Actualizado 23 / 08 / 2019

buscar en guerrillero

Facebook Twitter Twitter Youtube  Rss 

23ºC
33ºC
Estado del tiempo en Pinar del Río

El nacimiento de un mito

Pintura de la exposición Guerrillero del tiempo. Autor: Erik Olivera

Pintura de la exposición Guerrillero del tiempo. Autor: Erik Olivera

Miles de cubanos se reunieron en la emblemática fortaleza de Columbia la noche del ocho de enero de 1959 para atestiguar la primera alocución de Fidel Castro tras el triunfo de la Revolución.

La Habana recién abría sus puertas a la Caravana de la Libertad y una paloma blanca se posó en el hombro del jefe guerrillero, héroe de la Sierra Maestra y líder de una gesta protagonizada por el pueblo en su lucha contra la tiranía.

En la paloma vio la gente un mensaje de prosperidad. Por un segundo todos enmudecieron ante aquella visión insólita. La voz del Comandante rebelde era el único sonido perceptible en aquel lugar.

Esa mística lo seguiría el resto de su vida. Fue ciertamente un defensor de la paz y llevó luz a todos los sitios que pisaron sus pies.

Tenía magnetismo para lidiar con las personas, una gracia natural que lo acompañó desde el primer llanto, incluso desde antes, en el vientre de su madre.

Cuentan que la víspera de su nacimiento, vientos de tormenta soplaron en el pueblo de Birán. Lina Ruz andaba sola por los campos y era prácticamente de noche. El animal sobre el que cabalgaba se asustó con los truenos y la dejó caer al suelo, pero aquel golpe no trajo consecuencias serias para ella ni para su bebé.

El parto fue realmente difícil porque el tamaño del feto era considerable y esto hizo que su madre lo llamara en lo adelante El Caballo.

Mientras sostenía a su hijo en brazos, Lina no podía sospechar el destino grandioso que lo aguardaba. Sobre su seno dormía, ligero como un querubín, el futuro presidente de Cuba, el Comandante en Jefe de una nación que lo veneraría como a un padre o a un profeta.

Sobre Fidel escribió el periodista uruguayo Eduardo Galeano: «...Sus enemigos no dicen que no fue por posar para la Historia que puso el pecho a las balas cuando vino la invasión, que enfrentó a los huracanes de igual a igual, de huracán a huracán, que sobrevivió a 637 atentados, que su contagiosa energía fue decisiva para convertir una colonia en Patria, y que no fue por hechizo de Mandinga ni por milagro de Dios que esa nueva Patria pudo sobrevivir a 10 presidentes de los Estados Unidos, que tenían puesta la servilleta para almorzarla con cuchillo y tenedor.

«…Sus enemigos no dicen que esa hazaña fue obra del sacrificio de su pueblo, pero también fue obra de la tozuda voluntad y el anticuado sentido del honor de este caballero que siempre se batió por los perdedores, como aquel famoso colega suyo de los campos de Castilla».

El autor de Las venas abiertas de América Latina se cuestionó además: «¿Deja de ser admirable la porfiada valentía de esta isla minúscula, condenada a la soledad, en un mundo donde el servilismo es alta virtud o prueba de talento? Para los latinoamericanos, que ya estamos cumpliendo cinco siglos de humillación, es un símbolo entrañable».

Fidel se echó sobre la espalda el peso completo del país y sus habitantes y por eso a veces no dormía o el sueño era tan agitado que despertaba mil veces sin conseguir descansar. Aprendió sobre la marcha a resistir crisis, buscar soluciones ante las carencias, infundir ánimo, resistir afrentas y actuar con dignidad.

No quiso que le rindiéramos honores a estatuas suyas ni que su nombre presidiera avenidas o escuelas tras su muerte; pero su presencia late en otros sitios más entrañables que las plazas públicas o los museos: Fidel está en el alma de todos aquellos a los que tocó con su infinita bondad.

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Red 2.0

Aplicación móvil
Extensión para su navegador

Periódico Guerrillero