Che Guevara: paradigma de los hombres sin miedo
- Escrito por Susana Rodríguez Ortega
Entre el nueve y el 10 de octubre de 1967, la lavandería del hospital de Vallegrande exhibió los restos del guerrillero Ernesto Guevara de la Serna, asesinado vilmente en la Higuera por el ejército boliviano.
Tenía el pelo largo y ralo, el cuerpo delgadísimo y los ojos abiertos todavía. "Jesucristo nomás era": lo describió Susana Osinaga, una de las enfermeras que ayudó a lavar el cadáver del comandante argentino-cubano.
Cuentan que durante sus últimos días en la selva boliviana el Che creó la rutina de asistir a los lugareños extrayéndoles los molares dañados. Los campesinos agradecidos empezaron a llamarle `El doctor Fernando sacamuelas`.
¿Qué espíritu aventurero albergaba?, ¿qué fuerza lo animó a luchar sin tregua por la independencia de los pueblos?, ¿de qué materia estaba hecho aquel hombre sin miedo?
El recuerdo de su hogar, la añoranza de los hijos y el deseo de abrazar a su esposa Aleida le oprimían el corazón durante las frías noches del Ñacahuasú. En la única misiva que consiguió enviarle a su mujer desde aquel lejano paraje escribió:
“Te podría decir que te extraño hasta el punto de perder el sueño, pero sé que no me creerías de manera que me abstengo. Pero hay días en que la morriña avanza incon¬tenible y se posesiona de mí. En navidad y Año nuevo, sobre todo, no sabes cómo extraño tus lágrimas rituales, bajo un cielo de estrellas nuevas que me recordaba lo poco que le he sacado a la vida en el orden personal […] Dale un beso a los pedacitos de carne, a todo el resto y recibe el beso preñado de suspiros y otras congojas de tu pobre y pelado marido”.
Con profundo agradecimiento lo evoca el pueblo cubano a 52 años de su partida, pues muy grande fue el legado que dejó en esta tierra.
“Che era un maestro de la guerra, Che era un artista de la lucha guerrillera (...) lo demostró en su fulminante campaña en Las Villas; y lo demostró, sobre todo, en su audaz ataque a la ciudad de Santa Clara, penetrando con una columna de apenas 300 hombres en una ciudad defendida por tanques, artillería y miles de soldados de infantería”, expresó el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz aludiendo al coraje de quien fuera su gran amigo.
Guevara desarrolló además un papel crucial en la edificación de la Cuba nueva como presidente del Banco Nacional, Ministro de Industrias y representante de la Isla en diversas convenciones y eventos internacionales.
La integridad y la excelencia lo acompañaron en las múltiples actividades que asumió con total creatividad y disposición a lo largo de su vida, entre ellas, el periodismo. Fue artífice junto a Fidel de la creación de Radio Rebelde, emisora que actualizaba al pueblo cubano sobre las incidencias diarias de la lucha en la Sierra Maestra. Sus “Pasajes de la guerra revolucionaria 1956-1959” y las crónicas del diario que llevó en Bolivia, son obras maestras que cautivan al lector y lo atrapan hasta la última página.
La profunda humanidad del Che, el compromiso entablado con los pobres de la tierra, su fidelidad sin límites y su enorme sacrificio, le hicieron un ejemplo a seguir para millones de personas en el mundo. Sus captores y asesinos no presentían lo que causaban arrebatando el aliento vital de aquel ser excepcional. Con la muerte sobrevino la leyenda; como diría el poeta argentino Juan Gelman:
“…Se fue Guevara una mañana y / otra mañana volvió y siempre / ha de volver a este país aunque no sea / más que / para mirarnos un poco un gran poquito y / ¿quién se habrá de aguantar? / ¿quién habrá de aguantarle la mirada?”.

Sobre el Autor
Susana Rodríguez Ortega
Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.