Logo

Amor con amor se paga

Elina es una mujer conmovedora. Su voz es como el mar. Todo el que la conoce la admira. / Foto: Dayelín Machín

Elina es una mujer conmovedora. Su voz es como el mar. Todo el que la conoce la admira. / Foto: Dayelín Machín

Los locutores son “los que cada día tienen miles de orejas pendientes de sus labios. Los locos maravillosos y exasperantes que habitan en las cabinas desordenadas de nuestras radios”, refiere José Ignacio López Virgil en su Manual para Radialistas Apasionados.

Tuve el honor de entrevistar a uno de ellos; quien representa la voz de “Guamá”. Cerca de sus 70 años, Elina Pelegrí Trujillo ha recibido la máxima distinción que otorga la Radio Cubana: el Premio Nacional de Radio.

Llegó puntual a la cita –la puntualidad es el infalible hábito de la “gente de radio”– colaborativa y humilde. Me comentaba sobre aspectos cotidianos mientras yo ideaba recursos para hacerla sentir cómoda dentro de una de las oficinas de Guerrillero.

¿Elina, cómo llegó a la radio?

“En 1968 comencé a estudiar en una escuela que creó el ICR (Instituto Cubano de Radiodifusión) y el Mined (Ministerio de Educación) y que dirigían Raúl Ferrer y Abraham Maciques. Allí estuve alrededor de dos años y en el `70 regresé a Pinar del Río para trabajar en Radio Guamá, donde he permanecido por 48 años”.

En una entrevista refirió que su vocación era el magisterio…

“Sí, fue mi deseo desde niña; cuando jugaba a la escuelita con otros niños, yo era la maestra. Efectivamente, me hice maestra popular (como decir maestra emergente hoy día), muy jovencita, con 14 o 15 años.

“Existe relación entre el magisterio y la locución. El maestro enseña, educa, forma a niños y jóvenes; y la radio también: brinda cultura, aporta momentos agradables. Hace años que imparto cursos de locución habilitando a las nuevas generaciones, así que no podría decir si una u otra. Para mí son dos paralelas. Soy locutora y soy maestra”.

¿A quiénes agradece su formación?

“Primeramente a mis padres, porque antes de cumplir 20 años me fui a La Habana y ya había trabajado como maestra en Candelaria. Mi padre tenía cinco mujeres bajo su cuidado: cuatro hijas hembras y mi mamá, su señora. Sin embargo, él aceptó mis estudios a distancia porque siempre tuvo interés en preparar a sus hijas, en brindarles educación; también mi madre, por supuesto. Ellos hicieron muchísimo esfuerzo para que yo fuera lo que soy hoy.

“Cuando estudié en La Habana tuve profesores maravillosos. Tengo muy presente a Mirta Muñiz, de radiodifusión, fundadora de la televisión en Cuba y una mujer de temple que nos dio mucho cariño y nos formó como trabajadoras de un medio de comunicación que exigía disciplina y talento.

“Además en ‘Guamá’ agradezco a Jesús Benítez Rubio, Luis Mujica, Víctor Cabrera, José Escobar, Carlos Naya y a otros. Ellos me veían tan jovencita y tan niña –porque en aquellos tiempos con 20 años se era una niña– y me ayudaron muchísimo. También a los directores de la emisora, que incluso permitían a mi madre asistir conmigo al trabajo, a llevarme porque era de madrugada. Ella era la única que podía entrar a la cabina y allí permanecía sentada hasta que amanecía y yo terminaba”.

¿Cuánto le ha aportado la radio a su vida personal?

“Siempre ha sido una satisfacción para mi vida. Cuando uno llega a la cabina y se sienta, es un mundo aparte: ya no es tu casa, ya no es la calle.

“Cada vez que estoy sentada frente al micrófono lo que imagino es una persona en una oficina con un radio al lado, veo al chofer de una guagua con el radio encendido, veo toda un aula escuchando un programa que esté acorde con la clase que se está impartiendo. Eso es lo que veo. Es una satisfacción tan grande como persona que digo ‘estoy en mi goce’. Para mí el trabajo es un placer”.

Entonces ella me cuenta uno de los tantos momentos difíciles en su carrera.

“Recuerdo especialmente un 31 de diciembre, estaba de vacaciones y Carmita Dausá debía trabajar. El día dos, había fallecido mi padre, así que le dije a Carmen que podía cubrir su turno porque yo no pensaba disfrutar el fin de año. Trabajé esa noche hasta las dos de la madrugada. Adoraba a mi padre, pero ese público no podía percibir mi tristeza, yo tenía que darle la satisfacción y el placer que ellos necesitaban; hacerles esa noche alegre. ¡Ese es el trabajo de un artista!, pensar en el que está del lado de allá, no en tus problemas”.

Los recuerdos humedecen sus ojos y ceden moderadamente su voz. Entonces conjuro una pregunta más feliz: ¿La radio también le regaló el amor?

“Sí, conocí a mi esposo en la radio. Antes de irme a estudiar a La Habana, estuve unos meses practicando locución en la emisora, él (Juan José Rodríguez Morales) en ese entonces trabajaba en el departamento de transmisiones. Pero no fue hasta mi regreso (concluidos los estudios) que comenzamos una relación. Llevamos más de 40 años juntos. Me casé en 1976 y en el `77 tuve a mi hijo”.

Sé que la familia para ella es un sublime tesoro, así como el cariño del público que la sigue.

¿Por qué el locutor es un artista?

“Un locutor es muy parecido al actor. A veces tienes que desdoblarte en varios personajes y laboras para todas las edades.

Afirma que con independencia de malestares o estados de ánimo, el locutor debe seguir un guion, una trama radial, para convencer y satisfacer al público.

“En otras ocasiones debes entrevistar a distintas personas sobre cualquier tema, por ello hay que estudiar, documentarse. Ampliamos la cultura de las personas que nos escuchan en los distintos programas.

“El locutor también hace un espectáculo artístico; es quien presenta y conduce. Su profesión es arte”.

¿Cómo recibió la noticia del premio? Sé que ha narrado esta anécdota en incontables ocasiones, pero yo también tengo que escribirla. (Entonces ambas reímos).

“Estaba en mi casa, en las tareas hogareñas, arreglando el uniforme de mi nieta que esta semana comenzó en la secundaria. De repente suena el teléfono, era Mirta Ramos, jefa de relaciones públicas de la radio cubana, luego ella me transfiere al director general Onelio Castillo Cordero, ¿para qué me querrá Onelio?, pensé.

-Elina ¿qué tal, cómo estás? ¿Eres hipertensa?

-No, ni soy diabética tampoco; por estos días solo tengo un poquito de dolor de huesos por la edad.

-¡Usted ha sido seleccionada Premio Nacional de la Radio 2018!

“¡Ay, no lo podía creer! Mi esposo estaba al frente y le digo: ‘Kito, escucha, Premio Nacional de Radio!. ¿Qué?`, me dice él porque no entendía. ¡Qué me entregaron el Premio, me lo gané!...

“Yo no pensaba en el Premio. Fue una sorpresa que me dejó sin palabras. Imagínate, una alegría inmensa”. Y ahora que tiene oportunidad, ¿qué palabras quisiera decir?

“A los oyentes darles las gracias por la atención que me han brindado siempre, por ese cariño con el que escuchan mis programas. Trabajo para ellos.

“Mi amor lo pongo en función de esa persona que me escucha en cualquier lugar. Los respeto y los quiero. Presten atención a la radio, la radio siempre los va a tener en cuenta y trabaja para ustedes en todos los programas.

“A los locutores (los de Pinar del Río y los de Cuba): pongan mucho amor en lo que hacen y trabajen con pasión porque amor con amor se paga”.

Sobre el Autor

Yanetsy Ariste

Yanetsy Ariste

Licenciada en Historia del Arte. Especialista de Comunicación externa de Radio Guamá.

Más artículos de este autor

Guerrillero © Todos los derechos reservados.