Actualizado 18 / 06 / 2018

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¿Conformes o resignados?

Equipo cubano de béisbol

Y como Lázaro Blanco nunca fue el arma secreta que creíamos, el mesías que nos habían prometido, el elegido para tirar de las riendas del oxidado carromato del béisbol cubano, nuestro equipo regresa a suelo nacional con el sabor amargo de: se pudo ganar pero no se descifró el cómo.

El equipo más discreto que haya presentado nuestro país en clásicos mundiales, jugó sin la aparente presión de otras ocasiones, pero con las mismas carencias que nos han relegado de los puestos cimeros del deporte de las bolas y los strikes a nivel mundial. El último choque ante Holanda fue la mejor prueba del nivel real del pasatiempo nacional, que sin las figuras que militan en la gran carpa, mucho tardará en revivir las glorias de antaño. En lugar de sentarnos a revisar jugadas puntuales o satanizar a las que pudieran haber causado las derrotas, es necesario analizar con profundidad los aspectos de juego que las desencadenaron. En seis partidos, nuestros lanzadores regalaron una treintena de boletos, cometieron varios wilds pitchs, descuidaron a los corredores en base y salvo contadas excepciones pudieron mostrarse dominantes sobre la lomita. Las rotaciones de picheo utilizadas tampoco fueron las más felices, pues tanto el zurdo Yoanni Yera como el cerrador José Ángel García fueron bateados fácilmente en sus primera salidas, y aun así, los colocaron nuevamente en momentos claves. A mi modo de ver, la conservadora estrategia de preservar lanzadores para abrir los juegos cruciales tampoco fue efectiva, ya que en la práctica se vio que estos no se mostraron atinados cuando les tocó asumir esa responsabilidad. A pesar de llevar 12 serpentineros, algunos como Yosvani Torres, Raidel Martínez o Alaín Sánchez apenas completaron una entrada lanzada durante toda la competencia. Un aspecto reprochable en la gestión del mánager Carlos Martí, fue la de mantener una alineación de bateo inamovible durante casi todo el torneo, a pesar de que desde el primer momento se pudo apreciar que hombres como Frederich Cepeda y Carlos Benítez no andaban nada bien madero en mano. Los errores tácticos a la hora de tocar la bola, robar base o tirar a las almohadillas fueron también aspectos que influyeron en la eliminación del equipo cubano. Aunque conocemos el techo actual de nuestro béisbol, considero que sentirnos satisfechos por haber cumplido el objetivo de pasar la primera fase, es cuanto menos, vergonzoso. En Japón nos enfrentamos a un béisbol disciplinado, pero que es practicado por hombres que también usan guantes, bates y pelotas de igual factura a la nuestra pero a los que en alguna medida hemos sobredimensionado en el imaginario pensar. Para el béisbol de la Mayor de las Antillas la octava posición alcanzada en el IV Clásico Mundial, constituye la actuación más discreta en esas lides, pues luego de culminar segundos en 2006 había anclado quintos en 2009 y sextos en la edición de 2013. Por lo pronto, habrá que esperar al V Clásico para volver a enfrentar lo que más vale y brilla del béisbol mundial, ya que ni siquiera los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 contarán con las estrellas de las Ligas Mayores, según se ha anunciado. Ojalá, para esa fecha, el bloqueo con sus prohibiciones, las trabas burocráticas y las mentalidades que todavía impiden a los que juegan en la MLB hayan sido eliminadas, y nuestros peloteros, los que juegan aquí o allá, puedan defender de manera unificada la camiseta de las cuatro letras.

Sobre el Autor

Victor Manuel Blanco González

Victor Manuel Blanco González

Licenciado en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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