Una niña llegó a mi puerta
Hay una niña en mi puerta. No vino a pedir limosnas, ni un bocado de comida, vino con la brisa, vino con una rosa. A ella le gustan las rosas y por eso las regala.
- Escrito por Ana María Sabat González
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Hay una niña en mi puerta. No vino a pedir limosnas, ni un bocado de comida, vino con la brisa, vino con una rosa. A ella le gustan las rosas y por eso las regala.
De todos los derechos que existen, sobresale uno que es considerado la garantía de apoyo que tiene el hombre y de manera particular la mujer, el derecho humano de vivir en un ambiente de respeto, igualdad, tolerancia, sin importar la raza; edad; posición económica o religión, son estos derechos innatos que le pertenecen a todos.
Los niños nacen para ser felices. De esa frase martiana me acuerdo cada vez que paso por el círculo infantil Amiguitos de la Ciencia, cercano a mi hogar y veo a los pequeños en sus juegos de roles, o con otra actividad más activa, casi siempre en grupos, aunque cada uno con su individualidad.
Hoy me levanté como de costumbre, en una isla del Caribe, en un país como ningún otro, en una patria Socialista. Un lugar donde la seguridad está garantizada para todos, y donde prima la vigilancia colectiva sobre los bienes adquiridos.
Dicen que la repetición de una mentira puede lograr el efecto de convertir una falsedad en un hecho verídico, debe ser esa la razón por la que a la mujer se le considera frágil, alguien confundió la delicadeza con predisposición a la quebradura y lo repitió una y otra vez hasta que todo un planeta lo dio como cierto, incluidas las propias féminas, que desconocen con frecuencia, la magnitud de su fuerza y aceptan este sexo como un signo de debilidad.
