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Camilo amado

Camilo Cienfuegos

Foto: CubaTV.

Este seis de febrero el Héroe de Yaguajay cumpliría 87 años y sería de seguro un anciano delgado, rodeado de nietos, con el rostro alegre y rebosante de salud. No tuvimos la dicha de verlo envejecer; pero bastó el corto tiempo de su vida para evocarlo hoy.

Cuando Camilo Cienfuegos desapareció físicamente en octubre de 1959, el pueblo declinó la idea de dejarlo partir. Mi tía, que era una niña por entonces, rememora que uno de esos días en que se realizaba el operativo de búsqueda de la avioneta averiada, se difundió el rumor de que el joven comandante había aparecido.

Desde el patio de la escuelita donde ella estudiaba, vio como las personas se lanzaba en tropel a la calle. Hubo gritos, ruido de cláxones y desconocidos abrazándose en medio de su júbilo. Pero la noticia era falsa y terminó afectando el ánimo de los cubanos.

No han cesado desde entonces las especulaciones sobre la sobrevida del guerrillero, ni las leyendas en torno a su figura. En una nación plena de héroes serios e inmaculados cual semi-dioses, él vino a ser lo más parecido al hombre de a pie, al cubano jaranero a pesar de las vicisitudes.

Ya de pequeño era bondadoso. Los centavos que le daban sus padres para la merienda, los ahorraba para las colectas del Hogar del Niño Español, que acogía en aquel tiempo a 65 huérfanos de guerra.

Al principio de la lucha guerrillera, cuando los compañeros no le conocían bien el arrojo y la nobleza, lo daban por un glotón, incapaz de resistir los rigores de la vida en campaña. Luego empezó a cautivarlos a todos con sus chistes, con su energía siempreviva y es que, en medio de la escasez y las miserias humanas que se desatan en una guerra, una risa puede ser más atractiva que una caja de cigarrillos o que un plato de arroz y Camilo era experto en sacar risas de la gente.

Cuentan que en el tiempo que trabajaba de primer dependiente en la sastrería El Arte, quiso con callada pasión a una muchacha trigueña, Paquita. Cada día, a una hora fija, conversaban los dos a un lado y otro de la cerca de una escuela en la Virgen del Camino.

Si bien era extrovertido con los amigos, lo intimidaban los asuntos del corazón y solo varios años después declaró lo que sentía a la mujer de sus sueños. Conveniaron casarse para diciembre del año 59, pero los planes se frustraron con el accidente aéreo que arrebató la vida de aquel hombre lindo en todas sus facetas.

27 años vivió tan solo, pero con tanta intensidad, que su paso por el mundo no pasó desapercibido. Dichosos los que alcanzan a dar y a recibir tanto amor como lo hizo Camilo.

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

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