Los niños son una bendición
- Escrito por Dayelín Machín Martínez
Llevan la alegría a cualquier lugar y transforman en magia todo lo que tocan. Son ocurrentes, sinceros, extrovertidos y muy amorosos.
Esas tiernas criaturas acaparan la atención de todos en casa y se convierten en la razón de ser que impulsa la vida. Requieren de muchos cuidados y una gran responsabilidad, sí, pero con tan solo una mirada, una sonrisa o un te quiero devuelven con creces todas las atenciones que reciben. Hoy son ellos los protagonistas de las curiosidades, para que los conozcas un poquito mejor y descubras cuestiones interesantes que no sabías. En comparación con un adulto, el tamaño de sus ojos es un 75% menor, por lo que su visión es igual a la proporción 20/400 en los primeros meses de vida. El oído es uno de los órganos más delicados del bebé y, curiosamente, uno de los que primero completa su desarrollo antes del nacimiento. Según han constatado los expertos, giran la cabeza más hacia la derecha. Un niño tiene aproximadamente unas 10.000 papilas gustativas, muchas más que un adulto. Aquellas que son adicionales y se encuentran incluso en el tejido de la boca, tienden a desaparecer a medida que crecen. Tienen 300 huesos, mientras que los adultos 206. Con el crecimiento también se producen cambios en la estructura del esqueleto, lo que provoca su disminución. Los bebés son los únicos primates con capacidad para sonreír a tan temprana edad. Su primera sonrisa suele aparecer entre la cuarta y sexta semana de vida. A partir de ahí, sonreirá a todo el mundo a su alrededor. Pueden reconocer el olor y la voz de la madre al nacer, y después de las primeras semanas de vida reconocen las diferencias entre su madre y otros adultos. El primer nacimiento de 1978 fue muy singular, en términos geográficos, pues tuvo lugar en la Antártida. Según datos estadísticos, los bebés que nacen en el mes de mayo suelen pesar 200 gramos que los nacidos en otros meses. Al nacer, el corazón del bebé supera los 180 latidos por minutos. En cuestión de horas, se reduce a 140. En el primer año de edad, estará en los 115 latidos por minuto. En un adulto, el promedio es de 70-80 latidos por minuto.
Sobre el Autor
Dayelín Machín Martínez
Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca de Pinar del Río, Cuba