De la Red Avispa y la falacia de la libertad de expresión

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Cada realidad tiene tantos prismas como haya personas para interpretarlas, cada parte cuenta su historia, cada matiz que se agregue a la sucesión de acontecimientos relatados hace visible la decantación de principios y valores por los que se rigen quienes son artífices de estas historias. Saber coexistir con la diversidad es ser verdaderamente libres y otorgarles a otros la libertad.

En cuestiones de ideologías y política, estas “libertades” son la causa del constante enfrentamiento por contar la “verdad”, como ha sucedido recientemente con la petición de los grupos de derecha contra Cuba en Estados Unidos que, violentando aquel clamor de la democracia norteña que contempla la libertad de expresión, exigen a la compañía productora y distribuidora de televisión Netflix, la retirada del canal del largometraje La Red Avispa por “exponer una versión de los hechos que no coincide con la perspectiva de estos grupos”.

El filme, cuyo guion está basado en el libro Los últimos soldados de la Guerra Fría, de Fernando Morais, fue presentada en Cuba durante la pasada edición del Festival de Cine Latinoamericano y toma como piedra angular para el desarrollo de la trama la historia familiar de René González Scheweret, uno de los Cinco cubanos que estuvieron presos injustamente en Estados Unidos por luchar contra el terrorismo, y su esposa Olga Salanueva.

Con una exposición de historias inconclusas que dejan al espectador con el ansia de una producción que ate más cabos y profundice en la construcción de personajes que resultaron claves en la misión que realizaba la red en la prevención de acciones terroristas contra la Isla, esta producción del francés Olivier Assayas ha sido criticada menos por sus deficiencias estéticas y de guion y más por cuestiones de enfoque ideológico por aquellos que creen que “su verdad” es la única que amerita ser contada y cuyos reclamos a Netflix ponen al descubierto la falacia de la libertad de expresión y el derecho a la divergencia ideológica, así como la intolerancia.

Dudo que la distribuidora y productora de audiovisuales, estadounidense, tuviera algún interés político marcado en comprar los derechos de La Red Avispa, más que el fin netamente comercial de entretener a una audiencia más amplia y ávida de filmes de acción, aunque la película no se presente esencialmente espectacular en este sentido.

Sin embargo, el sector contrarrevolucionario más reaccionario ha emprendido campaña bajo la bandera de que son tildados de terroristas en la película, lo que hace que me cuestione, más allá de mi convicción de cubana, si los atentados a hoteles, las bombas, los muertos, el daño económico y las constantes violaciones del espacio aéreo cubano para fines de divulgación de campañas políticas contra el gobierno no han sido lo suficientemente documentados y expuestos al mundo; así como sus perpetradores principales se han adjudicado públicamente estos hechos alegando la búsqueda del “bienestar para el pueblo cubano”. Si estos no constituyen actos terroristas, no sé qué otros lo sean.

Los mismos que hablan de censura, exigen a una compañía millonaria su complacencia desde un discurso unilateral que no da cabida a la multiplicidad de enfoques con la que una misma historia puede ser contada, porque no es de arte de lo que están hablando, sino de política. Se han sentido señalados, aludidos, acusados a los ojos de quienes han consumido el largometraje y han reaccionado en consecuencia con peticiones restrictivas donde quizás su pujanza no alcanza a influenciar.

Mientras, de este lado del prisma, me he quedado con las ansias de saber más, de leer el libro, de conocer a estos hombres, héroes para nuestro pueblo; de decirles a quienes pretenden sancionar y politizar el simple acto comercial de presentar un producto con una visión diferente a la suya, que ellos mismos laceran la libertad de expresión que dicen defender, que su actitud es muestra de la intolerancia extrema a lo diverso expresada en la condena a un producto que solo pretendía contar una historia con perspectiva propia (cualquiera que el director y guionista decidiera que fuera) y entretener. Ya luego veremos si hay concesiones al respecto.