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Abusar de un discapacitado, una violación de la Ley de leyes

Abusar de un discapacitado, una violación  de la Ley de leyes

Foto: Cubahora.

Luisito es un niño grande. Su cuerpo ha envejecido con el paso de los años, pero su mente se quedó detenida en algún momento de su infancia, por eso tal vez gusta de correr sin camisa por el barrio e insiste en domar, a fuerza de cintazos, a su cerrero caballito de palo.

Pero Luisito es un ser humano noble, que jamás ha dado que sentir a un vecino, por eso todos, de alguna manera lo cuidan, le alertan si se acerca algún vehículo y hasta la bodeguera le da preferencia en la cola cuando llega con la libreta, el dinero y un papelito con un encargo de su anciana madre.
Sin embargo, otros niños, pudiera decirse que ya adolescentes, en plenas facultades físicas y mentales, han descubierto un lado flaco en Luisito: a él no le gustan los nombretes ni sentirse acosado.
Cada mañana, cuando pasan en grupo hacia una secundaria básica cercana, los muchachos lo exasperan y él se defiende ante la turba como puede, lanzando piedras, que en cualquier momento pueden causar un lamentable accidente, tanto a los provocadores como a cualquier otra persona que transite por el lugar.

Luisito no es consciente totalmente de sus actos pero la muchachada, que ahora cursa la enseñanza media, sí lo es y en más de una ocasión hace caso omiso a los vecinos que llaman su atención y amenazan con averiguar a qué escuela asisten para ir a quejarse.

Habría que preguntarse también a qué familias pertenecen y qué valores les inculcan cuando menosprecian a una persona con discapacidad y hallan divertimento en la angustia y desesperación de otros.

El maestro José de la Luz y Caballero aseguraba que la educación comienza en la cuna y termina en la tumba, por ello la formación de hábitos de conducta social adecuados no puede ser exclusiva de una u otra parte.

Escuela-familia y sociedad deben contribuir por igual al fomento de valores y a la formación de hombres de bien sobre cuyos hombros recaerá el peso del país en el futuro.

Debemos tener presente que el comportamiento de una persona parte, en primer lugar, de la forma de actuar que ve en sus semejantes y puede ser transformado o trasmitido de una generación a otra.

Modos de conducirnos como la cortesía y el respeto son manifestaciones de la cultura que poseemos y no están reñidos con la edad o el grupo social con el que nos identifiquemos, sino más bien con los sentimientos que nos animan en el plano personal y con el modelo de persona que queremos ser.

La nueva Constitución de la República establece en su artículo 89 que “El Estado, la sociedad y las familias tienen la obligación de proteger, promover y asegurar el pleno ejercicio de los derechos de las personas en situación de discapacidad. El Estado crea las condiciones requeridas para su rehabilitación o el mejoramiento de su calidad de vida, su autonomía personal, su inclusión y participación social.”

Por ello no resulta ocioso divulgar el contenido de la Carta Magna y preocuparnos por dominar cada uno de sus postulados, pues el desconocimiento jurídico no nos exime del cumplimiento de lo establecido en la ley.

Abusar de un discapacitado, más que una broma de mal gusto, es una violación de la Ley de leyes y como tal puede ser sancionado.

Educar en el amor al prójimo, tanto en el seno familiar como en los centros de enseñanza, es un paso seguro para vivir dentro de la ley y también para ser mejores personas.

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