Venezuela libre de la bota imperial
- Escrito por Fermín Sánchez Bustamante
Las personas de criterio, no pueden creer en la actuación circense que ha creado Donald Trump y todos los aparatosos payasos que lo apoyan en la función mediática para apoderarse de los recursos venezolanos y ahogar bajo la carpa a la América toda.
La opinión mundial no puede dar credibilidad a un grupo de malabaristas que manipulan y ejecutan a escala mundial el espectáculo de hacer justicia, cuando tratan de derrotar a un gobierno con la mentira y violando todo lo pactado en la ONU, sobre el derecho de que cada nación pueda elegir libremente su propio destino.
Cambiar la estructura cerebral de las personas en sus formas de actuar con respecto a los verdaderos derechos humanos; proponer alcanzar la supuesta “libertad” de un pueblo e intentar derrotar a un gobierno legalmente constituido, como hicieron en Panamá y en Granada, presupone violentar la voluntad de una nación a través del espectáculo, la amenaza, el chantaje y la guerra, constituye un acto delictivo. Recientemente Trump llamó a las fuerzas militares de Venezuela a que cambiaran de bando y les instó a aceptar la “generosa oferta”, del mal llamado líder de la oposición, de una amnistía o enfrentar las consecuencias. O sea, los llamó a la triste cobardía de vender a su patria, a su legítimo Gobierno y apoyar al traidor presidente interino Juan Guaidó.
El descaro es abierto, han censurado las cuentas millonarias venezolanas, resultado de su comercio legal, y ahora le ofrecen migas de ayuda para aparentar generosidad y preocupación por la población y así justificar la intervención militar. No hay que estar ciego para no ver la vieja doctrina de la Ley de la zanahoria y el garrote que promulgan aplicar para enseñar las garras del “conejo” saliendo del sombrero para tomar el mando interino.
Varias naciones del mundo se han pronunciado en defensa de la soberanía de Venezuela, por la paz y el respeto, por ello hay que mantener los ojos bien abiertos, el espíritu vivo y no bajar el telón de la solidaridad para que los cirqueros vayan a hacer reír a su público en sus predios y no en la nación andina.
Sobre el Autor
Fermín Sánchez Bustamante
Graduado del Instituto Superior Pedagógico en Pinar del Río, Cuba. Diplomado en Periodismo Internacional.