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Parece blanca detrás del telón

Obra de teatro:

Obra de teatro: "Parece blanca".

Del 13 al 15 de julio, la compañía de teatro lírico Ernesto Lecuona estrenó en el “Milanés” la obra Parece blanca. Como idea arriesgada, la puesta en escena generó opiniones a favor y en contra.

Parece blanca es una versión basada en el texto homónimo de Abelardo Estorino y la zarzuela Cecilia Valdés de Gonzalo Roig, inspirada a su vez en la novela decimonónica de Cirilo Villaverde.

Según declaró Francisco Alonso, director general de la puesta, “la decisión de montarla dentro del repertorio de la compañía tuvo que ver con el afán de diversificar la línea artística de trabajo y con la convicción de que en la época contemporánea los artistas que se dediquen al arte lírico, no solo deben ser buenos cantantes sino buenos actores, que dominen la danza”.

La obra versa sobre el romance incestuoso entre Leonardo Gamboa y Cecilia; y sobre el amor no correspondido de Pimienta por ella. Descubre la ideología de los mulatos y negros libres en la etapa colonial: sus intereses por ascender dentro de la escala social a través del matrimonio con blancos, y la intolerancia de la clase burguesa ante el mestizaje.

LA DIRECCIÓN DE ACTORES

El actor y profesor de la unidad docente de la compañía, Julio César Pérez, expresó que la dirección de actores fue difícil, debido a que Parece blanca es el primer trabajo dramático al que se enfrentan los artistas participantes. “Los personajes ostentan una imagen subtextual muy profunda, abarcadora, con historias complejas… Ese trabajo dramático para ellos es nuevo, porque están acostumbrados a la ópera, la zarzuela, pero no al análisis dramatúrgico”.

Julio César basó su estrategia en el trabajo personalizado con cada actor. Aunque reconoció que tres meses de ensayos no alcanzan para la atención diferenciada con tres elencos.

Sin embargo, a partir de las pautas delineadas, los actores también sugirieron y crearon respecto a las circunstancias de sus personajes.

LA VISIÓN DE UN JOVEN ACTOR

Pedro Luis Abreu Valdés interpretó a Leonardo Gamboa el sábado 14 de julio. Enunció (con humildad) el reto que demanda el montaje para su carrera profesional: “Esta puesta en escena me exige bastante como artista.

“A lo largo de los años el lírico se ha caracterizado por cuidar siempre la voz; no profundizaban tanto en la actuación, y ahora sí. Creo que es un cambio, algo que debe llegar a los demás líricos y que ha empezado por aquí… Fuimos pioneros cuando se decidió abrir la unidad docente ahora lo somos en la actuación”.

Lo provoco a que piense en la trascendentalidad de la obra. Entonces recrea un paralelismo entre el texto original y el presente. Lo ejemplifica mediante los personajes de Nemesia y Cecilia: “en la sociedad actual también podemos apreciar el celo entre amigas, la envidia de una por la belleza y las oportunidades de la otra”. Las historias de ayer, también son las de hoy: poco han variado.

LA DIRECCIÓN ARTÍSTICA

El director artístico, Duniesky Jo, definió el proceso de puesta en escena como intenso, complejo y arriesgado, porque la propia selección del repertorio les puso la meta bien alta.

Trabajaron con muchachos muy jóvenes (24 en total, distribuidos en tres elencos diferentes) recién graduados; algunos aún a mitad de su formación docente. Por ello “ha sido complicado lograr que las funciones sean muy parecidas, cada una con sus dinámicas, su personalidad, su visión del personaje…
“Hay que destacar la maestría en la labor (casi artesanal) de Julio César, porque no es menos cierto que nuestros muchachos cantan muy bien, pero no todos los cantantes son necesariamente buenos actores”.

Desde una postura autoanalítica alegó: “Nunca en los primeros días del estreno la obra está completa, el teatro va madurando a medida que las puestas van sucediéndose y sobre todo cuando el público va dándole el calor que necesita la obra”.

LA CRÍTICA

El asesor teatral Emanuel Gil, quien además profesa el ejercicio del criterio, refirió que la puesta en escena “en momentos puede ser agotadora, con vista de que no se ha conseguido activar suficientemente esa calidez perenne en la adaptación que Estorino hiciera de la novela Cecilia Valdés, una trama donde afloran las pasiones más intensas.

Agregó que en su esencia irreverente, como todo material teatral, reclamaba una relectura más desleal: trasgresión, revalorización; no una mera trasposición del texto original reproduciendo puntos y comas.
“Otro detalle que afecta el fluir del espectáculo son las largas y previsibles danzas y partes cantadas provenientes de la zarzuela de Gonzalo Roig; que no se articulan de manera orgánica con lo que sucede en escena. Tienen una mera función estética que no reclama la acción teatral. Función que puede cambiar si estos elementos danzarios y musicales fueran más puntuales, breves”.(1).

RÉQUIEM POR VILLAVERDE, ROIG Y ESTORINO

Parece blanca respeta totalmente la versión homónima de Estorino, cierto; y trae de la zarzuela de Roig algunos momentos; pero en consideración, el resultado es digno.

La propia elección del texto dramático ya alude a un interés por trasgredir, por activar la estructura del teatro dentro del teatro. No considero profusos adornos las danzas o las partes vocales, porque el teatro lírico no puede desentenderse del género musical.

El lenguaje se apoyó en una visualidad atrevida en términos de vestuario. Lo clásico (casacas, fracs y levitas; miriñaques) se diluyó en lo contemporáneo, a medida que la trama fue desembrollándose y el texto comenzó a ser más actual, más violento.

La escenografía recurrió al minimalismo, para permitir la movilidad de los actores y el tránsito epocal de manera neutra.

Un taburete y dos dados: denotaron los espacios de las clases sociales convergentes y el libro de Villaverde sobre un facistol marcó el punto donde los personajes se cuestionaban su destino.

Al fondo, un telón diseñado por el artista pinareño Adrián Millán resumía elementos que estamparon el ambiente donde aconteció la novela y aludieron a la cubanidad.

Parece blanca aborda un argumento universal. El amor, los celos, el odio, la envidia y el engaño, son temas que atañen a la humanidad. Escoge lo mejor del quehacer artístico literario en tres tiempos: 1882, 1932, 1994… fechas que fijaron el develo de la producción de Villaverde, Roig y Estorino a la historia cultural de nuestro país.

La compañía de teatro lírico Ernesto Lecuona tiene el mérito de ser el primer grupo de teatro lírico en Cuba que la lleva a escena. ¡Y eso merece una ovación antes de que el telón caiga!

NOTA

1.- Fragmentos de un texto inédito de Emanuel Gil.

Sobre el Autor

Yanetsy Ariste

Yanetsy Ariste

Licenciada en Historia del Arte. Periodista del Periódico Guerrillero

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