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Juan Carlos Cortada: un «Hércules» en bronce

Juan Carlos Cortada: un «Hércules» en bronce

Juan Carlos Cortada es un hombre particularmente fuerte y de esto me percato al estrecharle la mano diestra, la suya de un tamaño poco común, e incluso, diría que excesivamente grande, lo que unido a sus seis pies y cuatro pulgadas de estatura y más de 120 kilogramos de peso, lo hacen poseedor de un físico envidiable para cualquier atleta, aunque ya está próximo a cumplir 55 años de vida y hace tiempo que pasó al retiro.

Locuaz y de una memoria a prueba de almanaque, me habla de sus primeros pasos en el deporte, allá en su natal La Palma y se remonta con exactitud, casi 40 abriles atrás, a detalles, nombres y fe-chas. Se refiere, con mucha admiración, a su entrenador de remos, el desaparecido Gabriel García Mesa, otro famoso porque, igual que su pupilo y entrevistado en esta ocasión, triunfó en dos deportes.

Cortada es un caso sui generis: aquejado de una discapacidad visual que lo obligó a competir en el deporte no convencional, se hizo de una presea paralímpica en el judo, durante Beijing 2008, cuando ya sobrepasaba los 40.

¿Tus inicios fueron como remero?

«Aunque pasé a la Espa Provincial como remero, en La Palma me inicié en el judo; pero me captaron en remo, algo que ocurrió por embullo de unos amigos, buscando siempre la alternativa de que una vez que perteneciera a ese centro de alto rendimiento pudiera cambiar de deporte, porque verdaderamente a mí lo que siempre me gustó fue ese arte marcial.

«En mi primer curso como juvenil en remo obtuve cuatro medallas en eventos nacionales de esa categoría y fue en varias modalidades de dicho deporte, por lo que me intentaron subir a la selección nacional, pero Gabriel García Mesa se opuso pues, efectivamente, no estaba preparado para el rigor de los entrenamientos en el equipo nacional.

«Luego, en 1983, durante mi segundo año juvenil, me hice de un puesto en la tripulación del cuatro sin timonel que representó a Cuba en el Campeonato Mundial Juvenil de ese año. Recuerdo que las pruebas para designar a los atletas fueron en Cienfuegos, en la pista conocida como Revienta Cordeles.

«Una vez culminado el mundial quedé precaptado, por fin, para el equipo nacional y al llegar me percaté de lo riguroso del trabajo de un remero del Cuba. En el primer mes era entrenar y dormir, hasta que me fui adaptando a las cargas: mil repeticiones en un ejercicio con pesas, correr 10 kilómetros por la arena y remar seguido 20 o 25 kilómetros, creo que esa etapa me forjó el físico para mi posterior incursión en el judo. Eso sí, el remo te da mucha prepa-ración física y fuerza interna».

¿Por qué abandonaste el equipo nacional de remo?

«En 1986 dejé las filas del conjunto nacional de remos debido a un incidente injusto del que fui víctima. Oficialmente, me bajaron para la provincia por indisciplina, la causa fue que un entrenador tuvo una discusión conmigo y me aseguró que me iba a sancionar.

«Una semana después de regresar a Pinar fui a la competencia nacional y obtuve la medalla de oro en el doble con timonel. Mi compañero no tenía experiencia en el equipo nacional y logramos esa presea, tras sortear varios escollos, entre ellos que se partiera el remo a la distancia de 100 metros y me dijeron luego de ese torneo que me llamarían para el equipo, pero nunca más ocurrió eso, y me cansé de esperar hasta que opté por abandonar este deporte».

¿Cuándo comenzaste tu carrera como judoca?

«En el mismo 1986 me interpela un entrenador de judo en La Palma y me dijo que me incorporara a la práctica para completar el equipo al provincial, porque resultó que alguien le contó que yo estuve en ese deporte, pero ya hacía años que no tocaba un judogui.
«No obstante, decidí volver y cogí el segundo lugar en el torneo en la división abierta, perdí en la final frente a un atleta que había obtenido con anterioridad bronce en las Espartaquiadas de los ejércitos amigos, y a partir de ese momento comencé en la Academia Provincial.

«Como a los seis meses, bajé a la división de los 95 kilogramos y gané varias medallas de bronce y plata en competencias de primera categoría, con miembros del equipo nacional. Siempre tuve combates difíciles con Carvajal, un zurdo de Artemisa, y con Braison, el padre; así estuve alrededor de una década en el judo convencional».

¿En qué momento pasas a la categoría de judoca b-2?

«Mi discapacidad visual es congénita, lo que durante mucho tiempo no acepté usar espejuelos, entre otras cosas porque era muy joven y confieso que me acomplejaba, me sentía raro; pero llegó el momento en que no pude continuar sin la ayuda de estos aparatos, iba perdiendo mi visión.

«Así, en 1999 se enteraron los compañeros de la Asociación Nacional de Ciegos y Débiles Visuales (Anci) de mis graves problemas de visión. El entrenador de judo de esa institución se me acercó, y conociendo de mi trayectoria, me comentó que en 1998 se había hecho un evento nacional para discapacitados en el judo, precisamente aquí en Pinar del Río. Me dijo de las prioridades que tendría en el futuro el movimiento de atletas discapacitados, pero entonces me resistí a seguir en el deporte; luego me retracté de esa decisión y me hicieron las pruebas médicas pertinentes y me diagnosticaron B-2 profundo; entonces es que comencé en este tipo de lides, primero a nivel nacional, hasta convertirme en el 2001 en la primera figura del peso».

¿Cuál fue tu primer evento internacional como judoca B-2?

«En el 2001, en Brasil, eso fue en la Copa del Mundo, en los 100 kilogramos, división en la que siempre competí como discapacitado, allí gané todos mis combates por ippón. Me ayudó mucho la calidad que tenía el judo en Pinar del Río: combatir aquí era como estar en el Cerro Pelado, había calidad en todos los pesos y muchos de mis compañeros fueron plantilla del equipo nacional, por esta razón me sentí por encima del nivel de los rivales cuando comencé a competir como discapacitado».

En esta etapa ocurrió la lesión que te dejó fuera de Atenas 2004.

«Por mis resultados internacionales clasifiqué para esa cita estival, pero en un tope de preparación aparece la lesión, concretamente un desgarramiento en el músculo aductor de la pierna izquierda. Entonces, se realizaron cinco topes más y participé en ellos con esa dolencia, y los gané. Todo estaba listo para mi debut olímpico, pero el médico del equipo no estuvo de acuerdo con mi participación en esos juegos».

¿Por qué se incrementaron tus resultados en el ciclo olímpico siguiente, 2005-2008?

«Sí aumentaron mis logros. Por ejemplo, en los mundiales del 2007 obtuve oro por equipo y plata individual, y el segundo escaño en el Parapanamericano, en ese último evento perdí con el brasileño. Estaba muy bien técnicamente y en la cuestión física me sentía en excelente estado. Te contaré que reclamo por vías legales y con ayuda de Alberto Juantorena, la presea de oro de ese evento del orbe del 2007, que curiosamente se desarrolló en Río de Janeiro, porque en Beijing ´08, este atleta iraní que me venció en el 2007, fue des-calificado porque las pruebas médicas dictaminaron que no tiene discapacidad visual de ningún tipo».

Luego le siguió tu incursión en Beijing ´08, tu consagración.

«Me siento contento con ese bronce, pero no satisfecho, pude mejorar ese color, no estuvo el factor suerte a mi favor. Luego de ganar mis dos primeros combates, al ruso le di ippón y al francés también, dos de los más fuertes rivales y candidatos al título.

«Después me tocó el azerí, que no era el mejor del peso, sin embargo, sí fue el más cauteloso de los competidores. Desde que se inició el combate con él me huyó todo el tiempo en el tatami, no lo sancionaron en ningún momento y por esta razón me arriesgo a intentar una proyección y no la concreté, seguidamente se produce un contrataque suyo y me cantan el ippón en contra. La historia pudo haber sido distinta, llegué en muy buenas condiciones a esa lid».

¿El retiro del deporte activo cuándo se produce?

«Pasada la edición de Londres 2012, cuando quedé en el puesto 10 de la clasificación final, decidí dejar el judo, porque ya mi edad estaba muy avanzada: eran 47 años y estoy seguro que iba a ir mermando mi rendimiento. Además, para hacer el peso era muy difícil y hasta podía traerme problemas de salud, súmale a eso que los rivales eran 10, 15 años menores que yo».

¿En qué laboras en la actualidad?

«Después del judo, tuve una pequeña incursión en el atletismo, en pruebas de campo: practiqué la bala y el disco hasta que cerré ese capítulo. Llevo tres cursos como entrenador de judo, trabajando con los atletas paralímpicos, con sordos y débiles visuales, cuento con alumnos campeones nacionales y otros que han ocupado puestos en podios, precisamente acaban de promover a uno de los muchachos que trabajan conmigo».

¿Ves al judo como algo más que un deporte?

«El judo te da marcialidad, aprendes a respetar a las personas que te rodean. Incluso, te puedo afirmar que hasta complementa la educación del practicante. En mi caso fue así: aparte de la esmerada crianza de mi familia, gracias al judo forjé mi carácter y mi disciplina».

Sobre el Autor

Luis Alberto Blanco Pila

Luis Alberto Blanco Pila

Periodista deportivo del Periódico Guerrillero

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