de garantizar la procedencia de sus producciones mediante una precinta, cuyo uso se reservaba en exclusiva a los dueños de fábricas.

Esa precinta fue sustituida el 16 de julio de 1912 por un sello de garantía del Gobierno de Cuba, creado por una ley impulsada por el parlamentario Luis Valdés Carrero, que había llegado a la Cámara de Representantes desde las filas de los tabaqueros.

La industria tabacalera cubana se reorganizó a partir de 1827, una vez instituida en la Isla la libertad de comercio y luego de reducirse los impuestos internos que gravaban al producto.

Les cuento esto al final, porque la historia del tabaco es larga desde Mantua a Vueltarriba.