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A mucha honra…

El alcalde honrado

Carlos Arniches es uno de los dramaturgos más relevantes del teatro español de principios del siglo XX. Su extensísima producción teatral recoge géneros como el sainete, la tragedia grotesca, la comedia y la zarzuela, impregnados de ese Madrid castizo que tan característico hizo su teatro. Su ineludible contribución a la renovación del humor en las primeras décadas del siglo pasado, lo sitúa como uno de los autores teatrales relevantes de su época.

Su obra El alcalde honrado, fue estrenada en el teatro José Jacinto Milanés, por la compañía de teatro lirico Ernesto Lecuona, los días 24, 25 y 26 de febrero, conducida por Dunieski Jo Quintana, bajo la dirección general de Francisco Alonso. Dunieski, ha versionado El alcalde honrado, exhibiendo como representación teatral A mucha honra, propuesta que huele a trigo, a fuego, a sangre y hasta a alguna verdad camuflada; ha querido que Carlos Arniches se convierta de nuevo en estrella y su alcalde en el protagonista de una conducta tan de actualidad que podría ocupar uno de los grandes titulares de los comentarios locales. Cuando falta la maestría, originalidad y refinamiento técnico, la cultura no permite tender puentes, sino crear muros que frenen la auténtica creación y la imaginación. La pretensión estuvo empedrada y bloqueada por ambientaciones difusas, inexpertas manipulaciones técnicas y hasta improvisaciones en la colocación de la iluminación, con negativos resultados para la apreciación de la puesta como un conjunto de sucesos en proceso y no de partes aisladas e incoherentes. El foso, mal iluminado, funcionó como barrera
interpretativa de los espectadores en una constante lucha por la abstracción escénica y la realidad del texto. El teatro contemporáneo necesita mover el pensamiento crítico a partir del desarrollado de una escritura dramática, con un alto componente poético que avance por esta vía de problematización de su propia posibilidad de representación (escénica), la cual en esta ocasión, mostró pequeñas fisuras en la utilización del espacio escénico por algunos actores, así como la funcionalidad del maquillaje y la escenografía. Las dificultades y malos hábitos en la sociedad cubana contemporánea no pueden expresarse ni explicarse con un grado de confusión, perplejidad o caos, unido a la imposibilidad de una idea de totalidad, coherencia o sentido lógico que ordene toda la realidad. No se trata de retomar la ambición del pensamiento simple de controlar y dominar lo real, sino de ejercitarse en un pensamiento capaz de dialogar, de negociar, con la realidad a partir de la prudencia y la razón. A mucha honra pudo resultar el punto de partida para iniciar nuevas etapas dentro de las versiones dramatúrgicas pinareñas alejadas de los textos usados, las improvisaciones ligeras y de moda en telenovelas foráneas, muy bien representadas por los maestros de la actuación brasilera, pero muy distantes de la realidad actual vueltabajera. Mediante el uso adecuado de la iluminación escénica, la musicalización, el maquillaje de caracterización, la peluquería y a través del trabajo con los componentes materiales y físicos, se busca el acercamiento de la escena al espectador, hacerla más inmediata sensorialmente hasta (re)presentarla como un espacio de acontecimientos escénicos. El equipo técnico del majestuoso “José Jacinto Milanés” debe integrarse a la obra coherentemente para irrumpir como un acontecimiento aquí y ahora, porque en el teatro como disciplina colectiva acontecen las palabras, los sonidos o los movimientos, como si fueran fenómenos atmosféricos, haciéndose reales en su inmediatez física, más allá de su posible construcción como representación personal de liberales y conservadores... Desde esta travesía, el teatro se alza en el horizonte artístico de la provincia como la utopía por excelencia de la palabra poética, tratando de escapar del papel para convertirse en algo real y efímero, como un puro y simple suceso cultural, sin más trascendencia que la digna interpretación de estos artistas. Estas estrategias para forzar textos antiguos y actores jóvenes, en los comportamientos como prácticas regionales, ponen al descubierto los intereses que sostienen los discursos dramatúrgicos instantáneos. Así, el propio lenguaje, a través de la paradoja, renuncia a su capacidad trascendental para quedarse en la superficie de su enunciación, a mucha honra.

Sobre el Autor

Heriberto Acanda Ramos

Heriberto Acanda Ramos

Director general en Galería de Arte Arturo Regueiro en Pinar del Río, Cuba.

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