Actualizado 16 / 11 / 2018

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Una leyenda viva del baloncesto cubano

Reinaldo Perdomo. / Foto: Victor Manuel Blanco

Reinaldo Perdomo. / Foto: Victor Manuel Blanco

A Reinaldo Perdomo, casi nadie en casa o en el trabajo le llama por su nombre de pila pues hace décadas sus cientos de amigos y conocidos se dirigen a él, simplemente como el “Poti”.

De hablar pausado, baja estatura y bigote que comienza a asomar alguna que otra cana, el poti es considerado una leyenda viva del baloncesto pinareño, disciplina que junto a un pequeño grupo de entrenadores ayudó a organizar allá por los lejanos años 60 del pasado siglo.

Desde ese entonces, decenas han sido las grandes luminarias que ha formado con su impronta y múltiples los títulos conseguidos en todas las categorías.

Justo al lado de la duela a la que ha dedicado gran parte de su vida y casi sin quitar los ojos sobre las chicas que a unos metros de nosotros entrenan, me habla con orgullo de como inició en él la pasión por el básquet, de los azahares de aquella primera etapa organizativa, de las metas cumplidas y los sueños aún por realizar.

“Estando en séptimo grado un amigo me invitó a ir a la Escuela Normal que era donde se practicaba básquet y se jugaban todos los torneos en aquel tiempo. Primero por seguir a los demás y ya luego por afición seguí hiendo, así poco a poco se me fue metiendo ese bichito dentro.

“Antes se jugaba por zona, yo recuerdo que formé mi propio equipo al que jocosamente llamé los “Buitres de la Alameda” y con el que todos los años teníamos una lucha campal con los “Tigres de Cavada”.

¿Cómo te conviertes en entrenador?

“En el 1963 Arístoferes Mesa, director regional del Inder en aquel momento me pidió que fuera como activista a la primera Escuela de Instrucción Revolucionaria y un tiempo después que pasara a la Escuela Normal, donde se iba a crear el primer curso de Maestros Emergentes”.

“En en el año 66 me tengo que ir al servicio militar en la Habana, al regreso es que me incorporo a trabajar en educación, ahí me uno a Félix Pollo, Enrique Enríquez, Julio Llanes y otros compañeros que habían pasado el primer curso de profesores de Educación Física”.

¿Cómo recuerda aquellos primeros pasos en la organización del baloncesto en Pinar del Río?

“En esa época comenzó el mini baloncesto con niños entre 10 y 12 años en un centro al que llamábamos la Ciudad Deportiva, que radicada donde están hoy la Universidad y el Hotel Pinar del Río. Recuerdo algunas atletas que estaban ahí como Teonila Armenteros, Rosa Arango y Flora Gato, con las que fuimos al primer Campeonato Nacional”

“En el 70 queríamos hacer un cambio, traer atletas y donde más había era en Orozco, entonces me fui voluntariamente un año para allá y traje como 9 o 10 niñas, de ahí salió el núcleo de los primeros resultados del baloncesto femenino, con esas muchachas y algunas que estaban en el mini, nos fuimos entonces a trabajar oficialmente para la EIDE”

¿Estuviste siempre vinculado al baloncesto femenino?

“Inicialmente cuando empezamos con el mini yo comencé con el masculino pero llegó Jorge Luis Barrizonte, que venía de Alemania y el no lidiaba bien con las niñas, por esa situación yo pasé a entrenar el equipo femenino”.

¿Cuándo llega el primer gran resultado del básquet femenino para la provincia?

“Fue aquí mismo en la temporada 86-87 cuando ganamos el primer Campeonato Nacional, eso fue extraordinario porque en ese momento habían seis equipos de una calidad increíble”
“Nosotros derrotamos a Matanzas que tenía un gran equipo, para mí es inolvidable ese momento porque significó mi realización como entrenador”

¿Tuviste la oportunidad de trabajar con el equipo nacional en alguna ocasión?

“Yo era muy regionalista, a mí de Pinar del Río no había quien me sacara, pero sí pude viajar por buena parte de Europa como estímulo porque era de los que más aportaba en Cuba al equipo nacional.
“En los panamericanos del 91, tuve además la oportunidad de ser junto a Julio Llanes uno de los delegados del equipo cubano y sentarme en dos ocasiones a menos de dos metros del Comandante en Jefe”.

¿Cuál cree que ha sido la época dorada del baloncesto femenino en Pinar del Río?

“Finales de la década del 70 y casi toda la del 80, ahí en ese grupo habían muchas de las atletas que más han brillado en este deporte en Cuba, comenzando por Lisset Castillo, la “ardilla”, grande no solo en Cuba sino en el mundo, otra extraordinaria jugadora Olga Lidia Vigil, las pioneras del equipo, Odalys Cala y Ana Gloria Hernández, que realmente fueron las que dieron inicio a los resultados de Cuba en eventos multidisciplinarios.

“Hubo un momento en que tuvimos seis jugadoras en el equipo nacional y 10 en un equipo B, de ahí hasta acá lo menos que hemos tenido son dos atletas en el equipo Cuba”

¿Qué tan importante ha sido este deporte en su vida?

“Gracias al baloncesto puedo sentirme satisfecho, yo tengo dos nietos pequeños y no hay diferencia entre ellos y el básquet, los disfruto tanto a ellos como a estar dentro de una cancha”.

¿Confías en esta nueva generación de jugadoras que vienen despuntando ahora?

“Hay muchas cosas que son irrepetibles y siempre las comparaciones son malas pero antes el nivel era superior, de este grupo tres o cuatro deben llegar a la cima, para eso trabajamos y sí creemos que estas chicas tienen mucho futuro”.

¿Cuál sería la mayor satisfacción personal que pudiese experimentar antes de decir adiós a las canchas?

“Ver a esa nueva generación en la cúspide, aunque no esté con ellas, verlas por la televisión o escucharlas en la radio asumiendo la responsabilidad del baloncesto pinareño”.

Considerado uno de los padres del baloncesto en la más occidental de las provincias, Reinaldo “El Poti” Perdomo, es un símbolo vivo del Movimiento Deportivo Cubano, el mismo al que no ha dudado representar en naciones como Nicaragua, México o Venezuela.

Su impronta, su carisma y el amor diario a su profesión, ha tocado a generaciones de jugadoras y entrenadoras, quienes tienen hoy palabras de agradecimiento hacia el hombre que les formó no solo en el deporte sino para la vida.

Sobre el Autor

Victor Manuel Blanco González

Victor Manuel Blanco González

Licenciado en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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