Platanito es del pueblo
- Escrito por Susana Rodríguez Ortega
Irrumpió en la sala por el lateral derecho del auditorio y fue dando saltillos hasta el escenario. Algunos, a su paso, le palmotearon el hombro y le acariciaron la moñita blanca. En la planta alta del cine Praga el público se levantó de los asientos para observar mejor la entrada triunfal del artista de 79 años, con su camisa amarilla de satín y una corbata roja colgándole del cuello como el péndulo de un reloj loco. Se juntó luego con el resto de los músicos en escena y anunció que ese 18 de febrero, el combo Los Brutos celebraba 54 años de existencia.
¿Por qué crees que sigan vivos Los Brutos, Plátano, si la música que tocan y defienden, esa música de los sesenta, es cosa del pasado?, le pregunto días después del concierto. Conversamos en el pequeño local de los correctores en el periódico Guerrillero.
“Hay poesía en las canciones de la Década Prodigiosa, sus letras hablan de cosas sencillas y hermosas que hacen falta para vivir, cosas como el mar, la mujer bonita, el amor”, explica.
“Mantenemos la misma línea musical de aquellos tiempos pero el pueblo sigue nuestro trabajo. Mira, mijita, hay veces que no puedo caminar por las calles de Pinar del Río porque me paran: ´¿Dónde van a tocar? ¿Qué están haciendo? ¡Oye, te vi!, ¡Qué bien te quedó el concierto!´ Así constantemente, como la constante Pi 3,14”.
¿Y las fanáticas?
“No me busques líos por la prensa, niña. Tengo muchas mujeres amigas mías y una compañera querida, Odalis Santoyo”.
¿Cuándo descubriste que te gustaba cantar?
“Desde que era un niño me ponían a entonar el himno de Bayamo en los actos cívicos de la escuela. Decían que afinaba bien”.
¿Eras buen estudiante?
“Cursé hasta el sexto grado, que era una hazaña por entonces. Yo aprendía bien lo que explicaban los maestros, pero tuve que dejar los estudios y empezar a trabajar para ganarme lo mío y ayudar en la casa.
“Mi infancia fue bastante triste. Vine a usar mis primeros zapatos como a los 14 años, pues en mi familia no había quien me ayudara a estar vestido como una persona. Vivía con unos tíos porque los padres míos se murieron jóvenes.
“Estuve de ayudante de mecánico en el taller de Abelardito Ramírez y en el ´61 me cambié para los talleres de Transporte Provincial.
Allí trabajé hasta el año pasado”.
Yo te imaginaba solo como músico...
“Pero le sé también a la mecánica. Un día lo dije en la televisión y las personas se sorprendieron”.
Cuéntame cómo te iniciaste en el mundo del arte.
“En la librería Ateneo, esa que está en la esquina, tocaba una agrupación que se llamaba Discos y Libros. Un día estaban ensayando y les dije: ‘chicos, ¿puedo cantar una canción?’ Y dijeron: ‘Dale canta’. Se volvieron locos conmigo y me propusieron quedarme. Y ahí fue cuando empecé mi vida como cantante de agrupación musical.
“En el año ´63 creé mi propio grupo y le puse Los Calipsos. Cuando aquello estaba de moda el ritmo calipso y por to’ Pinar del Río tocábamos itinerantes. Hasta 10 veces en el día nos presentábamos en un sitio y en otro, porque había una escasez tremenda de conjuntos musicales en la provincia. Empatábamos el lunes con el lunes, sin descanso.
“Luego empezaron a visitar la Isla grupos de Checoslovaquia que tocaban en su idioma natal rock and roll y baladas. Nosotros los mirábamos lelos. Imagínate, prácticamente desconocíamos aquel mundo”.
¿Cuándo nació el combo Los Brutos?
“El 90 por ciento de los integrantes de Los Calipsos eran universitarios y como es sabido, a los estudiantes les gusta estar a la moda de su época. Había pasado el tiempo de aquella música caribeña que tocábamos y los muchachos decidieron cambiarse el nombre. ¿Por cuál nombre? Al fondo de la Panamericana, en un local que pertenecía a Cultura, discutían como niños sin llegar a un acuerdo. Eran las 12 y pico de la noche y yo estaba en un rincón, acostumbrándome a la idea de que Los Calipsos dejaran de ser Los Calipsos.
“‘¿Por qué no se ponen Los Brutos?’, les dije con roña. ‘Sí, porque si ustedes van a una fiesta, se pelean; si están encima del escenario, se portan mal; si hay una cerveza, se fajan por la cerveza; y si hay una mujer compiten por la misma mujer’.
“Y les gustó llamarse Los Brutos, mi amiga. ¿El por qué les gustó? Ah, porque los nombres extraños pegaban mucho. Estaban Los Monkies, Los Escarabajos, Los Mustang”.
Hacia el año 1968, empezaron a llegar a las vegas de Vueltabajo chicas procedentes de los preuniversitarios de La Habana. Eran los preludios de la escuela al campo. Las muchachas, “de lindos ojos café”, pasaban el día con las ropas y las manos pegajosas de meluza de tabaco y en las noches movían los cuerpos al ritmo de las melodías de la Década... interpretadas por un tal Platanito y su combo.
“Cuando se hacían los chequeos de emulación se unían todos los campamentos. Yo nunca había visto tantas mujeres juntas: 500, 1 000.
“Casi todas las noches parqueaban frente a mi casa cuatro o cinco camiones que me querían llevar para los distintos campamentos, y yo, para no embarcarlos, les decía a los choferes: ´Tú me esperas a las nueve de la noche, tú a las 12, tú a las cuatro de la mañana y tú a las cinco'.
“Empezó a hacerse grande el movimiento de aficionados. Viajamos 27 días desde Pinar del Río hasta el batallón fronterizo de Guantánamo con la Caravana de la Solidaridad, organizada por la dirección nacional de los CDR. Íbamos tocando de pueblo en pueblo. Nos acostábamos a las tres de la mañana y a las seis la caravana se ponía en marcha de nuevo.
“Amo a Los Brutos por el trabajo tan histórico que hicimos”, dice Platanito, heredero del mote de su padre, que una vez mezcló alcohol con plátano, cayó enfermo en el hospital y perdió su nombre para siempre.
Platanito se llama Simeón Osvaldo Álvarez Torres y quizás muchos ignoren que vivió 34 años sin mujer. Él solo crió a sus dos hijos y los hizo médicos. Lloró la muerte de uno de sus retoños. Trabajó toda la vida en un taller de mecánica y canta desde que tiene uso de razón porque ama lo que se siente arriba de un escenario.
“Sobre el escenario soy un niño de 17 y no el viejo que está delante de ti. Puedo estar cuatro horas de pie y no pasa nada”.
Sé que es dura la vida de un músico de provincia, le comento.
“Puntos suspensivos”, Plátano se echa a reír y disimula la risa con su mano en la boca. “Hay que trabajar en Guane, Mantua, Sandino, La Coloma. Hay que partir temprano y regresar de madrugada. No duermes. Te juegas la vida en la carretera.
“Pensar en las cuestiones que hay que resolver basta para volverte un poco problemático. Que si los instrumentos rotos, que si el local para ensayar, el ruido que molesta a los vecinos, el transporte, las contrataciones... Hay veces que tienes trabajo y otras que no”.
¿Es cierto que una vez te cogió la corriente y empezaste a cantar ese famoso estribillo: ‘Quiten el catao que estoy pegao’?
“Ah, eso es mentira. Cuando uno está en la lengua del pueblo, cualquier cosa que pase te la achacan”.
¿Cuál es tu canción preferida?
“Te quiero así, de Los Bravos”.
¿Y el grupo que más te gusta?
“Fórmula V. Mi repertorio prácticamente es de los Fórmula V”.
Cuando Paco Pastor, el cantante insigne del grupo español, visitó la provincia, Los Brutos tocaron con él en el Palacio de los Matrimonios. Plátano casi se infarta esa noche de tanta alegría que sintió en el pecho.
“Tito Osaba, presentador de espectáculos y documentalista, tiene una hija que trabaja en una de las agencias de Paco en España. Un día la muchacha le habló de mí y el músico quiso conocerme.
“Cuando Tito me contó que Paco venía pensé que era chiveta. Cantamos 10 canciones juntos. Fue el momento más importante de mi carrera”.
¿Qué canción de tu repertorio prefiere el público?
“La Bamba. No sé cuál es el misterio”.
Suena La Bamba en el cine Praga y un tren de gentes da dos vueltas a la platea. El tren se desintegra luego. El artista baja del estrado, dos hombres lo cargan en hombros. Las personas se aproximan, hacen círculo a su alrededor, lo abrazan como se abraza a los amigos. Platanito ya no se pertenece a sí mismo, es del pueblo.

Sobre el Autor
Susana Rodríguez Ortega
Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.