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Miguel Aurelio: el “Angá” de la percusión cubana

Hace 11 años fallecio en España Aurelio Diaz Zayas ¨Angá¨. En San Juan y Martínez se le brinda un merecido homenaje

Hace 11 años fallecio en España Aurelio Diaz Zayas ¨Angá¨. En San Juan y Martínez se le brinda un merecido homenaje

Aquel doloroso nueve de agosto del 2006 dejaron de sonar los tambores en los oídos de miles de sanjuaneros: el hijo de María Luisa Zayas y de Aurelio Díaz había fallecido en España.

Sin embargo, en su hogar de la calle Martí 144, el mago del cuero está vivo, allí las cenizas depositadas en su instrumento favorito (una tumbadora) nos recuerda aquella trayectoria que lo llevó al olimpo musical.

Su espíritu inquieto recorre el mundo mostrando el alma rumbera por excelencia. Con pasión se sumergió en mezclas y fusiones que le otorgaron otra dimensión a la rítmica cubana.

Con su música se habla de colores, de melodías entonadas en los cueros y de atmósferas ancestrales expresadas en un virtuosismo aplastante.

El hijo de San Juan y Martínez fue el mejor percusionista joven de Cuba en los años '90. Su talento y su temprana muerte lo convirtieron en una leyenda. Tocaba cinco congas afinadas. Su interés por la experimentación lo hizo fusionar jazz, rock, hip-hop, música tradicional cubana, flamenco y ritmos brasileros.

Creció entre tambores. Los domingos de su infancia eran de rumba en el parque del pueblo. Sus padres, músicos, lo iniciaron en saberes académicos que concluyeron en la Escuela Nacional de Arte (ENA) de La Habana, pero Titino, viejo tumbador del barrio, le puso por primera vez las manos sobre los cueros y estimuló su virtuosismo callejero.

La primera experiencia profesional en un escenario le llega al ingresar en el grupo Opus 13, dirigido por Joaquín Betancourt. En 1987, Chucho Valdés lo invita a unirse a Irakere, grupo con el que trabajará durante nueve años.

Era un ciclón sobre los tambores. Le llamaron “El nuevo Chano Pozo”.

Generalmente pocos músicos alcanzan la gloria en tan breve tiempo.

Cuando aún estaba en Cuba, ganó un premio Egrem con Pasaporte, junto a Tata Güines, su maestro espiritual.

Merecedor de tres premios Grammy: uno por Habana, con Roy Hargrove; otro por Buenos hermanos, junto a Steve Coleman y Afro Cuban All Star, y el tercero por Mambo Sinuendo, de Ry Cooder y Manuel Galbán.

Compartió escena y descargas con virtuosos como Chucho Valdés, Cachaíto López, José María Vitier, Ibrahim Ferrer, el Guajiro Mirabal, Billy Cobham, Tito Puente, Carlos Santana y el Buena Vista Social Club.

Angá le otorgó a ese cúmulo de aportaciones el ser poseedor de una mente abierta a las influencias, a las sonoridades, al experimento y a la investigación empírica. Su virtuosismo natural le permitía sobredimensionar lo aprendido y darle un sello especial.

En el 2004 sale a la luz su álbum en solitario Echu Mingua, una misa ancestral dedicada a su santo de la religión yoruba, una joya en la discografía de la música cubana.

Con esta pieza dio rienda suelta a sus inquietudes por fusionar la música afrocubana con la electrónica, los malabares de los Djs, la música africana y el jazz americano. Un mestizaje que él propio artista definió como “Una misa espiritual hecha música”.

Funda la banda Angá fusión Brasil MPB Jazz Cubano, en la que colaboraban su hermano Juan Miguel “el Indio”, el guitarrista carioca Danilho Pinheiro y el percusionista argentino Martín “Maluco” Penalta. El principal interés del proyecto era rescatar temas de la música popular brasilera y dotarlos de una nueva fuerza melódica.

La brillante carrera de este excelente músico fue interrumpida por la muerte. Un infarto le llevó la vida a los 45 años de edad. Su espíritu inquieto, atrevido, desprejuiciado quedó suspendido en el aire, pero la herencia de su música es bebida por admiradores y seguidores de su talento, su virtud y de su visionaria postura ante la música.

Sus hijas, el dúo Ibeyi, son continuadoras de esta vertiente de fusión y del mágico encuentro entre las culturas.

Once años después de su desaparición física, que nadie se asombre si al pasar frente a la casa de María Luisa y Angá, un leve toque de tambor nos recuerde que allí vivió el conguero de las manos mágicas.

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  • Invitado - Celyoere

    Francis, que escrito mas bello, el se merece ese honenaje , dio todo por la musica, su obsecion desde niño,le tenia desfondados los calderos a Maria , he llorado leyendo tu escrito y recordando desde que nacio hasta que fallecio, muy agradecidas pir tus atenciones, , un beso para todos

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