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“Para ser entrenador hay que amar el deporte”

Faustino «Tino» Hernández Capote.

Faustino «Tino» Hernández Capote. / Foto: Januar Valdés Barrios.

Faustino «Tino» Hernández Capote tiene 69 años cumplidos y todos los días se levanta a las cinco de la mañana y corre durante 20 minutos, además de realizar otros ejercicios para mantener una buena condición física, algo indispensable, según él, para la salud.

Natural del reparto Celso Maragoto (antiguo Vélez), Tino es parte de la historia del atletismo cubano: profesor por tres décadas del equipo nacional, especialista en las vallas largas y los 800 metros, reúne una vitrina envidiable, dos títulos mundiales y una mayor cantidad de preseas panamericanas y en torneos de Centroamérica y el Caribe.

Por si fuera poco fue elegido el mejor entrenador de Cuba en dos ocasiones, en 1999 y 2006. Quizás nunca imaginó que esto sucedería cuando empezó en la Eide como profesor y viajaba por los municipios en busca de talentos.

En la actualidad decidió acogerse a la jubilación, tras 40 abriles dedicados a la formación de atletas y con bellos recuerdos como aquella lluviosa noche del 2005, cuando la Calatayud ganó el oro en los 800 metros en el Mundial de Helsinki, Finlandia.

Viste a la moda, es locuaz y su memoria tiene una impresionante capacidad para acordarse de fechas, datos, sucesos. «También corté caña, como parte de la brigada del ‘Fajardo’ y mi primer encuentro con Fidel fue gracias a esa tarea. Estuve en cinco zafras azucareras», dijo orgulloso del hecho.

¿Sus inicios en el deporte fueron como atleta?

«Sí, comencé en el baloncesto y en aquella época me gustaba el béisbol. Empecé en el atletismo después de mi etapa escolar y llegué a correr los 100 metros en 10.5 segundos, pero esa marca en los tiempos de Pablo Montes y Hermes Ramírez no significaba nada y entonces decidí no dedicarme al deporte como practicante, sino al estudio del deporte. Siempre he pensado que los mejores entrenadores no han sido los grandes atletas, hay casos de estos también, pero no es la regla».

¿Entonces cuándo es que toma la profesión de entrenador?

«Estudié de 1966 a 1970, técnico medio en Cultura Física en el Fajardo de la capital y regresé para Pinar del Río a trabajar en la Eide. En 1973 comencé la licenciatura, fui de los cuatro primeros graduados en la provincia.

«Desde 1971 ya trabajaba en la Eide, pero qué pasó, los cuatro atletas que me dieron en ese centro no me gustaron, porque, entre otros aspectos, no los seleccioné personalmente.

De la Eide me trasladé a la Escuela Formadora de Maestros, en Sandino y en esa institución realicé una selección de atletas con los que participé en los Juegos Provinciales y le gané ese año a la Eide, luego me incorporé a ese instituto de alto rendimiento hasta 1989».

¿Por qué logró tan buenos resultados en sus años como entrenador en nuestra provincia?

«Aquello se daba muy bonito, los Juegos Escolares tenían una calidad increíble. Siempre quise estar entre los mejores entrenadores, había una emulación sana en Pinar y en el país en general. Después de cada competencia se discutía el nivel de los instructores, la provincia tenía un conjunto de entrenadores como Bartolo Calzada y Ricardo Guadarrama, que juntos estuvimos como destacados en esa etapa romántica del deporte.

«Por otra parte, nos íbamos en guagua por los municipios, fundamentalmente viajábamos a Bahía Honda y realizábamos captaciones para la Eide, en otras palabras, traíamos a esos muchachos para Pinar y siempre eran excelentes las selecciones hechas en los distintos territorios vuelta-bajeros, había que buscar el talento y trabajar mucho, incluso visité carpinterías para que me hicieran juegos de vallas y poder entrenar a los pupilos.

«De las seis a las nueve de la mañana entrenaba a mis alumnos de la Eide y después atendía el Vicedecanato de Investigación de la Facultad de Cultura Física, también era profesor y colaboraba con la comisión provincial de atletismo, y mis resultados se iban incrementando cada temporada. Te diré que me distinguieron como Vanguardia Nacional en varias ocasiones y en 1985 me otorgaron un auto por estímulo».

De ahí es que lo seleccionan para trabajar directamente con atletas de la Espa Nacional.

«La decisión de que fuera a ese centro nacional se dio gracias a que era uno de los entrenadores que más alumnos aportaba a la Espa en ese momento, creo que eran siete u ocho atletas. Me convencieron de que me fuera en el ´90 para el equipo nacional, con Alexis Sánchez, Daimí Pernía y Mayelín Lemus, entre otros.

«Por la presencia de Santiago Antúnez tuve que moverme a las vallas largas. Ya él era una autoridad, tenía aval para seguir con los 100 y 110 metros; mientras que se decidió que yo pasara a los 400 con vallas y atendiera los relevos largos y los 800, y ahí están los resultados, sobre todo en el continente».

Sin embargo, a pesar de sus méritos como entrenador, no ha tenido alumnos medallistas en Juegos Olímpicos.

«Ha sido la gran interrogante de mi carrera como entrenador. En vísperas para Sídney ´00 no había discusión de que Daimí Pernía alcanzaría una presea olímpica, porque el referente era su medalla en el mundial de Sevilla ´99. Entonces, una semana antes de la competencia, en un entrenamiento muy intenso se lesionó y automáticamente se realizó un tratamiento intensivo, no obstante saliendo de la lesión obtuvo el cuarto puesto en la final.

«Otro trago amargo fue el 4x400 femenino de Atlanta ´96, con tres mujeres de 50 segundos y una de 49, y la tercera atleta se cayó y al final quedó quinto. Zulia Calatayud había ganado el primer mundial del ciclo con vistas a Beijing, ganó la Copa del Mundo y en 2008 ya no era la misma, además el asma había dejado huellas en su físico, este fue otro hecho que impidió un metal estival en mi trayectoria».

Luego de Beijing 2008 ocurre un descenso en sus resultados en la arena internacional.

«Creo que se da un fenómeno muy doloroso para el atletismo cubano y me refiero al éxodo de corredoras. Ha sido una constante en los últimos años: los atletas se van por distintas razones y representan a España o Italia. Yo he tenido alumnas que ganaron campeonatos europeos.

«En ese sentido, te diré que el entrenador influye de cierta forma en la preparación política de un atleta, pero su familia también lo hace y cada cual escoge el destino que desea, aunque afecte al país».

Y un buen entrenador ¿cómo usted lo define?

«El entrenador tiene que trabajar muchas horas, ser un educador por excelencia y superarse cada día. Claro, un requisito imprescindible es poseer buenas condiciones de trabajo, pero es necesario primero amar el deporte, amar el atletismo. Por ejemplo, tuve que llevarme a mis alumnos para mi casa a comer en varias oportunidades, porque después de un entrena-miento riguroso era necesario el alimento adecuado, eso fue en los tiempos míos en la Eide».

Sobre el Autor

Luis Alberto Blanco Pila

Luis Alberto Blanco Pila

Periodista deportivo del Periódico Guerrillero

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