¡El 23 se rompe el corojo!
- Escrito por Daima Cardoso Valdés
Cuando ya la histórica conversación entre el jefe del ejército español Arsenio Martínez Campos y el mayor general Antonio Maceo estaba por terminar, pues no lograron –es lógico– un entendimiento; cuando ya Mangos de Baraguá se hacía épico por el suceso que estaba teniendo lugar bajo su sombra epónima y ante la retirada del militar español, el oficial mambí Florencio Duarte, dirigiéndose a sus compañeros de lucha y como sentencia premonitoria afirmó: ¡Muchachos, el 23 se rompe el corojo!.
Estaba así asegurando que a pesar de 10 años de dura lucha, y de una protesta para dejar clara la postura intransigente de quienes se oponían al vergonzoso Pacto del Zanjón, la lucha continuaría.
Y así fue: el 23 de marzo de 1878 los jefes mambises Belisario Grave de Peralta, Vicente García, Flor Crombet, Francisco Borrero y Guillermón Moncada, en sus correspondientes jurisdicciones, reanudaron la guerra contra España.
Los dos propósitos que los habían lanzado a la manigua seguían inconclusos: no había independencia y continuaba la esclavitud.
Cuenta la historia en un informe del coronel José Maceo que los soldados españoles llevaban atados a sus fusiles pañuelos blancos y que eludían el combate dando vivas a Cuba, a la paz y declarándose hermanos. La treta de Arsenio Martínez Campos era hacer fracasar la resistencia revolucionaria y lograr la paz a toda costa, de ahí que las tropas españolas no respondían al fuego.
Los mambises tomaron la sana decisión de combatir mientras tuvieran municiones y también acuerdan de que Maceo parta al extranjero –por temor a que perdiera la vida– a reunir combatientes y armas para proseguir la contienda.
Y si bien es cierto que el Titán de bronce sale de la Isla, lo hace sin pactar y dando una lección, tanto a enemigos como a amigos de que la intransigencia y lealtad a la Patria son condiciones indispensables de los hombres buenos.
De Maceo heredamos su estirpe.




