La vocación es lo que importa
- Escrito por Dainarys Campo Montesino
Parte de las integrantes del taller reciben una clase con la maestra Mónica. / Fotos: Alfredo González Crespo.
De lunes a viernes, después de las cinco de la tarde, la sede de la Asociación Canaria en Pinar del Río se llena de flores. Margaritas, orquídeas, lirios y rosas colman un pequeño espacio de grandes sueños.
Con nombres de flores clasifican a los grupos que integran el taller de apreciación-creación Danzare a cargo de Marcia Salgueiro Regalado y Mónica Sánchez Quintana, dos profesoras de la Escuela Profesional de Arte que dedican buena parte de su tiempo libre a luchar por el futuro del ballet en la provincia.
Comenzaron hace cinco años cuando la Casa Canaria inició un proyecto de flamenco con un maestro que radica en Matanzas. Se unieron y ahora están al frente del taller.
El verano pasado les dieron un espacio en la «Villena» para que pudieran trabajar. En estas dos sedes dan clases de ballet, flamenco, además de lo que promueve la Asociación, sus tradiciones y sus bailes.
«Mónica y yo impartimos ballet y sus-tentamos el flamenco, porque el maestro viene cuando puede. La profesora Nereida se encarga del folclore y hacemos espectáculos con los tres géneros», refiere Marcia, graduada de la Escuela Nacional de Ballet y bailarina de la Compañía de Danza Contemporánea de Pinar del Río.
A raíz de que la Escuela Profesional de Arte cerrara la cátedra de ballet y como en la provincia nunca ha existido una compañía profesional de ese tipo, estas dos jóvenes escribieron un proyecto llamado Salvarte, con el objetivo de crear una especie de ballet de cámara o grupo en el que se fusionaran varios estilos, pero que estuviera presente el ballet. Pensaron hacerlo con las mismas niñas del taller y algunos egresados del territorio, pero desafortunadamente nunca se aprobó.
«El hecho de que no exista ese tipo de compañía es uno de los fundamentos para que no se abra la cátedra. Es por esa decadencia que decidimos unirnos a este proyecto y brindarles a los niños un espacio en el que puedan recibir clases al menos a un nivel vocacional», añade.
DANZARES
Danzare incluye a 65 integrantes con una edad mínima de cinco años, aunque cuentan con tres casos de niñas de cuatro, algo poco común, pues por la edad es difícil trabajar con ellas, pero tienen cualidades artísticas especiales. Sin embargo, en la actualidad solo hay dos varones, lo que sin duda refleja los tabúes y prejuicios que aún persisten en la sociedad cubana con respecto al ballet.
«Es una pena que todavía pase esto, nos limitamos mucho para montar coreografías, precisamente por no tener varones, y ellos se ven tan lindos en el escenario. Es contradictorio, ya que la verdadera fama del ballet pinareño viene por los hombres», acota la maestra Mónica.
Para elegir a los niños hacen una prueba de aptitud, pero solo para saber cómo trabajar y enfocarse en las deficiencias a la hora de colocarlos en los grupos. No se fijan tanto en si tienen el físico adecuado. La vocación es lo esencial.
«Yo siempre le digo a los padres que ellos vienen aquí a ser felices y a lograr sus sueños, lo que les gusta. Puede ser que no posean el talento para los papeles principales, pero bailas. Aquí todos bailan», resalta.
Los integrantes del proyecto están divididos por grupos etarios. Las Margaritas 1 son las de nuevo ingreso, casi siempre las más pequeñas y aunque no lo sean están unos meses ahí a modo de introducción al baile, luego pasan a Margaritas 2.
«Existe una regla que hasta tres meses después de entrar no pueden bailar. Es más bien para que se familiaricen. Para pasar de grupo los separa una función o unas vacaciones, como un pase de nivel», explica la también egresada de la Escuela Nacional de Ballet y miembro de la Compañía de Danza Contemporánea de la provincia.
Cuando llegan a las Orquídeas hay un poco más de rigor, se es más exigente, las coreografías son más complejas. Estas van desde ocho y hasta 10 años. Después vienen los Lirios, que son como el nivel Medio en un rango hasta 12 o 13, por lo general estudiantes de secundaria, y finalmente las Rosas que son las de preuniversitario.
«Ya las Rosas presentan un mejor nivel técnico, se destacan más en el flamenco porque fueron las que comenzaron el proyecto, pero también han alcanzado un nivel de ballet que nos hacía falta. Además, cuando fusionas los dos géneros es bellísimo.
«Ellas están aquí hasta que decidan, ya van quedando pocas porque algunas van a la Vocacional o al pre y las exigencias son otras. Nosotras no podemos avalarlas para que entren a una escuela de arte. Sí tienen un nivel y una cultura tremenda que tal vez las ayude a coger el ISA, pero no podemos hacer más», concluye.
SUEÑOS
Si Danzare lleva cinco años es gracias en gran medida a los padres, ellos son quienes lo mueven todo, dan la promoción para que la gente vaya a los espectáculos, buscan el vestuario...
«Hay una abuelita que se ha convertido en la vestuarista y es quien nos hace los trajes. A veces nos agrupamos y vamos a La Habana a buscar la tela que nos hace falta, el sacrificio es increíble. Esto es una triada maestro, alumno y padre», refiere Marcia. Las funciones las realizan en el teatro Milanés cuando Artes Escénicas les da un huequito en la programación, y gracias al grupo Alas Teatro pueden introducir el ballet en un espectáculo con títeres y actores, porque como son aficionados no les corresponde un espacio fijo. A pesar de que el trabajo que hacen es para presentarlo en un teatro.
Al decir de estas maestras lo ideal sería contar con un espacio para que cada mes pudieran mostrar las habilidades que han alcanzado.
Proyectos como este dotan a los niños de disciplina, valores y cultura, elementos muy necesarios en la sociedad actual. Y aunque eso es vital para su desarrollo como personas de bien, también les da la oportunidad de soñar, de reír, de jugar aprendiendo.
Muchas de las integrantes del taller quedan con la frustración de ser bailarinas, es por ello que para estas dos jóvenes profesoras el sueño realizado sería que reabrieran la cátedra de ballet.
Por el momento, siguen trabajando para que los pequeños disfruten y sean felices en un proyecto que les permite crecer de muchas maneras. Quizás, alguien un día escuche y abra esa puerta que tanto añoran para que no se pierda la ilusión ni el talento de bailar en puntillas.

Sobre el Autor
Dainarys Campo Montesino
Licenciada en Estudios Socioculturales. Ha trabajado como traductora de la versión en inglés del Periódico Guerrillero.