Actualizado 12 / 11 / 2018

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La vida de Fausto

Fausto García González / Foto: Carlos Bauta

Fausto García González / Foto: Carlos Bauta

Fausto García González tiene en mucha estima su frágil piel. La guarda del sol con dos camisas de mangas largas abotonadas hasta el cuello, que van por encima de un pullover que cubre su pecho delgado. Un sombrero de pajilla inmuniza su cabeza. Carga además una mochila sobre los hombros y una carpeta bajo el brazo.

Con este atuendo va a misa, hace sus compras, recorre la ciudad de Pinar del Río buscando sitios para dibujar. Si le llama la atención algún edificio se planta ante la fachada y traza el boceto en el acto, como los pintores de antes. Es un pintor de antes.

Su obra expresionista no ha corrido con mucha suerte en los salones de arte de la provincia, donde pocas veces es invitado, quizá porque sus trabajos no encajan con los dictados de la creación moderna, piensa él.

Conversamos en el centro de documentación de Guerrillero. Fausto se complace con el aire acondicionado y el olor a diarios viejos de la sala.

"Es agradable aquí", dice. "En la biblioteca provincial tenían una gran colección de revistas de la época pero las han ido perdiendo por falta de climatización y fumigación.

"Hace unos años quise consultar una Bohemia del 53. Pretendía releer un artículo muy completo sobre la coronación de Isabel II y la seda con que se elaboró el manto real".

¿La halló?

"Me dijeron que el comején se la había comido del todo. En mi casa conservo ese ejemplar, pero le faltan algunas páginas que rasgué de niño.

"Mis folios personales sí están en muy buen estado. Son magazines de los 50. Adoraba una sección de Bohemia que se llamaba Davidcatura, a cargo del matancero Juan David. Semanalmente él hacía una caricatura de personajes de la política, la cultura, los medios, ¡y era genial!

"Fui a la sede de Bohemia porque quería conocerlo personalmente. Con el tiempo nos hicimos buenos amigos.

¿Visitaba usted la Habana con frecuencia?

"Mis compañeros de Planificación Física esperaban los meses de verano para sacar sus vacaciones pero yo prefería disfrutar el invierno. Unas veces en diciembre, otras en enero, marchaba a la capital. Con frecuencia me hospedé en el hotel Lido. Se desayunaba espléndidamente por tres pesos, cuatro, quizá y te atendían con buena cara. Te hablo de los 70. Tú no oías mencionar asaltos. En la Habana Vieja pululaban pocos comerciantes".

¿Y qué hacía por allá?

"Caminar. Recuerdo mi visita al cementero viejo de Guanabacoa. Casi a la entrada hay una losa de mármol que guarda los restos de un oficial español. Su epitafio refiere lo poco que es en realidad la vida, algo así dice: "Caminante, tú ahora pasas por encima de mí y mañana serás polvo, como yo".

Con cada viaje el artista procuraba descubrir historias, respirar el aire de los teatros, admirar el vuelo de los bailarines clásicos, conocer de cerca a los intelectuales prominentes de su tiempo.

"Una vez pedí hospedaje en el Royal Palm. Lo primero que hice cuando llegué a mi habitación fue buscar en la guía telefónica los contactos de la escritora Renée Méndez Capote. Solo encontré el número y la dirección de su hermana Sarah, a quien los niños llamaban Ticticateirum en las Memorias de una cubanita que nació con el siglo.

"A las cinco y media de la tarde siguiente me presenté en su domicilio, en un edificio marrón antiguo de la calle G. Ascendí por las escaleras hasta un portal ancho y vi desde allí a varias señoras muy elegantes abanicándose en un salón.

─ ¿En qué apartamento vive Sara Méndez Capote?, pregunté.

─Yo soy Sara, ¿qué deseas?, dijo la menos elegante de todas.

─Mire, leí el relato de su hermana René y añoro conocerla.

─ Aquí tienes su teléfono, muchacho, me dijo confiada. Yo tenía pocos años, buena presencia y la imagen habla de uno.

"René me recibió dispuesta. Era una mujer afable, culta y contaba las anécdotas de su época de una manera muy sencilla. Se puso contenta cuando le mostré la caricatura que hice para ella, vestida de negro con su boina oscura y el brazo descansando sobre el capó de un Ford de los años 20".

El acusado

Inspirado por la lectura del clásico Cecilia Valdés, el artista ansiaba toparse con un mapa que le ayudara a entender la Habana de 1830. Alguien le recomendó llegarse al Castillo de la Real Fuerza y así lo hizo.

─Aquí tengo lo que buscas, amigo, le dijo uno de los arquitectos encargados del establecimiento. Sobre una gran mesa de caoba el hombre colocó un pliego antiguo que el joven dibujante se dedicó a estudiar en los días subsiguientes. Cada mañana hacía el camino hasta la fortaleza, ataviado con su camisa color caqui, su sombrero de siempre y una cámara Zenit soviética colgada del cuello. Tan blanco y con esa pinta parecía extranjero más que cubano. Después de pasarse varias horas examinando el mapa retornaba a su hotel.

"Uno de esos días me dije: ¡Caramba, por qué no tomas unas fotos en el foso del Castillo de la Real Fuerza y sus alrededores!", evoca. "Había comprado un rollo de 15 asas para un sol intenso. Me embullé a hacer otras imágenes en la plaza de la Catedral. Unos pequeños jugaban en la calle, descalzos, sin camisas, como es común que anden los chicos en los barrios y les pedí que posaran para una foto frente al portón de la Catedral. Ahí fue cuando salieron una serie de personas del Palacio de Lombillo.

─ ¿Usted, qué está haciendo?, preguntó una señora de protección física.

─Hago fotos.

─ ¿A los niños sin zapatos?

─ ¿Y eso qué tiene de malo?, me defendí como pude.

─A ver, identifíquese, ordenaron los otros.

"Abrí mi carné. Dos oficiales vestidos de civil llegaron luego en un Toyota: un hombre y una mujer. Me llevaron hasta la estación de Zanja. Los tres subimos la escalinata y atravesamos el patio hasta una celda.

─ ¿Por qué vienes de vacaciones a la Habana?, inquirió el oficial.

"Ninguna respuesta parecía convencer a aquel interrogador obstinado. Le extrañaba que una persona fotografiara niños descalzos y no muchachitos bien vestidos o cumpleaños". "La mujer, sentada al lado suyo me miraba fijamente y no intervino mientras duró la conversación. Jamás le escuché pronunciar palabra. Era una especie de sicóloga atenta a mis reacciones.

Le dijes, ─Miren, vamos a empezar desde el principio, yo me crié en una familia decente, soy una persona trabajadora...

"Llegó el momento en que aquellos rostros crispados empezaron a cambiar de expresión".

─Vamos a salir un momento a revelar el rollo, compañero. Espérenos en la recepción, indicó el investigador.

"Tres horas estuve expectante, hasta me quedé dormido en mi asiento. Al rato llegó el oficial:

─Ya se puede retirar. Aquí tiene los tres pesos del rollo.

"Así terminó el malentendido. Bajé la escalinata y divisé en el frente el Toyota que me trajo a la estación. La muchacha del interrogatorio iba dentro, sacó la mano contenta en señal de adiós.

Cultura

Fausto nunca ha navegado en internet y se ríe cuando le hablo del virus informático que tiene alojado en la memoria flash, donde guarda las copias digitales de sus trabajos.

─ ¿Quiere que busquemos alguna información en Google?, lo invito.

─Mira a ver que ponen del número 10 de Downing Street.

El número10 de Downing Street es la residencia oficial y oficina de trabajo del Primer Lord del Tesoro y del Primer Ministro del Reino Unido. Me entero por mi entrevistado, que no tiene computadora ni televisor, pero ha cultivado su intelecto con la lectura.

"Si un día pudiera ir a Europa, no me interesaría conocer lo moderno sino lo que existió. Versalles, por ejemplo. Me asombra que durante la Revolución Francesa el pueblo no entrase a ese inmenso palacio para destruirlo.

"París es hermoso. Hace años expuse en la casa Víctor Hugo de la Habana piezas alegóricas al art nouveu cubano y al art nouveu de la capital de los franceses".

¿Cuánto tiempo le toma realizar un trabajo?

"Bastante. A veces me sorprendo agregándole detalles a los cuadros que daba por concluidos. Cuando salga de esta entrevista voy a sentarme frente a la ferretería de Canosa a bosquejar un bicitaxi sin tripulación que quiero anexar a una de mis fachadas".

¿Por qué en sus paisajes urbanos nunca aparecen los hombres?

"No me da tiempo a agarrarlos, se mueven muy rápido".

¿Qué fue lo primero que pintó?

"La Ermita de la Caridad del Cobre. Imagina a un niño de la calle Cuarteles sentado en el portal con su libreta de dibujos, solo.

"Mi casa estaba elevada a un metro de la acera. Tenía un sótano y un patio sembrado de chayotes, guayabas y mangos al que se accedía descendiendo una escalera de madera. Nunca bajaba a no ser de la mano de alguno de mis padres. Había tanto silencio que a veces pasaba por la cocina y salía corriendo a abrazar a mi madre pues sentía que alguien me halaba de las orejas.

"Nunca se discutió delante de mí, no supe lo que era una riña. Así me crié y vivo aun. Me cuido y alimento bien, no tengo que salir a la calle a vender nada. Trabajo en paz, ¡qué más pedir!"

Cuando enciende su Bef la casa se ilumina. A veces telefonea a los programas interactivos y comenta los temas del día o participa en los concursos para radioyentes. La antena de su equipo capta sin dificultad la señal de la Radio Católica Mundial.

"En los días de la elección del nuevo pontífice puse más interés a las noticias, al asunto del humo negro y el humo blanco. Envisten al papa Francisco e inmediatamente corro a llamar al párroco de la Catedral para contarle la eventualidad.

─ ¿Y usted cómo lo supo? ¿Está seguro?, me preguntó el padre Antonio.

─Estoy oyendo la algarabía de la multitud de San Pedro, le contesté.

─Muy bien, hijo, voy a llamar al Obispado ahora.

"Pensé que las campanas iban a echarse a volar, pero no ocurrió nada. ¡Cuánta pasividad!"

¿Va siempre a misa?

"No puedo faltar. Desde mi banco canto los salmos. Ello me hace un bien extraordinario. Hablando de eso, a las cuatro tengo ensayo del coro de la iglesia", recuerda y se alista para partir. Luego pasará por la ferretería a pintar el bicitaxi y en la noche verá el programa Con dos que se quieran 2 en casa de una vecina. Desde hace un tiempo inició una serie de caricaturas de los invitados famosos de Amaury Pérez. Mañana hará otro tanto. Fausto tiene 72 años y crea a cada instante".

Saludo de Carmen. 1998. Tempera sobre cartulinaSaludo de Carmen. 1998. Tempera sobre cartulina

Casa Condes de jaruco, plaza ViejaCasa Condes de jaruco, plaza Vieja

Tarde de veranoTarde de verano

Calles Marti y Cuarteles Pinar del RìoCalles Marti y Cuarteles Pinar del Rìo

Casa Art Novo Centro HabanaCasa Art Novo Centro Habana

Catedral PinareñaCatedral Pinareña

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

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