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La verbena de la paloma

Teatro lírico Ernesto lecuona

Teatro lírico Ernesto lecuona

Algunos desaciertos en la puesta en escena de La verbena de la paloma, una de las más famosas zarzuelas hispanas, me han bastado para comprobar que la compañía de teatro lírico Ernesto Lecuona debe procurar relecturas más arriesgadas, viscerales y actuales del repertorio que engrosa su nómina creativa.

Cuando me refiero a esto, pienso en espectáculos como El cafetal, La corte del faraón, El secreto de Susana o A mucha honra, en los cuales si bien se distingue una progresiva teatralización de la puesta en escena, la incorporación de decorado y no solo la presencia de un telón de fondo con la imagen del espacio donde ocurre la acción, un lenguaje menos profuso, destaque de la comicidad como mecanismo (en muchos casos poco virtuoso) para hacer más grata la representación; aún quedan muchísimas cosas que alcanzar y pulir en pos de que la puesta en escena de teatro lírico no solo se perciba como una rara avis museable que de vez en cuando se exhibe al público, sino como una producción artística que surge ahora mismo y para este contexto. En Madrid, a finales del siglo XlX, el joven cajista Julián está abatido porque ha visto a su novia Susana y a la hermana de esta, en un coche con el boticario Hilarión. Inconforme y decidido, el joven en el marco de la celebración de la verbena de la paloma, procesión que se realiza en honor a la Virgen de la Paloma, se enfrenta a su rival y a la tía Antonia, quien trata por todos los medios que sus sobrinas se comprometan con el boticario, pero que a causa de sus pleitos termina en la comisaría, pudiendo finalmente conservar Julián su noviazgo con Susana. Como podemos ver estamos ante una zarzuela corta sustentada por resortes conocidos como estereotipos o tipos populares (el viejo ridículo y enamoradizo, los despistados agentes del orden, la alcahueta, etc.) y la clásica historia de amor; los cuales en su conjunción, debían-deben en una hora divertir al respetable público. Pero ni estos tensores hábilmente tejidos logran camuflar ni apaciguar los reclamos que hacemos a la puesta en escena de La verbena... a cargo de Dunieski Jo y la compañía de teatro lírico Ernesto Lecuona. Una de las primeras cosas cuestionables en esta representación es su falta de actualidad y aterrizaje. Se nos propone una acción cuya visualidad (imágenes, vestuarios, accesorios) nos remite a una región y un tiempo bastante lejanos de nosotros: Madrid del siglo XlX. Por otra parte, sumamente desmañado y risible resulta que en una pieza que se pone en estos tiempos y para esta nación, los actores se expresen con un discurso y un acento que torpemente imita al castellano ibérico. ¿Acaso la fábula y el leguaje de los personajes no podían contextualizarse en este suelo? A la dirección parece que no le pareció pertinente devolvernos una pieza de manera más cercana. Así, ni por asomo hay pistas de nuestra realidad en la puesta. ¿Hasta dónde llega la falta de cordura, de aterrizaje en el espectáculo de teatro lírico que presenciamos? ¿Qué sentido tiene el regreso de un clásico de la zarzuela, si este no ha sido dispuesto para establecer un dialogo con el espectador contemporáneo? Lamentablemente la dirección más que releer, ha copiado, reproducido literalmente el texto de Ricardo de la Vega y la composición musical de Tomás Bretón. Ha perdido de vista la premisa, la necesidad de que el teatro intervenga en su realidad social. De ahí el envenenamiento, la distancia que notamos en el montaje que sube al “Milanés”. También hay otros detalles que saltan a la vista y que afectan la puesta en escena de Jo. Me refiero a que en diferentes momentos la fábula escénica se alarga y pierde bastante en ritmo. Quizás un poco de síntesis en las escenas vendría bien. En algunas partes de la presentación aparecen bailes flamencos que se perciben superfluos. Por ejemplo, iniciando la representación se muestra una danza en el primer plano del escenario y detrás unos jugadores de cartas que nunca desvían la atención a lo que acontece frente a ellos. Y uno llega a preguntarse ¿para quién es la danza? ¿Para el público o para deleitar a los que juegan cartas? ¿Es la danza realmente parte de la obra o solo un apéndice? Todo está muy indefinido. Lo cual nos lleva nuevamente a preguntarnos en honor a la verdad: ¿es prescindible la composición danzaria o los personajes que están detrás y que son parte de la zarzuela? Creo que vendría bien definir el valor y la función de los bailes flamencos dentro de la puesta. Solo en escena debe aparecer aquello que es vital y que aporta. Otros tantos desniveles se deben pulir. Es ininteligible la dicción de los actores y los coros. Un serio esfuerzo hay que hacer para comprender la comunicación entre los sujetos escénicos. Seria revisión necesitan los vestuarios, maquillajes y la peluquería. En muchos casos es visible que los vestuarios quedan cortos o largos a los actores. Lo cual representa una incomodidad para los mismos. En cuanto a la peluquería, resulta un tanto incoherente que muchos actores no tengan en cuenta que caracterizan personajes del siglo XlX, no disimulan los excéntricos y modernos peinados que usan cotidianamente. En otro sentido, sería digno resaltar que la compañía de teatro lírico Ernesto Lecuona, pese a las imperfecciones, ha ganado mucho en la conformación de una puesta en escena teatral, como en el trabajo con los actores. No obstante, todavía queda camino por recorrer. Creo que lo que más necesita el teatro lírico pinareño es tener claridad de la realidad social para la que crea y no solo seleccionar un repertorio integrado por clásicos. Asimismo pienso que una vez centrada esta práctica en temas interesantes para el ahora, debería arriesgarse a la verdadera actualización formal de sus argumentos y técnica teatral. Solo así dejaremos de ver al teatro lírico en una vitrina y lo tendremos como otra manera de confrontar al espectador.

Sobre el Autor

Emanuel Gil Milian

Emanuel Gil Milian

Maestrante en procesos formativos en la mención: Teatro, por (ISA), Universidad de las Artes; miembro de la Sección de Crítica e Investigación de la Asociación Hermanos Saíz

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