De Facebook y sus jergas a la moda actual
- Escrito por Ariel Torres Amador
Hace algún tiempo atrás no era tan alarmante, existía siempre quien quería destacar con alguna que otra excentricidad, pero no pasaba mucho más allá de eso.
No obstante, alarmante resulta que con el decursar del tiempo, tales “excéntricos” han dejado de ser aquellos pocos para convertirse en una masa, un movimiento, una tendencia… para nada favorable.
Hablo explícitamente de la moda imperante hoy entre los más jóvenes dentro de las llamadas redes sociales como Facebook o Instagram. En ellas se cierne la sombría pesadilla de cualquier escribano o defensor de la palabra escrita.
A ciencia cierta nadie domina de dónde surgió tal “movimiento”, pero lo cierto es que cada vez adquiere más fuerza, al tiempo que va adoptando nuevas formas, muta, involuciona.
La “moda” reside entre otras cosas en adoptar posturas especiales que pudieran denotar superioridad, valentía (guapería), e incluso violencia; usar espejuelos sui géneris con lentes triangulares, multicolores y por último y más importante: la utilización de un nombre no ordinario redactado en un dialecto cercano a lo ininteligible, basado en caracteres cirílicos, eslávicos y otros para establecer comunicación y autoproclamarse en los referidos perfiles personales.
Quizás algunos de nuestros lectores ciberconectados han podido percatarse de este fenómeno juvenil, pero si usted que lee no domina el mundo de la informática se lo resumo.
Este grupo de personas suele llamarse o autotitularse “durako”. Pero ojo, no cualquiera puede serlo. Para ello los que aspiren a tal club deben ser adictos al trap (subgénero musical destilado del rap y proveniente del argot estadounidense para denominar el lugar donde se venden drogas), andar con una bocina o celular con dicha música y feminizarlo todo con la mayor cantidad de términos posibles. Como diría Chocolate Mc: bajanda, acabanda, inflanda y así va el español nuestro… a to’ tiza como también dijeran ellos.
El acento con dejadez y cansancio también debe estar presente con ínfulas de chabacanería y vulgaridad, onda “toy duro papi”, mientras una cara de maleante risueño y el símbolo de paz o cualquier otra pretensión con las extremidades superiores se apodera del momento… o de la nueva foto para las redes.
Lo criticable de este fenómeno “du-rako” no es la ropa utilizada, la música que se escucha ni siquiera las barbaridades lexicales y horrores gramaticales que se ven diariamente en Internet (este último uno de los aspectos más criticables y complejos del asunto). El problema es aferrarse a la superficialidad y prácticas que, lejos de aportar e inculcar sentimientos positivos y valores humanos a nuestros jóvenes, los transforma en entes vanagloriosos, en personajes ficticios y personalidades construidas para el disfrute de los demás.
Lo triste es ver cómo algo de tanta importancia para el perfecto desarrollo de nuestros “pinos nuevos” pasa frente a nosotros y no le prestamos atención.
Lo que al principio comenzaba como una excentricidad y un juego de niños convirtiendo el idioma español en jerga callejera irreconocible, hoy debe constituir un asunto que amerite debates desde el punto de vista sociológico, psicológico y cultural.
Se puede ser reguetonero, rapero, trovador o cantante de ducha, pero siempre con el precepto de educar a los demás con la forma y el talento; para ello, una actitud coherente con la personalidad de cada quien ante la vida y un correcto uso del idioma hablado y escrito es esencial.
Una moda no puede ni debe cambiar el “yo” interno bajo ningún concepto solo por el hecho de querer ser popular, gustar a los demás o servir de payaso a quienes nos rodeen.
Cada cual es libre y dueño de su ser, y cambiarlo para crear una imagen inequívoca puede resultar a la larga, en una experiencia dolorosa en la que perdemos todos.




