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Doris y Marcos, en el amor y el arte

Doris y Marcos

Doris Céspedes Lobo y Marcos González Yaber. / Fotos: Januar Valdés Barrios.

En el escenario cultural de Pinar del Río todos conocen a la musicóloga Doris Céspedes Lobo, voz autorizada cuando de teoría e historia de la música se trata, y al artista Marcos González Yaber, conocedor profundo de las técnicas del grabado.

Ambos se conocieron en el Instituto Superior de Arte (ISA) hace 38 veranos, cuando ella fue a hacer las pruebas de ingreso para su carrera y él cursaba el primer año en Plástica.

El primer encuentro sucedió porque los amigos santiagueros de Marcos los presentaron. No volvieron a verse hasta que ella regresó a la Universidad de las Artes invitada a la graduación de nivel medio, como mejor expediente nacional y más tarde, en agosto, “estrecharon lazos” en su incorporación definitiva al centro docente.

“No perdimos tiempo –dice Doris– Nos hicimos novios el cinco de septiembre”. Él la invitó a un café en la playa, cerca del “Náutico”, y ella no rechazó la oferta. En otras ocasiones, habían salido juntos, pero siempre bajo la custodia de una de sus amigas.

“De él me gustó su mirada, su forma de ser apacible, dulce, calmada; yo soy al revés, muy agitada”.

“Ella es todo lo contrario a mí. Es regada. Arma unos revolicos donde quiera que se planta. Pero me gustó su manera de relacionarse: podía entablar cualquier tema de conversación y le parecía bien todo lo que yo decía”.

“Él es extremadamente meticuloso y obsesivo con el orden, muy preciosista en el acabado de las cosas, no solo artísticas porque, por ejemplo, al cocinar es excesivo: todo debe quedar perfecto. También es muy sensible y colaborador conmigo y la familia. Al ser un excelente maestro aprecia mi trabajo y mi tiempo como profesora”.

“Doris me ha ayudado en la vida, en las malas y buenas. Es muy inteligente, diría que es más inteligente que yo. Coincidimos en muchas cosas y en otras somos todo lo contrario, pero la química que tuvimos desde el principio, aún está presente”.

Impulsada por el deseo al verlo trabajar gustoso, Doris incursiona en el grabado como un hobby, sobre todo en las variantes de la calcografía (grabado en metal que incluye aguatinta, aguafuerte, barniz blando, etcétera.). Aunque el dibujo no le responde, utiliza en las composiciones elementos que sí domina, como la grafía musical.

En casa debaten sobre los contenidos de las clases o sobre los posibles títulos de las obras plásticas. De oírla repasando, Marcos ha aprendido la historia de la música y ya hasta les sopla las respuestas a los alumnos cuando ella pregunta.

De hecho, él también sentía inclinaciones por la música en su etapa de estudiante. Antes de presentarse al ISA había decidido que, de no aprobar las pruebas de ingreso para la carrera de Artes Plásticas, se presentaría a la de Música, ya que tiene buen oído y le gusta mucho el saxofón. Por esa época integraba el movimiento de aficionados del centro ¡Y hasta en un coro cantó! Sí, confiesa que oír un buen coro todavía le pone los pelos de punta.

Ella no volvió a Santiago de Cuba, su tierra natal. Decidió seguirlo a las más occidental de las provincias.

“Él me chantajeó. (Marcos no recuerda esta historia así tácitamente como ella la cuenta, pero Doris insiste en que los sucesos ocurrieron así). Me dijo que si volvía para Santiago se peleaba conmigo y yo no podía terminar una relación de esa forma.

“En Santiago teníamos un sinnúmero de posibilidades de desarrollo artístico, porque allá existe una fuerte atmósfera cultural; pero tal vez yo no habría alcanzado lo que he logrado en Pinar del Río, porque fui la primera musicóloga en la provincia. Hasta la fecha he laborado en la radio, en la televisión; como pedagoga, he hecho trabajos de investigación, de archivo.

“Sí he tenido pocas posibilidades de ocuparme en la investigación, pues la docencia me absorbe y ya estoy un poco vieja para meterme en un trabajo de campo. Asumí el centro Argeliers León junto a José Elpidio Gómez Prieto y eso también me lleva tiempo. No obstante, me encantaría entrar ahora en el monte a grabar y a estudiar el punto cubano y otras expresiones de la cultura popular, porque la etnomusicología me gusta mucho. Además, sería placentero abordar la musicoterapia, si bien es un tema difícil de enfrentar al requerir un trabajo multidisciplinario y no hay muchos pro-fesionales que quieran estudiarlo.”

Marcos, después de graduado “lloró lágrimas de sangre”, ya que lo mandaron para el Pedagógico y él no había recibido ninguna materia que le enseñara a dirigirse a un alumno. Le pusieron en la mano un libro y un programa y le dijeron: “¡Dale a impartir clases!”.

“Los sofocos y los desvelos más grandes fueron los que yo pasé en aquellas largas madrugadas en las que preparaba las kilométricas clases, frustrado porque no ejercía lo que había estudiado. Tuve que impartir Apreciación de las Artes Visuales, Apreciación Cinematográfica, Historia del Arte Universal Cubano, Latinoamericano… así, transcurrieron 10 años. Escapé porque no había ningún alumno que supiera más que yo; para eso me preparaba.

“Si bien la pasé mal, el magisterio me ayudó. En el ISA suspendía los seminarios porque no hablaba. ¡Mira tú que contradicción! Luego de ejercer como maestro podía darle una conferencia a cualquiera.

“Algo muy bueno de esos años fue el taller de grabado que fundamos Jesús Carrete, los alumnos del Departamento de Medios de Enseñanza y yo, con el apoyo del vicerrector Félix Pérez. Significó un incentivo muy grande, con una trascendencia fenomenal. Las visitas de todo tipo que pasaban por el Pedagógico primero llegaban al taller. Allí pude intercambiar con personalidades de nuestra cultura como la doctora María Dolores Ortiz”.

Luego pasó a trabajar a la escuela profesional de artes plásticas Carlos Hidalgo donde, según cuenta, no había materiales para hacer grabados, pero nunca dejaron de hacerlos, porque los alumnos estaban apasionados por la manifestación y buscaban sus recursos.

Tanto Marcos como Doris se han dedicado casi por entero a la enseñanza Artística durante más de 30 años.

“El magisterio garantiza el seguimiento de tu obra. Al final somos mortales, tenemos que dejar de existir, pero todo lo que tú enseñas –y nosotros no asumimos reservas para transmitir el conocimiento–va a trascender. Así te obliga a estudiar, a actualizarte, porque los jóvenes están experimentando, buscando cosas nuevas y no puedes quedarte atrás”, expresa la hija de Santiago devenida pinareña.

“Doris tiene razón cuando dice que no tenemos reservas al brindar saberes. En una ocasión me dijeron: `¡Mira que eres bobo!, ¿por qué enseñas hasta dónde el jején puso el huevo?`. En realidad, a mí no me asusta que un alumno me supere, al contrario, me enorgullece. ¿Por qué te vas a llevar ese conocimiento a la tumba?; ¡Hay que transmitirlo!”.

Ante tanta experiencia y visión profesional, me aventuro a preguntarles cómo marcha la enseñanza Artística en la provincia desde sus áreas profesionales.

“En el caso de las artes plásticas está bastante atrás, diría que es nula. Cerrar la Escuela Profesional de Arte fue un disparate. Respecto a la manifestación del grabado, sí existe un taller fundado hace solo unos pocos años, pero no ha fructificado por dificultades de todo tipo y el poco seguimiento de las instituciones culturales. Su principal problema es de conceptualización, ya que no se piensa en su verdadera misión y objetivos”, plantea Marcos.

“La enseñanza de la música marcha bien. Por ejemplo, el trabajo, de la cátedra de tres y laúd de la Escuela Vocacional de Arte es buenísimo. Si bien el centro tiene dificultades –a veces faltan maestros, a veces instrumentos– el nivel es alto”, explica Doris.

“El hecho de que se hayan insertados estudiantes pinareños a la carrera de Musicología en el ISA, también es un logro, porque es una carrera de elite que tiene pruebas de ingreso muy difíciles. Hoy contamos con estudiantes y egresados expertos en esta materia, sin embargo, (lamentablemente) no hay una claridad en las instituciones culturales de cuál es el campo de un musicólogo”, agrega.

¿Qué proyectos avivan sus ingenios creativos?

ELLA: “Me gustaría revisar mi tesis y publicarla, hace dos años que la editorial me la está pidiendo. También quisiera escribir sobre algunos temas que tengo en mente y que no he puesto en un papel. Pedro Pablo Oliva y Jorge Luis Montesinos siempre me han dicho: `¡Tienes que escribir la historia de la música en Pinar del Río!` Llegará el momento en que lo haga… Y por supuesto, quiero mantenerme en la docencia, mientras tenga la mente en condiciones”.

ÉL: “Me hace falta tiempo porque proyectos tengo bastantes. Estoy incursionando en la pintura, aunque, por encima de todo, me gusta más el grabado”.

(Luego de varios años fuera de eventos competitivos, uno de sus lienzos recibió el primer premio del Salón Experimental de Arte Erótico en su oncena edición, abierto al público en la galería Arturo Regueiro de la ciudad vueltabajera. El suceso lo motiva a continuar esa línea visual).

“Bocetos me sobran y desbordan mi deseo por llevarlos al lienzo. Por ahora, no voy a dejar de seguir pintando. ¡Me van a ver en próximos salones!”.

Sobre el Autor

Yanetsy Ariste

Yanetsy Ariste

Licenciada en Historia del Arte. Periodista del Periódico Guerrillero

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