Actualizado 17 / 10 / 2017

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¿Sabías que teníamos un segundo cerebro?

Cerebro y estómago

Pues sí, no te sorprendas, y no por ello creas que no perteneces a este mundo. Eres tan humano como el resto, y de hecho todos comparten esa característica. Aunque ese segundo cerebro no es para nada similar al que se ubica en la cabeza. Este no piensa ni decide por nosotros, pero sí juega un papel fundamental.

Aunque muchos no lo crean, estudios recientes demuestran que muchos estados de irritación, emociones descontroladas, ansiedad, depresión, hiperactividad, y otras anomalías de la conducta estén más relacionadas con la salud intestinal que con desequilibrios en los neurotransmisores cerebrales.

Leíste bien, ese segundo cerebro se encuentra un poco más debajo de tu cuerpo, específicamente en el vientre.

Te ha sucedido que al recibir una buena noticia o ver a alguien que amas, un cosquilleo placentero invade la barriga, como si el estómago estuviera lleno de mariposas. O que en situaciones de miedo o aflicción el estómago se encoje y percibes una sensación desagradable en tu barriga. De la misma manera la repulsión hacia algo o alguien puede llegar a producir náuseas e incluso provocar el vómito.

Todas estas sensaciones estomacales, que en un principio se atribuyeron al sistema nervioso central, comienzan a encontrar una explicación dentro de los límites de la ciencia.

Resulta que en el sistema nervioso entérico se encuentran los mismos neurotransmisores que en el cerebro craneal y, sobre todo, que en las mucosas del sistema digestivo se produce el 95% de la serotonina y el 50% de la dopamina del cuerpo.

Aunque es mucho más simple que el cerebro, este sistema se compone de unos 200 a 600 millones de neuronas, que están en el aparato digestivo. La complejidad de la digestión es asombrosa tanto así que él determina las enzimas digestivas apropiadas para descomponer el alimento en partículas que el cuerpo pueda absorber.

Es entonces evidente la relación entre una buena salud mental y emocional y la necesidad de tener un sistema digestivo con una flora bacteriana normal. Todo ello se revertirá en beneficios para la salud.

Por lo tanto mantener un buen estado de salud dependerá en gran medida de lo que bebemos e ingerimos. Así que ya ahora que lo sabes, a cuidar bien de ese segundo cerebro.

Sobre el Autor

Dayelín Machín Martínez

Dayelín Machín Martínez

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca de Pinar del Río, Cuba

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