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El día que Mariano Rivera salvó a Cuba

El día que Mariano Rivera salvó a Cuba

Foto: Roberto Morejón.

Vestía un jean azul y la camisa de mangas largas estaba remangada como para que nadie olvidara sus manos, esas que salvaron 652 partidos en Grandes Ligas y se pusieron cinco anillos de oro como campeón de las Series Mundiales. Sin embargo, lo que nadie imaginó, en medio de la concurrida conferencia de prensa, es que Mariano Rivera, el cerrador más exitoso del béisbol mundial, salvaría a Cuba con más de una alusión y un recuerdo feliz.

El panameño parecía animado a responder todos los lanzamientos periodísticos antes de tirar la primera bola en la inauguración de la 61 Serie del Caribe. Todos. Vinieran en recta o en cambios. Desde por qué no vistió el uniforme de Panamá para eventos internacionales de primer nivel, el regocijo de haber sido el primero en entrar al Salón de la Fama de Cooperstown con votación perfecta (425) hasta el recuerdo de su natal Puerto Caimito.

Y la oportunidad entonces se pintó sola para preguntarle también por Cuba y un entrenador que trabajó con él en sus inicios, cuando era joven y soñaba con llegar un día a jugar al béisbol estadounidense, donde usó el mítico número 42 de Jackie Robinson, y se consagró para la eternidad como el cerrador más efectivo y mágico, no solo de los Yanquis de Nueva York, sino de toda la historia de la Gran Carpa.

Me miró fijamente como si buscara ese momento entre tantos vividos, hasta que soltó primero una risa y luego “salvó a Cuba”. “Sí, trabajé con muchos compañeros y maestros de la pelota cubana. A José Manuel Cortina lo recuerdo bien porque aprendí cosas con él. Me impacta y me encanta como viven el béisbol, cómo lo sienten y cómo lo respiran los cubanos. También tuve un compañero de equipo muy grande, Orlando Duke Hernández, del que aprendí que nunca uno se debe dar por vencido”.

Volvió a sonreír satisfecho y un sano orgullo nos recorrió quizás a todos los periodistas cubanos acreditados para esta Serie del Caribe, pues en medio de tanta fama, logros y virtudes indiscutibles, Mariano Rivera –el segundo panameño más grande en la historia de las bolas y los strikes, detrás de Rod Corew–, tuvo una influencia en su carrera de un profesor cubano, pinareño, talentoso y modesto, a quien le hubiera gustado mucho abrazarlo y darle las gracias por no olvidar su nombre.

Las interrogantes siguieron por 57 minutos. La génesis de la recta cortada que tiraba, los planes futuros en función del béisbol panameño, la próxima exaltación el 21 de julio junto a Mike Mussina, Roy Halladay y Édgar Martínez, la disciplina y el esfuerzo que hay que cumplir para lograr ser un gran pelotero, entre otros temas, fueron respondidos con la naturalidad y humildad de quien posó luego con todos los que le pedimos un recuerdo fotográfico.

Al final, la imagen más sobrecogedora quedó en unos segundos, cuando se apagaron las cámaras y las grabadoras. El panameño, mientras me permitía una instantánea, murmuró: “Saluda a Cortina de mi parte, si lo ves”.

Y así estoy cumpliéndolo con esta crónica.

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Cubadebate

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Medio de información alternativa que alerta sobre campañas de difamación contra Cuba. Publica en exclusiva las Reflexiones de Fidel, también noticias y análisis

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