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Educación estética y madurez cultural

Uno de los murales en la ciudad Pinar del Río. / Foto: Radio Rebelde

Uno de los murales en la ciudad Pinar del Río. / Foto: Radio Rebelde

... porque cada cultura es una concha
en la que oímos voces que nos dicen
lo que somos y lo que fuimos, lo que
hemos olvidado y lo que podemos ser.
Carlos Fuentes

Cuando hablamos de cultura, nos referimos a maneras de vivir como individuos y a maneras de vivir en comunidad. Una "cultura viva" es, casi por definición, aquella que interactúa con otras y en la cual las personas crean, mezclan, adaptan y reinventan significados con los que puedan identificarse.

Nuestra ciudad no puede seguir sin arte y es esencial para nosotros que artistas, pintores, dibujantes, escultores, los creadores del arte, continúen con su trabajo, apelando a la novedad como la gran virtud.

El arte callejero y su promoción acertada en barrios y comunidades, distantes de desgastadas e inciertas concepciones arquitectónicas, también es una forma de hacer historia o, mejor dicho, una manera silenciosa de romper con la supuesta imparcialidad del discurso efímero citadino, para que el espectador sea capaz de percibir un escenario familiar, aprendiendo lo cotidiano y universal.

El escepticismo y el rechazo son respuestas legítimas al arte visual pinareño, movimientos hacia la artesanía comercial y las creaciones superfluas, se han instalado con sistematicidad en los espacios de uso colectivo como sinónimo de desorden y banalidad.

Al apreciar ‘‘ambientaciones” en determinadas instituciones sociales en los últimos días, me he dejado llevar por algunos recuerdos, y he quedado atado profundamente a ciertas remembranzas, a sus miradas profundas y penetrantes, que me acompañarán, como el mismo acto de evocarlos, hasta el fin de mi tiempo.

Quizás al escribir este texto parezca que me he dejado traicionar por las emociones, tal vez, porque siento que soy uno de los románticos, aún aferrado en la gran batalla de las instituciones culturales pinareñas por la educación del buen gusto a través del arte.

Las instituciones deben ser catalizadoras, propositivas, y no una mera vidriera de prácticas que ya existen. Encontremos la posibilidad de ser provocadoras e intermediarias entre escena artística y público en general. Estimulemos la creación y promoción del buen arte donde quiera que este se presente, para lograr el bienestar de los hombres de esta tierra.

El acto de seleccionar qué proyecto ejecutar, en qué lugar, con quiénes y por qué, así como el de formar una colección de arte, es un acto creativo, cuyas exigencias de imaginación, agudeza visual y solidez de criterios reasignan sentido a las obras que la componen.

Los espacios en los que son colocados los proyectos, transfieren resonancias que, a la larga, hacen de ello un escenario cambiante, que evoluciona, vive y se mueve gracias a la propia visión de su creador o creadores, las historias que estas composiciones construyen son obras abiertas, corpus mutante, creación dentro de la creación.

La idea debe estar dirigida a la creación de diálogos, en materia de arte, desde perspectivas ¿opuestas? Del fenómeno de la ambientación y la pintura mural aproximándonos al tema desde la mirada de artistas que viven y hacen su obra en Pinar del Río. Consagrados y emergentes que inquieren desde la provincia presupuestos altamente universales más allá de postulados locales. La experimentación o el arte, consciente o no, se puede entender también en un sentido inverso de la creación: las decoraciones y el arte comunitario pinareño están concebidas más como un síntoma que como una reacción.

Quebrantemos el sentido ocasional, repetitivo y espontáneo que existe en la aprobación de los proyectos, trabajemos en la estimulación de propuestas más audaces y originales, evitando cubrir espacios con un antiarte ociosos, disfuncional, carentes de sensibilidad artística.

Muchas son las muestras visuales incoherentes, abandonadas a la suerte en disimiles sitios de la geografía territorial, desprotegidas, maltratadas por la insaciabilidad y el tiempo.

Debemos considerar cada ambientación antes y después de su realización, como actos discursivos, demostraciones públicas que dialoguen con los espectadores para que su resultado final no sea convertido en “colgadurías” y espectáculos vacíos.

Si bueno es saber iniciar una acción, mejor debe resultar conocer cuándo debemos detenernos; nada tiene sentido sin la motivación oportuna y la orientación adecuada, las verdaderas ambientaciones se extinguen como dinosaurios en Pinar del Río desde hace varios años, el Fondo Cubano de Bienes Culturales, alejado de sus verdaderas funciones promocionales del verdadero arte para premiar al talento, intenta salvar comercialmente lo que hoy debemos fundar.

De ahí que uno de los aspectos característicos de la cultura artística y visual de nuestro tiempo sea el del protagonismo de las mediaciones institucionales, en detrimento de la antigua representación de las obras y los artistas.

Los intelectuales de esta provincia más que inmóviles y conformistas, debemos indagar por las ausencias de destacadas figuras con verdadero talento, evitar repeticiones innecesarias de artistas y de ambientaciones epidérmicas adornadas con un pseudo arte, carentes de rigor técnico y maestría poética. El valor del arte no requiere que alguien le dicte una reflexión, solo requiere que el espectador se estremezca o desee profundamente no abandonar nunca esa imagen, llevarla dentro y tratar de mirarla otra vez.

Las autoridades deben ahondar en la contribución artística de estas ambientaciones, replantear su discurso estético, para dotarlo de un carácter de proceso y evitar que el artista sucumba ante el concepto impuesto por el “contratista”.

El enorme legado cultural, esa historia del hombre contada por sus casas, al decir de José Martí, pertenece a cada uno de nosotros en particular y a todos en general. Es el gran dilema de lo local y lo nacional, de lo propio, lo ajeno y lo social.

No se puede ver como concluida una acción artística, sencilla o compleja ajena al espectador, a ese fervor minucioso, a ese celo ardiente que debe presidir toda creación; trabajar para atraer el público al arte, acercándolo a las inquietudes estéticas y culturales de nuestro tiempo, precisamente ahora que intuyendo ya estas realidades y en el complejo proceso de masividad de la cultura, demanda un vehículo que le permita palparlos y asimilarlos para una más rápida educación estética y madurez cultural.

No pretendo abordar la totalidad de un tema que es, en sí mismo, inabarcable, sino aportar un punto de vista más que enriquezca al espectro de perspectivas presentado en el entorno. Un diálogo de sensibilidades artísticas que, desde diferentes manifestaciones, se interconectan en un sitio y un contexto específico.

El arte comunitario es en esencia una posibilidad de dialogar, intercambiar discursos; es el derecho a crear, reproducir y dialogar al margen de los grandes circuitos del arte tradicional. Al ser presentado al público no debe entenderse como creación superficial experimentada con rapidez, consumida a prisa, ejecutado con técnicas y materiales poco duraderos; aspiremos a la trascendencia cultural.

La búsqueda de proyectos creativos e interesantes no debe dirigirse a la legitimidad de un grupo de artistas sobre otros, la acción es confrontar, intercambiar entre colegas y el espectador en calles y ciudades mediante la educación del buen gusto, reafirmando su fidelidad a la vocación de pluridad y a los objetivos fundamentales de identidad nacional.

Sobre el Autor

Heriberto Acanda Ramos

Heriberto Acanda Ramos

Director general en Galería de Arte Arturo Regueiro en Pinar del Río, Cuba.

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