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Casa con Alma Montero

Casa Alma Moreno

Foto: Irma Rodríguez

¿Qué tendrá que ver un museo erigido en la década de 1580 en Tepotzotlán, México, con un ranchón de guano a orillas del río Guama, en el Pinar del Río de 2017?, ¿cuáles nexos podrán compartir el Altar principal de la iglesia de San Francisco Javier, en aquella majestuosa institución de tiempos coloniales, y las voces de Roxana y Yaimaris, dos muchachas preciosas de Sumidero y Santa Lucía entonando Yo soy el punto cubano, de Celina González?

Tal vez, a simple vista, no sean muchas las conexiones, pero cuando uno ahonda en las historias visibles y subterráneas, se da cuenta de que estamos hablando de las mismas pasiones, de idénticos afectos, de una cultura, multiplicada en países, credos y regiones, que nos amalgama e impulsa. Por estas elucubraciones se pierde el periodista a las 9:00 en punto de la noche del sábado 25 de febrero, “cuando en La Habana suena el cañonazo, y en Pinar suena el verso”, como afirma jocosamente Lorenzo Suárez Crespo, escritor, investigador y uno de los anfitriones del guateque semanal en la Casa de la Décima Celestino García, de la capital vueltabajera. Pero esta, siendo igual a todas las fiestas en el hogar que Juan Montano y su familia generosamente han regalado a la poesía desde hace nueve años; esta, digo, es una cita con algo distintivo. En el palacio campestre está de visita la doctora en Estudios Latinoamericanos Alma Montero Alarcón, investigadora y coordinadora de proyectos investigativos en el Museo Nacional del Virreinato, de México, y Premio José Vasconcelos del Frente de Afirmación Hispanista 2016. Riendo, tirando fotos con su celular, vibrando con la controversia de Eloy Sánchez y Adriel Ceballos o el ritmo contagioso de Adelfa Fiallo y Adriel Corrales, emocionada como las más de 100 personas que desbordan el patio, la doctora Montero solo atina a decir: “esto que ustedes están creando en Pinar del Río, que parte de las tertulias de siglos en nuestros países de Hispanoamérica y que se ha perdido en tantos lugares, es sencillamente conmovedor”. En una de las paredes de tabla expone el artista de la plástica Darién Robaina, joven discapacitado que no falta a una cumbancha sabatina. Abriéndose paso silenciosamente entre el gentío, Irma Rodríguez intenta atrapar con su lente cada gesto. La periodista española Laura Sobredo, documentalista de procesos culturales, chorrea sudor y felicidad de tanto que ha bailado con los montunos vueltabajeros. Oscar Santana lo mismo toca las tumbadoras, que hace coros, que declama con timbre rotundo. Hay abuelos, amas de casa, pepillitas de última moda y hasta algún jíbaro observador, más allá de la cerca, que mueve los pies con disimulo. ¿Por qué el tiempo se va tan rápido?, pregunta Montano pasadas las 11:00 pm. Nadie sabe. Tal vez, sospecha el periodista, porque ha sido un tiempo genuinamente feliz.

Sobre el Autor

Jesús Arencibia Lorenzo

Jesús Arencibia Lorenzo

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

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