“Vida (…) he vuelto para ser tu confidente”
- Escrito por Yanetsy Ariste
Polo Montañez. / Foto: Youtube
Cuando Polo Montañez murió yo tenía solo 12 años. Recuerdo que le escribí un poema. Solo he escrito versos así para tres personas: el Indio Naborí, cuya poesía acompañó mi adolescencia, para la abuela que me dio menos cariño y para él.
Yo que tanto de guajira tengo en mis venas, a esa edad ya entendía que la sonoridad de aquel pinareño era muy tradicional y cubana. A todos sorprendía su inexperiencia académica y su virtuosismo a la hora de componer.
Ese hombre tenía mucho que decir mediante la letra; tenía mucho que ofrecer mediante el son. Sus temas de amor son antológicos. Le cantó a la soledad y la desilusión; al júbilo y la ternura.
Su inspiración, inagotable; se alimentaba de la vida misma. Fue un hombre que cayó en varias ocasiones por el puño de la existencia; pero – valeroso- se alzó infinitas veces.
Creo significó el aliento para el hombre común que perseguía un sueño. El orgullo para el campesino que araba la tierra y que de pronto se vio reflejado en la figura de aquel músico sagaz que también provenía del monte.
El verdadero talento perdura. Su obra habla por él. Trasciende. Palpita. Todavía sus canciones forman parte del gusto de innumerables personas. No pasan de moda, porque el amor, no podría bajo ningún motivo, pasar de moda… Por eso, cada vez que suene su melodía, “regresará…para ser confidente de la vida”.