Sobre libros y editoriales
- Escrito por Susana Rodríguez Ortega
Luis Enrique Rodríguez Ortega (Kike), director del Centro de Promoción y Desarrollo de la Literatura Hermanos Loynaz.
El 31 de marzo de 1959, tres meses después del triunfo revolucionario, se creó a propuesta de Fidel, la Imprenta Nacional de Cuba.
Eran tiempos de ajetreo, de sueños que se tenían en la noche y se concretaban a la mañana siguiente. Surgía así el Día del Libro Cubano y el pueblo de los humildes se iniciaba en la lectura de obras de la literatura universal, hasta entonces exclusivas solo para una elite.
Cuentan que el primer volumen publicado fue El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, del grande Miguel de Cervantes y Saavedra. Se tiraron 400 000 ejemplares y las personas podían adquirirlos por el módico precio de 25 centavos. Alejo Carpentier era entonces el director de la institución.
Cuando la Campaña de Alfabetización, en 1961, se editaron en la Imprenta, las cartillas Alfabeticemos y Venceremos, que los maestros voluntarios repasaban a los campesinos, incapaces de estampar su propio nombre en el papel o calcular el costo de las cosechas.
“Luego surgieron el Instituto Cubano del Libro (1967), los Centros Provinciales del libro (1987) y un sistema de editoriales nacionales.
Eran probablemente 9 casas editoriales importantes”, cuenta Luis Enrique Rodríguez Ortega (Kike), director del Centro de Promoción y Desarrollo de la Literatura Hermanos Loynaz. “Por último, se empezó a configurar un sistema de ediciones territoriales”, explica.
¿Cuándo nació la editorial Hermanos Loynaz?
“En el año 91, aunque el Centro de Promoción y Desarrollo de la Literatura existía desde el 19 de febrero de 1990. El primer librito que sacamos a la luz fue Un dulce olor de azahares de Aurora Martínez, con edición de Rafael Bernal Castellano y cubierta del artista de la plástica Silvio Martínez, que hoy vive en Colombia, pero es una persona importante que mantiene vínculos con nosotros.
“Llegó el período especial y empezaron a escasear el papel, todos los recursos. Del 91 al 2000 solo se pudieron publicar 70 títulos y ello con mucho esfuerzo.
“Los Centros Provinciales del Libro tuvieron que vender sombreros, cantimploras y jarritos plásticos para sobrevivir la crisis. Las ideas se fueron al piso. Los proyectos se congelaron.
“Ya para el año 2000 se pudo materializar el sueño de una pequeña imprenta en cada provincia del país. Contábamos con una máquina Rizo, una guillotina y una presilladora. Hacíamos libros sencillos con carátulas en blanco y negro. Era una oportunidad para que los escritores inéditos dieran a conocer su obra sin tener que competir en los grandes circuitos literarios de la capital.
“Las provincias que aún no creaban su editorial, incluido el municipio especial Isla de la Juventud, aprovecharon la coyuntura. El sistema de ediciones territoriales comprende actualmente 22 centros a lo largo de la Isla”.
La editorial pinareña presentó este año 42 títulos, la cifra más alta en toda su historia. ¿Cómo alcanzaron este resultado?
“Contamos con un capital humano de excelencia, gente que sabe imprimir, picar un libro en la guillotina, editar, diseñar, ilustrar, escribir, vender. Aprovecho para agradecer el esmero de las libreras y libreros pinareños.
“El proceso de producción es prácticamente artesanal. Una persona que se llama Nanchy López, presilla libro a libro.
“La tecnología que usamos es obsoleta. Cuando se rompe la Rizo llamamos a Tony, de Copextel y él se encarga. Las cuatro ligas de la impresora se quebraron y él las sustituyó con ligas de preservativo.
“El plan del año lo concebimos en un cliente ligero que tiene dos discos duros, uno para la promoción y otro dedicado a la edición y diseño. El cliente está conectado a la impresora y se usa además para revisar las notas de promoción”.
¿Cómo funciona el consejo editorial?
“Un comité de lectores evalúa las propuestas, decide si el libro es bueno o no. Se realiza luego un análisis genérico del conjunto de los títulos seleccionados y se resuelve: ´Publicaremos este año tres de poesía, dos de narrativa, cuatro infantiles y cinco de historia...'”
¿Qué libros se agotan más rápido en las librerías y estanquillos?
Los de deporte. También gusta mucho la literatura infantil.
¿Cuáles tienen más lenta salida?
“Los cuadernos de poesía. Regulamos las tiradas según la demanda que suponemos tendrá el libro. Si nos equivocamos, rectificamos después con una reedición.
“El Centro Hermanos Loynaz complementa el trabajo de la editorial, garantiza que todos los libros se promuevan, sean presentados, circulen por las diferentes librerías del país y sean archivados en las bibliotecas provincial y nacional.
Hay en la institución un salón de artes plásticas, varios patios con peñas habituales y un pequeño museo con bienes patrimoniales que pertenecieron a Dulce María Loynaz y su familia.
La institución ofrece talleres de creación infantil, postrados de edición de textos literarios y de diseño entre otras acciones culturales y convoca anualmente dos prestigiosos concursos: El premio Chicuelo, de narrativa infantil, que se otorga a un autor pinareño y el premio Hermanos Loynaz, abierto a todos los escritores cubanos residentes en el país, cultores de poesía y narrativa para adultos y literatura infantil.
“Muchos autores añoran tener en su vitrina ese trofeo que obsequiamos y ese libro publicado por ediciones Loynaz. Busca el nombre de los que ya ganaron el galardón y observa hacia donde evolucionaron después como escritores. Fíjate en los jurados y juzga si son, o no, voces autorizadas”, concluye Kike.
Sobre el Autor
Susana Rodríguez Ortega
Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.




