Actualizado 15 / 09 / 2019

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Decir adiós a las malas conductas

Pareja con puntos de vista diferente

Criterios, razonamientos, puntos de vistas diferentes entre dos o más personas ocurren diariamente, pero no por eso hay que faltar el respeto al interlocutor con el cual se nos presenta esa situación, y mucho menos encaminar la solución partiendo de comentarios subidos de tono, ni expresiones groseras e hirientes.

Al tratar el tema en este segmento debemos recordar que el respeto se demuestra de muchas maneras. Un individuo lo puede hacer cuando habla y actúa civilmente, evitando insultos, comentarios crueles o lenguaje crudo o vulgar. En muchos jóvenes, actualmente, afloran no obstante, normas de conducta contrarias por completo a estos preceptos.

Tanto en la escuela, en la calle, como en la propia casa se expresan con voz atronadora, exigen derechos inmerecidos como decidir qué programa de televisión debe ver toda la familia, aunque sea a él solo a quien le guste.

También rompen la paz del hogar y de los vecinos cercanos cuando sintonizan una música a altos volúmenes, muchas de ellas con una letra banal, que puede conceptuarse en el término de la seudocultura.

No son pocos los padres que se quejan de que sus hijos adolescentes o jóvenes son cada vez más desobedientes y tienden en ocasiones, a presentar una actitud vulgar en su comportamiento diario.

Algunos de esos papás y mamás son muy buenos trabajadores, pero en la etapa que debían dedicar un mayor tiempo a sus hijos para conseguir su formación correcta, invirtieron más horas en sus ocupaciones laborales y no transmitieron la seguridad y la comprensión que sus descendientes requerían.

En un hogar donde exista armonía y la preocupación de padres y abuelos por el fomento de buenos hábitos de conducta en los más pequeños, no habrá que lamentar males mayores cuando lleguen a la adolescencia.

Conversar con ellos, persuadirlos con afecto de que están en un error contribuye a lograr una compenetración mutua.

Los padres deben estar pendientes, tanto cuando el niño es pequeño como cuando entra en la edad de la adolescencia o la juventud, de con quién se reúne, cuál es su compañero más cercano en la escuela o en el juego cotidiano.

Las malas conductas por lo general se imitan, y el lenguaje irrespetuoso y los modales vulgares desdichadamente se pegan con facilidad.

Hay alumnos que contestan de forma descompuesta a su maestra o a sus propios progenitores y utilizan esa jerga callejera como lenguaje común.

Pero todo esto tiene sus antecedentes, por lo general, cuando los niños no son bien guiados por sus padres u otros familiares y no les enseñan a respetar a las demás personas.

Es necesario practicar formas de comunicación respetuosas con nuestros descendientes desde los primeros años de vida, y hacerles ver cómo resolver conflictos sin utilizar la violencia.

Resulta igualmente oportuno enseñarles a respetar las costumbres familiares, cómo honrar a los ancianos, y ayudar en la comunidad a quien lo necesite.

En todos los tiempos ha existido preocupación por el cumplimiento de normas de conducta respetuosas y en el siglo XVIII el escritor irlandés Laurence Sterne dijo: “El respeto por nosotros mismos guía nuestra moral; el respeto por otros guía nuestras maneras”.

Y para finalizar recordemos esta reflexión del filósofo chino Confucio, quien sentenció antes de nuestra era: “Sin sentimiento de respeto, no hay forma de distinguir los hombres de las bestias”.

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