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Ana Mariam antes y después de Sonando en Cuba

Ana Mariam antes y después  de Sonando en Cuba

Ana Mariam Puentes Bustio ya contaba con el reconocimiento de su pueblo antes de salir por la televisión. Una vez las cámaras enfocaron su rostro aquella noche de sábado, sintonizando la señal de Cubavisión, ganó el respeto de todo su país.

Finalista del programa televisivo Sonando en Cuba, esta cantante de 27 años de edad ha recorrido una trayectoria artística considerable. Sus inicios, según relata, es como el de muchas niñas: maquillaje a escondidas, gafas robadas del cuarto de mamá, tacones gigantes y un gran público tras la superficie fría que nos devuelve nuestro propio reflejo. “Desde muy pequeña empecé en el mundo del arte. Siempre me gustó la música, pararme frente al espejo con un cepillo y cantar lo que escuchaba: Selena, Laura Pausini u Olga Tañón. “En el círculo infantil me llamaban para todos los festivales y actividades que había. Luego comencé mis estudios primarios en la Vladimir Ilich Lenin. Estuve en el coro del Planeta Azul, y aunque nunca participé como solista, aprendí muchísimo. “Estudié en la escuela secundaria básica Julio Antonio Mella. Ahí incursioné en el teatro y también me gustó. Hice las pruebas de ingreso a la Escuela Nacional de Arte (ENA), y aunque no aprobé, seguí como aficionada”. Se denota en ti una gran afición por el arte en general. ¿Cuándo tomaste más en serio tu carrera como cantante? “Cuando salía con mis amistades participaba en los karaokes, y así fue como pude conocer a varias personalidades de la música aquí en Pinar del Río como la cantante María Elena Lazo, la directora artística Nancy Estefanía o el compositor Alberto Reina, quienes me ayudaron y encaminaron para hacerme profesional. “Estuve dos años desvinculada de la música porque me fui a vivir a Italia con mi mamá y allá estudié italiano en la Universidad de Bérgamo. “Sin embargo, sentí la necesidad de regresar a Cuba para desarrollar mis inquietudes como artista, porque las tenía presas en Europa, y fue entonces cuando comencé a tomarme más en serio la música”. Tu trayectoria abarca diversos géneros de la música tradicional cubana, ¿cómo llegas a incursionar en repertorios tan variados? “Empecé con el grupo tradicional Furia Latina junto a Alberto Reina. En esa agrupación obtuve muchos conocimientos sobre la música tradicional cubana y aprendí a enfrentarme a un escenario en el cual encontraba diferentes tipos de espectadores. “Después estuve con Suprema Ley durante dos años. Tocábamos timba. Cuatro años más tarde inicié un espacio habitual, todos los martes, en el Café Pinar, junto con Abdiel Madera y luego me llamaron para trabajar en Rumayor, lo cual considero que fue la realización de un sueño. “Siempre quise hacer cabaré y he aprendido mucho de él. Me he tenido que desdoblar y hacer géneros que nunca hice, actuar mientras canto”. Sonando en Cuba abrió las puertas para mostrar a todo el país tu talento. ¿Cómo llegas a la pantalla? “La primera edición de Sonando en Cuba observé el programa, la calidad de los artistas y me gustó el proyecto, pero era solo para aficionados. El próximo año lo vi desde otra perspectiva y reconocí que había mejorado la calidad, no solo de los cantantes, sino del proyecto en general. Estaba más completo, sólido y pensé en que quizás podría llegar un día a estar ahí. Nunca lo vi como una meta ni me lo propuse, solo lo vi como una idea. “Con el paso del tiempo me encontré con dos de los concursantes de la edición anterior, Ramón y Alcibiades. Estuvimos conversando sobre sus experiencias en el concurso y de cierta manera me motivaron a presentarme, aunque tampoco lo tomé muy en serio en ese momento. “Otro día estaba hablando con un amigo de Viñales, cantante también, y me dijo, ¿Por qué no hacemos las audiciones de Sonando en Cuba?, y estuvo de acuerdo. No pensé que me fueran a elegir y eso me hizo sentir tranquila. Pero estar parada frente a Luna Manzanares, Yaima Sanz y René Baño fue bien impresionante. Ellos disfrutaron mi actuación e incluso bailaron con las canciones que interpreté. “Un viernes en la noche me llamaron porque me debía presentar al sábado siguiente para la última selección: de 10 había que elegir a ocho. Para definirlo organizaron un concierto que sería nuestra última prueba”. ¿Cuáles eran tus aspiraciones en el concurso? “Tenía una meta y era demostrarle al pueblo de Cuba mi talento y llegar al corazón de todos los cubanos que me verían y por eso creo que me enfrenté en ese momento con mucha tranquilidad en el escenario y todo fluyó con naturalidad”. ¿Qué diferencia a Sonando en Cuba de otros reality shows que existen en el mundo como La voz y cuál es su impronta? “Sonando en Cuba defiende la autenticidad, la música cubana, pretende rescatar los géneros que se están perdiendo. Esa intención resulta invaluable. La generación de los ´90 mantiene la influencia de nuestros padres, porque en las décadas de los ´70 y los ´80 se escuchaba mucha música cubana. Ese es su valor: rescata la tradición para que las nuevas generaciones no pierdan ese amor por la música de nuestros padres o abuelos”. ¿Qué aportó el concurso a tu carrera? “Creo que ahora veo la música de otra manera. Aprendí mucho sobre cómo moverme e interpretar mejor en escena, cómo dar mayor fuerza y naturalidad a las interpretaciones y comprendí que tenía errores y vicios a la hora de cantar que yo ni conocía y pude eliminarlos poco a poco. Ahora puedo jugar más con la música, las melodías”. ¿Qué proyectos tienes para el nuevo año? “Despediré el año con mi tercer espectáculo en el cabaré Rumayor este 31 de diciembre. Para el 2018 está en plan hacer mi disco y mi primer video clip”.

Sobre el Autor

Loraine Morales Pino

Loraine Morales Pino

Licenciada en Periodismo, graduada en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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