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Evocar el triste saldo de la esclavitud

Evocar el triste saldo de la esclavitud

Yo sé de un pesar profundo
Entre las penas sin nombres:
¡La esclavitud de los hombres
Es la gran pena del mundo!

José Martí (Versos Sencillos)

Cada 25 de marzo se conmemora el Día Internacional de Recuerdo de las Víctimas de la Esclavitud y la Trata Transatlántica de Esclavos; evocando a así a los millones de mujeres y hombres e infantes que sufrieron las consecuencias dramáticas de un sistema bestial y deshonroso.

Cuba fue una de las primeras tierras a las que arribaron los esclavos africanos, dada la pronta extinción de la población indígena provocada por los abusos de los colonizadores españoles.

Las manos negras, curtidas por el trabajo excesivo, ayudaron al florecimiento del país y al nacimiento de una cultura plena de misticismo y folclor.

Los historiadores apuntan que “en Cuba los esclavos se clasificaban en bozales o de nación, bozalones, ladinos, criollos, mulecones y muleques. Hubo también coartados y emancipados. Los bozales eran los nacidos en África que no hablaban español, y bozalones los que resultaban muy torpes. A los niños y adolescentes se les llamaba muleques, y mulecones cuando pasaban de la adolescencia. Los nacidos en Cuba recibían el nombre de criollos y a los nietos se les llamaba rellollos. El coartado era el esclavo que poseía libertad parcial. Con sus ahorros el coartado pagaba la propia libertad a su dueño. Emancipado era el negro que capturado por un barco inglés autorizado a entrar en Cuba y, puesto bajo la protección del capitán general, debía ser declarado libre después de varios años de trabajo forzado”.

El 10 de octubre de 1868 Carlos Manuel de Céspedes, “el Padre de la Patria”, dio la libertad a sus esclavos, protagonizando así una página gloriosa de nuestra historia; pero no fue hasta 1886 que se declaró la abolición total de la esclavitud en Cuba.

Muchas naciones han vivido sumidas por siglos bajo este régimen oprobioso. Todavía quedan rezagos de esclavitud en el mundo. Personas que fuerzan a otras personas al trabajo, o las prostituyen, o las venden, o trafican con sus órganos. Todavía hay gente que padece en carne propia los vejámenes de un racismo ancestral y difícil de erradicar.

Reflexionar en torno a estas cuestiones es un ejercicio necesario en tiempos como los que vivimos. Con tal fin, un día como hoy, la comunidad internacional evoca a las millones de víctimas de la esclavitud y la trata transatlántica de esclavos, procesos que dejaron a su paso un saldo destructor. Crímenes que no han de ser olvidados.

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

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