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Elegía campesina desde el lienzo

Elegía campesina desde el lienzo

Cuando pienso en los campos cubanos y su gente, siempre remedo unos versos del Indio Naborí que descubrí a muy temprana edad en uno de mis libros preferidos, Cristal de Aumento. Decía “Guajira –junco y palmera–/ piña cuajada de aroma/ inocencia de paloma/ y pudor de adormidera:/ Cuando ponga Primavera/ los mangos suaves y rojos/ iré aplastando matojos/ a tu bohío, y tendré/ la delicia de un café endulzado por tus ojos”.

En ellos está nuestra tierra madura de lirismo. Tras su lectura, es difícil no pensar en el trillo, el aroma de la fronda, ese sabor a mango y a café. Así es el arte: tan descriptivo que puede llegar a trasladarnos de un espacio a otro.

En la historia de la cultura cubana, particularmente en la vanguardia pictórica, sobrados ejemplos describen escenas campesinas. Iré citando algunos, a riesgo de desmemoria.

Víctor Manuel abre la modernidad con su Gitana Tropical, un lienzo muy conocido por sus puntos de contacto con La Mona Lisa de Leonardo DaVinci. En él, representa una joven campesina de rasgos mulatos estilizados, poseedora –al igual que “Lisa” – de una hermética belleza.

Carlos Enríquez en piezas como El rapto de las mulatas, aborda el tema, pero desde una perspectiva erótica, hasta ese momento inaudita para la pintura cubana. Asume el expresionismo como tendencia y la transparencia de las formas sinuosas como recurso.

Otro grande del pincel, Antonio Gattorno, reflejó los conocimientos adquiridos en su educación en Europa en sus personajes y escenarios rurales. Sin embargo, pintaba con velo contradictorio, ya que una parte de su obra posee una mirada bucólica de los campesinos; y otra, sí manifiesta la cruda realidad de su tiempo.

Ya en 1961, Servando Cabrera Moreno saca a la luz una serie de dibujos y lienzos realistas sobre milicianos y campesinos armados. Su figuración revela gruesos contornos, colores superpuestos y una anatomía robusta de los personajes. En su momento, Milicias Campesinas significó un tópico diferente dentro de un contexto en el que la mayoría de los pintores estaban sumergidos en tendencias internacionales.

Y es que el campo forma parte del ser cubano. Incluso, aquellos más aferrados a su “pedigrí citadino” guardan una herencia rural dentro de su árbol genealógico. Yo tengo la mía, por eso me pierdo en los paisajes colgados en galerías y museos, como se han perdido otros antes que yo, y como también lo hará el público del futuro mediante su imaginación. Las obras de arte son trascendentales, como nuestra identidad.

Sobre el Autor

Yanetsy Ariste

Yanetsy Ariste

Licenciada en Historia del Arte. Periodista del Periódico Guerrillero

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