Corre Perancita, porque si cogen…
- Escrito por Emmanuel Gil Milián
El Actor Jorge Luis Lugo en monólogo / Foto: CMHW
Este viernes, a las 9 de la noche, en el Teatro José Jacinto Milanés, tiene lugar el espectáculo 25 años de vida artística, dedicado al actor Jorge Luis Lugo García. Guerrillero ofrece a propósito esta crítica de arte.
La compañera Esperanza Álvarez del Llano, más conocida como Perancita, es una mujer que aguarda un cambio y que batalla por mejorar su situación económica. Pero nada ha sucedido. Nunca llega la ayuda económica que en 1994 le prometió su esposo Felipe, cuando por el malecón habanero abandonaba el país en una balsa. El paso del tiempo se le ha impuesto como una guillotina que ha reclamado acciones y respuestas concretas que ella ha tenido que ofrecer. Salir a la calle, “aunque la sorprendan de nuevo vendiendo ilegalmente cucuruchos de maní”, ha sido durante estos años, su única manera de subsistir. Lienzo de una mujer que espera, ha llegado, a la década de presencia en los escenarios vueltabajeros e internacionales, con singular actualidad y fortuna. El autor y protagonista de este monólogo, Jorge Lugo, ha entendido el sentido social del arte y lo ha puesto en función de comprender su contexto existencial. Por ello, cuidadosa, pero inteligentemente, cual Penélope, ha tejido un tapiz que descubre fisuras y grisuras en los caminos de la formación de esta nacionalidad, que se afirma en el centro de un ya, no tan Nuevo Mundo. Como reconocimiento a lo más valioso de nuestra literatura dramática, pero también como reflexión sobre lo ausente; la protagonista de Lienzo de una mujer que espera, añora comer carne con papas, al igual que los personajes de El Gordo y el Flaco, de Virgilio Piñera. Sin embargo, lo que realmente hace especial y cercana a Perancita, es el cúmulo de obsesiones que guarda: tener un huerto dentro de su casa para garantizar proteínas, un cerdo al que pueda extraerle partes y que se le regeneren y una varita mágica que le permita, con un toque, ser gerente. En fin, una multitud de aspiraciones y alucinaciones que se amontonan (quizás hasta asfixiarla o llevarla a la locura) y que de realizarse, invertirían el estado de desesperación, desconsuelo que le causa verse, sentirse sin posibilidades de mejorar económicamente. El tratamiento de zonas nucleares de dolor, es sin dudas el mayor acierto dentro de la puesta en escena de Teatro Rumbo. El espectador que quizás ha perdido la fe en la capacidad incisiva del teatro, puede entender que se encuentra frente a un proceso que es precisamente valioso, porque apela y se sustenta en una intensa voluntad de lectura social. Una vez más el arte vuelve sobre la sobrevivencia del hombre. Mas en esta ocasión, el círculo se cierra. La reflexión parece descansar, en una vieja pregunta base de la filosofía: ¿El hombre vive como piensa o piensa cómo vive? La cubanísima Perancita, ha vivido de todo y ha pugnado por mantenerse luchando, comentando sus tristezas y quimeras. Su cuerpo es un filtro por donde han pasado muchas duras piedras de necesidades, escasez y sustos. La nostalgia de encontrarse sola, de haber perdido a un padre que se ahogó con una cucharada de leche en polvo, de luchar, la hacen una naturaleza digna de afecto. Sin embargo, la circunstancia está presente y ofrece respuestas amargas, pero reales: aunque la protagonista de Lienzo..., ha permanecido y fabulado en aras de enmascarar sus limitaciones, ya no es un ser totalmente limpio. La inevitable necesidad de mejorar la ha cambiado y destruido. Ha tenido que relacionarse con personas de dudoso comportamiento social, infringido la ley vendiendo ilegalmente, perdió las riendas de la educación de su hija y depositado la fe en una ayuda económica (aquí lo más doloroso) que no proviene de lo nuestro. Las estrecheces han modificado negativamente la conducta y las filiaciones de Perancita. Y lo peor en todo eso es, que ya no reflexiona sobre su estado de degradación. Sólo se detiene en lo que no está en sus manos. Hasta lo más recóndito, sensible y punzante de la realidad del cubano de a pie ha accedido Lugo, para legarnos una angustiosa meditación. Su bojeo, exploración en tiempo real, por las venas más oscuras y retorcidas de un cuerpo que se repiensa todos los días, tal vez no ha sido la más profunda, pero sí una de las más sinceras que he visto en la escena pinareña. Esa cualidad, por sobre muchas cosas, se aplaude. Fluye esta puesta con una frescura y un desenfado envidiables. La estructura abierta y flexible de Lienzo de una mujer que espera, posibilita a su autor e intérprete, a piacere, tocar diferentes temas actuales como la migración, la prostitución, lo negocios ilegales, la crisis en la producción agrícola que pueden relacionarse o no, pero que siempre son un atril seguro al debate, al comentario de lo inmediato. Conoce Lugo los caminos, las sensaciones que gustan a la sala y ha echado mano a recursos como la improvisación, palabras obscenas, el juego intencionado con lo melodramático y lo ridículo, para entregarnos una trama donde, el humor inteligente, da paso a las abstracciones más profundas. El humor, le ha venido arma que más eficaz para lograr esta empresa sin duda ha sido. Los discursos y acciones de la protagonista de Lienzo de una mujer que espera, están pensados y perfilados con una aguda ironía y un alto grado de sugerencia, que indiscutiblemente se suaviza a través de lo desinflado. Antes bien, no dejan de estar presentes el concepto, ni entre líneas el reclamo y los cuestionamientos. Lienzo es firme en sus planteamientos, es consciente de su contexto, del momento en que surge y por eso se acerca mirada certera a la llaga. Perancita ha sido gestada como un ícono que apunta representar cada vez más a grupos sociales que hacen de todo para existir, es una teatralización de una realidad que se reteatraliza. ¿Quién no puede evadir alejarse de la circunstancia que, con pura y completa razón, atormenta a nuestra Perancita? Su palabra cargada de agonía y desesperación, es motivo seguro para que el auditorio de paso a la risa involuntaria y compasiva. No obstante, hay algunos detalles que merecen un mejor trazo en Lienzo... Por ejemplo, a la pintoresca Perancita, le sucede todo. Ella es lo que podría decirse la síntesis de la debacle del milenio. Tal reiterado y asfixiante ascetismo, acumulación de descalabros, resta humanismo, verosimilitud a la criatura creada por Lugo. El espectador, puede entender que- como es lógico- está ante un personaje, representación de una idea, mas asimismo sabe que- como planteaba Víctor Hugo en el prólogo a Cromwell, en un temprano Romanticismo- los seres en la vida o la creación literaria y teatral, reclaman claroscuros, estados positivos y negativos, momentos hermosos y feos. Nada es absolutamente bueno, ni malo. Aún en la ficción estas leyes naturales se cumplen, según nos demuestra en el siglo XlX, el maestro Hugo. De manera que dotar de luces y sombras la historia, el carácter de Perancita, otorgaría mayor verosimilitud y empatía con la misma y las circunstancias por las que atraviesa. Por otro lado, Lugo ha puesto sobre el tapete infinidad de temas que si bien son deliciosos y no afectan el relato principal; pierden su operatividad a partir de que no están desarrollados. Aparece un tema y se pasa a otro, sin que haya una relación o por lo menos una conexión de causa- efecto. Ello despierta una sensación de inestabilidad, de falta de pensamiento en la estructuración de la fábula y el discurso de la puesta de Lugo, donde cobra realidad lo que plantea el adagio: El que mucho abraca, poco aprieta. O sea, se proponen muchas temáticas interesantes, pero que no están trenzadas y trabajadas con profundidad. Parece que se han puesto palabras y acciones a la protagonista más para hacer reír, para lanzar ideas al azar, que para mover el pensamiento. Lo que hace llegar la idea de que el panfleto y lo populachero han sido algo más que presencias constantes en Lienzo... Jorge Lugo, en la figura de Perancita, da muestras de su talento indiscutible como actor. La ambigüedad, el extrañamiento que transmite la silueta de una figura masculina cubierta por coloridos maquillajes y vestuarios, se olvida ante el tremendo trabajo interpretativo que ha llevado a cabo este actor. Cada gesto, cada palabra, movimientos parecen haber sido estudiados con agudeza en función del rol que asumiría. Perancita, delineada realistamente, en sus arranques, histerias, pasiones, inevitablemente cobra un parecido reconocible a cualquiera de nuestras vecinas, amigas o familiares más elocuentes, descarnados y equilibrados. Lugo, ha construido una figura orgánica y particular. Saca partido de la ironía, la sugerencia que se entremezclan con frases, consignas conocidas. Crece y maneja el ritmo del espectáculo con singular maestría. Pone este actor todo que ha experimentado y aprendido en años de trabajo con Teatro Rumbo.
Uno de los instantes más interesantes y conmovedores de la puesta es cuando Perancita, viendo sin remedio su situación, toma una bandera cubana, la coloca sobre un telón y se queda extasiada mirándola, para después proferir una entrecortada, pero repetida locación( que enlaza desde luego a Lienzo de una mujer que espera, con uno de los clásicos de nuestro patrimonio musical: El manisero, de Moisés Simons, inmortalizado por Rita Montaner).Maní, maní, será un eco que resuene dentro del teatro Milanés, quizás como recordatorio de lo que se tiene y que aún nos falta. Perancita habla a Felipe, el esposo que la abandonó en plenos años de “Período Especial”, a su vecina, a una imagen, consigo misma, pero no encuentra respuesta alguna, salvo las que ella misma se ofrece. Las difíciles condiciones económicas se le hacen más desesperantes, pero nunca cede. Persevera, no ceja de intentar subsistir, aunque los muchachos que venden dólares no le avisen a tiempo y la “cojan”, otra vez, viendo cucuruchos de maní.
Sobre el Autor
Emmanuel Gil Milián
Licenciado en arte teatral. Miembro de la Asociación de Crítica de la Asociación Hermanos Saíz (AHS)




