José Antonio Echevarría: Un hombre justo
- Escrito por Susana Rodríguez Ortega
José Antonio Echevarría.
El 16 de julio de 1932 la ciudad de Cárdenas (Matanzas) vio nacer a uno de sus hijos más ilustres: José Antonio Jesús del Carmen Echeverría Bianchi.
Era un niño alegre, de ojos chispeantes y rostro redondo y sonrosado como una manzana, de ahí el sobrenombre que siempre le acompañó: Manzanita.
Sus crisis de asma no le impidieron vincularse a actividades deportivas como la natación, el remo y el baloncesto. Cuentan que era bueno en matemáticas y pintaba maravillosamente bien, cualidades que más adelante le condujeron a decidirse por el estudio de la arquitectura. También sentía afición por la música y el teatro.
Hacia 1950 matriculó en la Universidad de La Habana, centro donde desplegó una amplia labor revolucionaria participando en numerosas acciones como la demostración de apoyo a los puertorriqueños que asaltaron en San Juan de Puerto Rico, la sede del gobernador títere impuesto por los Estados Unidos.
José Antonio se opuso además al golpe de Estado orquestado por Batista el 10 de marzo de 1952 y organizó una huelga estudiantil en los diferentes centros de enseñanza secundaria, lo que le llevó a recorrer prácticamente todo el país.
Acompañado por sus compañeros de estudio protestó contra la dictadura batistiana frente al palco del presidente en pleno carnaval habanero, por lo que fue detenido en el Castillo del Príncipe.
En 1954 lo nombran presidente de la FEU (Federación Estudiantil Universitaria), trinchera desde la que aunó fuerzas para la lucha contra la tiranía, promovió importantes reformas y estimuló la vida cultural en los predios de la casa de altos estudios, potenciando exposiciones, presentaciones de ballet y conciertos de importantes artistas cubanos.
Su lucha fue incansable. Aquel muchacho robusto, fanático de las cervezas y de las canciones del Benny, apenas tenía tiempo para las novias. Su prioridad no era otra que la Patria.
“José Antonio era el primero en todas las manifestaciones. Más de una vez cayó herido por los golpes y las represiones de la tiranía(...) Lo recordamos alegre y sereno, fiero en la lucha, afable en el trato, carismático, orientador en la tribuna, unitario y radical, severo en la crítica, humano, justo, desinteresado, modesto, amigo y compañero(...) Surgió de la masa abriéndose paso a fuerza de estudio y coraje, pues su expediente académico va aparejado con su trayectoria de líder estudiantil (...) Constituye una referencia necesaria en el proceso histórico, ya que su ejemplo y su nombre están vinculados a la obra creadora de la patria”, declaró su compañero Juan Nuiry, uno de los asaltantes a Radio Reloj, hecho que le costó la vida a Manzanita.
En agosto de 1956 se reunió en México con Fidel Castro y suscribió de conjunto con este la Carta de México; documento en el que se conjugaban los intereses del movimiento revolucionario y del estudiantado en aras de destruir la tiranía y establecer un proyecto próspero por el bien del pueblo cubano.
José Antonio fue el artífice principal del Asalto a Palacio Presidencial y la toma de Radio Reloj acontecidos el 13 de marzo de 1957. En cuanto tuvo en sus manos los micrófonos del edificio Radiocentro, se dirigió con voz firme y apasionada a los oyentes:
“¡Pueblo de Cuba! En estos momentos acaba de ser ajusticiado revolucionariamente el dictador Fulgencio Batista. En su propia madriguera del Palacio Presidencial, el pueblo de Cuba ha ido a ajustarle cuentas. Y somos nosotros, el Directorio Revolucionario, los que en nombre de la Revolución Cubana hemos dado el tiro de gracia a este régimen de oprobio….”
Minutos más tarde, el automóvil en que viajaba fue interceptado por un carro de la policía a un costado de la Universidad. Su amigo Fructuoso Rodríguez describió así aquel momento:
«El Gordo cayó como un valiente. Con desprecio absoluto de su vida avanzó sobre una perseguidora y les disparó por la ventanilla. Cayó al suelo y volvió a pararse sobre sus rodillas y sacando un revólver (que le había quitado a un soldado) volvió a tirar por la ventanilla para dentro: en ese momento una ráfaga de ametralladora lo remató».
Allí sobre el pavimento, se estrellaron de súbito sus 25 años. Acababa de morir un hombre justo; pero recién nacía su leyenda.
Sobre el Autor
Susana Rodríguez Ortega
Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.




