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Volver a vivir desde la literatura

Encuentra Valín en sus padres el sostén y abrigo familiar / Foto: Alejandro Rosales

Encuentra Valín en sus padres el sostén y abrigo familiar / Foto: Alejandro Rosales

Descubrir a Luis Hugo Valín es más que leer sus textos. Nadie que haya hojeado La ballena rosada y después Hijo pródigo, puede dejar de imaginar al hombre familiar que es. Sin embargo, las eternidades del mar y el cielo que detalla en sus libros para niños son apenas un ápice comparadas con su vida singular, la que sin ánimos de resultar testimonial, ha llevado a sus páginas.

Sobre su literatura y el entorno que la ha propiciado dialogó este escritor, quien concibe el acto de creación desde meses antes de sentarse frente a una hoja en blanco, sin más compañía que un cigarro y un café. “No tengo un horario fijo. El ángel de la jiribilla, como diría Lezama Lima, el de la inspiración, me toma o me deja. He tenido dos laptops, traté de escribir en ellas y no me concentraba, lo que me salía, independientemente de que no me dejaba satisfecho, no lo disfrutaba. “Cuando me siento a escribir ya llevo meses con el mosto fermentando el vino de lo que voy a hacer; esa novela o cuento lleva meses dentro de mí. Existe una frase que dice que el novelista escribe más cuando está sin escribir que cuando está escribiendo. Al terminar un texto me aparto de él cinco, seis meses, un año quizás, para entonces verle las fisuras y trabajarlo estilísticamente. “Mi primer lector es mi padre, quien lee en la medida en que voy escribiendo, pero no me juzga, me quiere demasiado para juzgarme. Y como lector filtro el que más conoce mis inéditos es Juan Carlos del Toro Otaño, un narrador y amigo con el que tengo una novela, es el pinareño que más ha leído mis inéditos y me ha ayudado con sus criterios”. La literatura de Valín, bien marcada en vertientes que el lector común puede discernir entre lo pícaro y burlón, lo serio y trascendente y la ideada para niños, posee mucho de su vida en particular, aunque lo testimonial en ella es recreado. “Tanto en Uno para nadie, en Hijo pródigo, en Cómo pude divertirme tanto, como en muchos pasajes de los textos para niños, mi literatura es eminentemente testimonial. Parto del personaje que soy, de la vida tan intensa que he llevado, tan singular, tan poco común. Me di cuenta un día que además de vivir podía volverme a vivir en la literatura y que tenía un filón en mis vivencias. “En todo mi trabajo hay muchos personajes que son reales y muchas escenas que sucedieron, lo que están trabajadas. No es testimonio es literatura. Lo que escribo son variaciones y fabulaciones de mi vida; son volverme a vivir, tal vez para hacer lo que no hice o para hacerlo mejor”. ¿Es complicado escribir partiendo de tus propias experiencias? -“Puede ser más fácil creo yo”. Pero puede ser doloroso. -“Pero puede ser un exorcismo también, uno que sirva para liberarte de fantasmas que tienes dentro. En mi caso es así. Llevo una vida muy retirada, muy dedicada a la vejez de mis padres. Fui muy bullicioso, muy vivencial, muy de mis amigos, muy de la calle. Me he vuelto muy selectivo en mis amistades, fui muy mujeriego y me he vuelto muy solitario. Fui muy alegre y me he vuelto bastante triste, y dentro de lo que es mi cotidianidad con mis padres, repasar mi vida tan colorida me ayuda a desahogarme, a ventilar mi encierro”. Cuando descubrió sus aptitudes para fabular envolvió a amigos y compañeros de aula que lo escuchaban por horas. Ya en la Cujae, donde estudiaba Ingeniería Industrial, sacó a la luz sus primeros poemas. “De amor como los de todo el mundo. Después llegaron otros temas. La literatura para niños fue de las primeras cosas que hice. Creo que surge del vacío que dejó la pérdida de mi abuelo a los 10 u 11 años, su muerte fue el primer choque con la vida. A pesar de las tres novelas para niños que salen publicadas ahora, más cuatro cuentos nuevos que les adiciono, no me considero propiamente un escritor para ellos, creo que soy más un narrador y un poeta. “La ballena rosada, de las tres noveletas es la más importante por lo que significó en mí cuando me reincorporo a las letras, pero de la trilogía la que más me gusta es Dagal Dakan y los peces ciegos, porque es un texto que más allá de la fantasía introduce la ciencia ficción en la literatura para niños. El mar fue fundamental en mi infancia, en la casona de Cortés de mi tío en mis vacaciones y es algo que amo mucho, amo el mar, el sol, el calor, la luz. “Hijo Pródigo y Uno para nadie, fueron concebidos como un solo libro en el que se alternaban ambas historias. Por un lado De uno para nadie, cuenta la infancia y juventud de Oscar que es mi alter ego, y el otro comienza con el cruce del Río Bravo, habla del Oscar adulto, su exilio y su regreso definitivo. Pude publicarlos unidos como los concebí en España en la editorial El barco ebrio. Por los concursos tuve que separarlos, porque pedían inéditos. Uno para nadie ganó el premio Loynaz e Hijo Pródigo el Pinos Nuevos. “Este último es un libro de lo que se conoce como la literatura de las dos orillas, que ronda el exilio, el éxodo y el contrapunteo entre estar y no estar, entre la gran pérdida que implica por un lado abrirse al mundo y conquistarlo, y por el otro perder la patria chica, la tierra provinciana, las raíces. Es un libro en el que inevitablemente la política está latente, pero no es un libro político y Oscar no es un personaje político, es un hombre que quiere salir al mundo, conocer y vivir su aventura. En esta edición que se propone para el año que viene, el último cuento es el regreso de Oscar”. Luis Hugo Valín quien trabaja ahora en la tercera versión de Cómo pude divertirme tanto, lleva hasta ella lo que califica como “mis valinadas, presento al temba potable que soy actualmente, al hombre maduro frente a la vejez”. Miembro del consejo editorial de la Loynaz, reconoce que esta ha abierto sus puertas a jóvenes escritores: “Pero muchos de los nuevos talentos no escriben para libros ni para concursos, se mantienen leyendo en tertulias y no piensan en una obra, en la concepción del libro; no se asumen como creadores, no se reconocen como escritores”. Tan pendiente de la familia y el cuidado de sus padres, Valín asiente que su madre prefiere su literatura para niños y por eso La ballena rosada y otros relatos, libro nuevo que sale en la Feria está dedicado a ella. “Mi padre es mi Pepe Grillo,-asegura-, mi conciencia, mi apoyo constante, es el bastón que me sostiene. Para mí la familia es muy importante, tanto ellos como mi hermana y mi sobrino que viven en Estados Unidos. He padecido mucho esa separación”. Humorista a ratos, serio y profundo otras veces, lo cierto es que Luis Hugo Valín, a la sombra de su portal amplio y su casa iluminada por los rayos del sol, a la orilla de la carretera a La Coloma, siempre tiene un cuento para los demás. Te hará reir o meditar.
Preguntarás si es su vida nuevamente lo que está contando o si las pinceladas de la imaginación te engañan con un Oscar más distante de quien es realmente su persona. Ya lo dijo el escritor, tiene la oportunidad de volverse a vivir, quizás de hacerlo mejor o simplemente diferente. No todos tienen esa posibilidad. Al final es literatura, no testimonio.

Sobre el Autor

Dorelys Canivell Canal

Dorelys Canivell Canal

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba. Corresponsal del diario Juventud Rebelde en Pinar del Río.

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