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Un rey sin corona

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Juan Hernández Sierra, cuatro veces campeón mundial y doble subcampeón olímpico, fue uno de los púgiles más estables del boxeo cubano.

En el deporte hay momentos que pueden inmortalizarte o condenarte al olvido. También los hay en que el mejor no triunfa. Juan Hernández Sierra es un caso singular: en dos ocasiones discutió el título olímpico, en ambas perdió.

Michael Carruth, boxeador irlandés, lo superó en los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992. El campeón alegó después de la final que de enfrentarse otras 99 veces, Sierra saldría vencedor en todas.

En Atlanta, 1996, otra vez debió conformarse con la plata. Oleg Saitov le ganó la pelea por el oro. Saitov, excelente púgil ruso, corrió con distinta suerte al vencer en Sídney, 2000 y convertirse en bicampeón olímpico.

Sierra proviene de Guane, en Pinar del Río. Ostenta cuatro oros mundiales de la Asociación Internacional de Boxeo Aficionado (AIBA) y dos títulos panamericanos. Dominó en toda su carrera a famosos púgiles cubanos y extranjeros como Ariel Hernández, el alemán Andreas Otto y a los rusos Saitov y Andrei Gogolev. Acumuló 360 victorias y 36 derrotas en su paso por el ring.

“Ya estoy preparado para esta pelea”, me dice y comienza la entrevista.

¿Cómo llegó usted al boxeo?

“En nuestra familia hay una tradición de futbolistas. No obstante, en aquel entonces mi primo, José Luis Hernández, estaba en los planos cimeros del boxeo a nivel nacional. Al mirarlo en el televisor quería ser como él y comencé la práctica de este deporte. En el año 1982 no hice equipo para el provincial de fútbol. Por el físico y algo de talento voy a la competencia de boxeo, a los escolares. Allí gané una pelea y perdí otra, pero el otrora comisionado de Pinar del Río, Juan Fernández, me captó por la estatura y algunas habilidades para la Escuela de Iniciación Deportiva (Eide)”.

¿Participó en 1987 en el Mundial Juvenil de La Habana?

“Sí, ahí discutí el título con Kostya Tszyu, un ruso a quien vencí y que con el paso del tiempo fue campeón mundial profesional. Esto me avaló para entrar en las filas del equipo nacional de mayores, y desarrollar mi talento”.

¿En qué peso entra a la selección nacional de mayores?

“Terminado el mundial juvenil, el colectivo técnico decidió subirme a los 67 kilogramos, no pasé por 63.5. Pero después hice falta en esta última división y me bajaron; así participé en el tope con los estadounidenses en el '87 en Villa Clara. En 1988 fui a Atlantic City, sede del tope Cuba contra Estados Unidos. Esas fueron mis primeras experiencias importantes en el equipo nacional de mayores y las dos las gané. En Cuba vencí a Nick Kakouris y en Estados Unidos, a Charles Murray”.

¿A qué púgil admiraba en ese tiempo?

“Candelario Duvergel, de 63.5 kilogramos. Me enseñó muchas cosas cuando entré a la Finca. Creo que discutí una semifinal con él en un ´Playa Girón´”.

¿Cuándo llegó el primer título nacional?

“El primero, de los nueve que gané en mi carrera, llegó en 1990, en 67 kilogramos”.

¿Y el primer oro mundial fue en Sídney, en 1991?

“Sí y fue una gran experiencia. El equipo hizo una excelente preparación en la India y luego viajamos a Sídney. En ese mundial efectué cinco peleas y todas con rivales de calidad. La última, por el primer puesto, fue contra el alemán Andreas Otto. En ese momento viví mi mayor logro deportivo. En los Panamericanos del mismo año, en La Habana, me sentí muy bien. Fue una grata emoción el ganar en mi país”.

Usted llegó con el cartel de favorito a las olimpiadas de Barcelona, en 1992. Según los especialistas, era el hombre a derrotar en los 67 kilogramos, mas no obtuvo el oro, cayó ante un atleta prácticamente desconocido en la final...

“Michael Carruth, el irlandés, me ganó. Resulta inexplicable porque yo estaba en buenas condiciones, sin embargo, me enredé en la pelea final. Aunque sinceramente, no creo haber perdido aquel combate, pero no me alzaron la mano. Ya había derrotado a rivales más fuertes en esos juegos. Mientras esté vivo, esa espinita la voy a tener clavada, el único título que no tengo”.

¿Cómo vivió el periodo 1993-1996?

“Gané en el mundial de Tampere (Finlandia) '93 y Berlín '95. En la capital alemana derroté a Oleg Saitov en el último combate. Me fui sin medallas en los Panamericanos de Mar del Plata en 1995, cuando me descalificaron en la pelea con Hércules Kyvelos, el representante de Canadá, porque dependía mucho de mi gancho izquierdo y ese día se me quedó bajo”.

Llegó a los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 con la etiqueta de ser tres veces campeón mundial y nuevamente no venció en la final, esta vez ante Oleg Saitov...

“Ahí traté de llevar el ritmo, pero los estilos de Saitov y el mío no encajaban. Muchos golpes no me marcaron, y estaba para cualquiera de los dos y los jueces se decidieron por él. Lo volví a enfrentar en el Mundial de Budapest, Hungría, en 1997 y perdí de nuevo. Ganó por un punto. Esa fue otra pelea contradictoria, pero bueno, no me alzaron la mano y me quedé con el bronce en ese mundial”.

Después en Houston, en 1999, han comentado los expertos que prácticamente hubo una conspiración contra el equipo cubano, ¿cómo Alcides Sagarra y la dirección del equipo trazó la estrategia para la pelea final contra Timour Gaidalov?

“Ese día Sagarra habló conmigo, pues siempre me ha gustado estar entre los golpes, intercambiando. Así realicé un plan táctico bastante limpio y fui desfavorecido por los jueces. Realmente, el título me lo otorgan a las cuatro de la madrugada de esa jornada, pero ya la delegación cubana se había retirado. La Comisión Internacional se reunió y revocó la decisión. Nunca recibí la medalla”.

¿Cuándo ocurre el cambio de peso hacia 71 kilogramos?, división en la cual compite en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000.

“Un par de días antes de salir me ascendieron a los 71 kilogramos. Yo estaba preparado para obtener un buen resultado en esa Olimpiada, pero el cambio lo debía haber hecho antes para adaptarme mejor. En Sídney triunfé en los dos primeros combates y salí derrotado en la discusión por el bronce contra el kazajo Ermacham Ibrahimov, a quien le había ganado hacía dos años en la Copa del Mundo, con sede en Chongqing, China, en 1998”.

¿Ya con participación en tres juegos olímpicos se decide por el retiro del deporte activo?

“En el mismo momento en que caí en Sídney, tenía 32 años y a Atenas no llegaba, porque la edad límite era de 34 para los boxeadores amateur y había que darle paso a las nuevas generaciones”.

¿Después del retiro, a qué se dedicó?

“Empecé de inmediato a trabajar como metodólogo en la Comisión Nacional. Ya existían planes para que ocupara un cargo en la Federación Cubana de Boxeo. En el 2008 fui a cumplir misión a México, donde estuve cuatro años como jefe de entrenadores de la selección de Baja California”.

¿Es la escuela cubana distinta a las del resto del mundo?

“El mejor boxeador del mundo proviene de Cuba, por su estilo, su ligereza, limpieza. El boxeo cubano luce como una danza, muy distinto al europeo, por ejemplo”.

¿Quién es, a su juicio, el mejor boxeador cubano de todos los tiempos?

“El desaparecido Teófilo Stevenson es el más grande boxeador de la etapa revolucionaria. Por su talento y trayectoria, lo admiré desde chiquito”.

¿Y el rival más difícil que enfrentó en su carrera deportiva?

“Para mí fue Oleg Saitov, por las características de su boxeo y por los momentos en que tuve que enfrentarlo”.

¿Cuál es, para usted, el futuro del boxeo cubano?

“Cuba constituye una cantera de campeones y más de boxeadores, independientemente del trabajo que se hace en el equipo nacional. Desde la base el boxeo cubano está garantizado, eso es gracias a la labor de los primeros entrenadores, los que descubren a los talentos y los promueven”.

Sobre el Autor

Luis Alberto Blanco Pila

Luis Alberto Blanco Pila

Periodista deportivo del Periódico Guerrillero

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