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Ana Betancourt: la mujer que no se sometió

Ana Betancourt: la mujer que no se sometió

Ana Betancourt.

Se puede poner a prueba la resistencia de un ser humano: privarle de alimentos y agua; amenazarle con el fusilamiento; atarle a una ceiba en medio de la sabana de Jobabo tres meses, como hicieron los españoles con Ana Betancourt. Se puede jugar con el frágil cascarón que es el cuerpo de una persona, pero si su mente y su corazón acarician un ideal con suficiente fe, es imposible someterla.

Por eso cuando a la patriota la presionaron para que escribiera al esposo solicitando la deposición de las armas, esta respondió airada: “Prefiero ser viuda de un hombre de honor que ser la esposa de un hombre sin dignidad y mancillado”.

¡Y cómo lo quería ella!, tanto, que lo siguió a la manigua renunciando a la seguridad de su casa lujosa, a la mesa bien servida y a los vestidos finísimos.

“Muerto tú, ¿qué haré yo sola en el mundo…? Úneme a tu destino, empléame en algo, pues como tú, deseo consagrarle mi vida a mi Patria”.

Cuentan que se enamoró del joven desde el justo instante en que empezó a tratarlo y le descubrió su cultura elevada y la suavidad con que se dirigía este a los esclavos.

“Era Anita más elegante –detalló Salvador Cisneros Betancourt– llamada en la patria de los Agüeros y Agramonte a figurar en la alta sociedad, no solo por las prendas con que la naturaleza la adornaba, sino por su fino y amable trato social. Anita necesitaba a un hombre que correspondiera a sus condiciones sociales, solicitada la mano por muchos aspirantes, hasta que se la presentó un joven que además de su elegante figura, talento y educación, era un patriota: Ignacio Mora de la Pera…”.

Mora era diferente a los aristócratas de la época que relegaban a sus mujeres a los cuidados domésticos negándoles toda posibilidad de estudiar, crecer intelectualmente, crear o decidir sobre sus propias vidas. Él, en cambio, dedicaba tiempo a enseñarle idiomas, gramática e historia. La muchacha aprendió incluso a redactar artículos y a corregir los trabajos que Mora hacía para los periódicos.

Juntos participaron en la Asamblea de Guáimaro. Estimulada por el esposo, la camagüeyana solicitó a la Cámara que “tan pronto estuviese establecida la República nos concediese a las mujeres los derechos de que en justicia éramos acreedoras”.

Pocos días después, la noche del 14 de abril de 1869, participó en un mitin y sus palabras se perdieron entre el “atronador ruido de los aplausos”. Así se pronunció:

“Ciudadanos, la mujer en el rincón oscuro y tranquilo del hogar esperaba paciente y resignada esta hora hermosa en que una revolución nueva rompe su yugo y le desata las alas. Aquí todo era esclavo; la cuna, el color y el sexo. Vosotros queréis destruir la esclavitud de la cuna peleando hasta morir. Habéis destruido la esclavitud del color emancipando al siervo. Llegó el momento de liberar a la mujer”.

La oratoria de aquella dama sacudió a los espectadores en la plaza de Guáimaro. El presidente Céspedes se acercó a ella, aún tocado por la emoción y le auguró: “El historiador cubano al escribir sobre este día decisivo de nuestra vida política, dirá cómo usted, adelantándose a sus tiempos, pidió la emancipación de la mujer.”

El resto de la historia es desgarradora. En 1871 la atrapan en la finca Rosalía del Chorrillo donde cuidaba del marido enfermo. Hizo que Mora huyera y se entregó sola”.

Sus captores intentaron humillarla de mil maneras, convirtieron en prisión el cuerpo colosal de aquella ceiba de Jobabo, pero no consiguieron nada de la mambisa. Finalmente la deportaron a México donde conoció la cara triste de la emigración.

Se estableció luego en Nueva York, Kingston y España y ganó el pan enseñando o trabajando de obrera; pero nunca dejó de colaborar con la causa de Cuba.

La noticia de la muerte del esposo trastocó su vida para siempre. Ya nunca volvería a ser ella misma. El siete de febrero de 1901, fue el último día de Ana Betancourt. Dicen que hacía frío en Madrid.

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

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