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15 minutos con Stella Calloni

Stella Calloni / Foto: Prensabolivariana.com

Stella Calloni / Foto: Prensabolivariana.com

Ha vivido y reportado desde todos los países del Río Bravo a la Patagonia. Ha develado las crueldades que hicieron de América Latina una fábrica de muerte y desapariciones durante las dictaduras militares de la segunda mitad del siglo XX. Ha fundado revistas. Ha escrito bajo las bombas, para medios como La Jornada, de México, del cual es corresponsal. Ha inventariado el horror, con la agudeza de la investigación, la firmeza de la denuncia y la sensibilidad de la poesía.

“Estos huesos míos, qué malos me han salido”, se queja mientras abandona, ayudada por su bastón, la sala Manuel Galich, en la habanera Casa de las Américas. “Pero qué grande has sido con esos huesos”, le riposta en broma una amiga. Acaba de disertar sobre el oficio periodístico junto al colega colombiano Alberto Salcedo Ramos. Ambos están en Cuba como jurados del género testimonio en el premio que convoca la Casa. Como tantos en el auditorio, la escuché sin pestañear por casi una hora. En la charla dejó claves precisas para asumir la escritura, revisitó temas de algunos de sus libros —como el varias veces publicado entre nosotros Operación Cóndor— y reafirmó que estamos en tiempos de “recolonización o independencia”. Lúcida y vehemente, esta octogenaria argentina lleva en su sangre tinta de imprenta y en su voz, el guevariano afán de los Quijotes. Manos amigas la secuestran del tumulto y me regalan 15 minutos con ella para dispararle a quemarropa algunas preguntas. No puedo pedir más. Stella Calloni es una escuela. Hay un cronista cubano, cuya obra admiro mucho, que sé mantuvo una amistad entrañable con usted. Me refiero a Guillermo Cabrera Álvarez... “¡Ah, Guillermo! Para mí es uno de los periodistas más relevantes que ha dado Cuba. Genial, como lo calificó con razón Fidel. Tenía una mirada singular. Muy irónico y muy fiel a sus principios revolucionarios. Cualquier crítica suya a la realidad había que tomarla muy en serio, porque no partía de ligerezas, sino de un profundo análisis. Por supuesto, en un proceso revolucionario como este, no hay un manual, una sistematización de cómo ir adelante, sino que todo se va construyendo por el camino. Y hay errores y problemas, momentos en que los vaivenes te llevan. Pensemos por ejemplo en la cultura. Se trata en casos como el cubano de refundar un país, hacerlo todo de nuevo. Y eso es harto complicado. “A veces, es muy difícil elegir, decidir. El militar que está viendo que se acercan a una posición determinada, se interesa primero en la defensa de esa posición y de su país. Y siendo como es esta una nación tan pequeña, tan cercana al imperio, hay decisiones que a veces no se pueden comprender desde fuera. En ese sentido, Guillermo mantenía un enfoque muy lúcido, y el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, que él dirigía en La Habana, era un sitio formidable. Tenía un gran conocimiento sobre América Latina y el mundo. Podías tocar con él los temas de actualidad continental que quisieras. Sentí muchísimo su muerte en el 2007. Cada vez que venía a Cuba, lo primero que hacía era visitarlo”. En el libro Revolución, Socialismo, Periodismo..., del también periodista y profesor cubano Julio García Luis, el autor se pregunta si puede encontrarse una alternativa revolucionaria y socialista a la prensa capitalista mercantilizada que no encaje tampoco en el modelo ortodoxo de tipo soviético. ¿Qué cree de esa interrogante? “Yo creo que nada puramente ortodoxo es bueno. Para comprender eso está la dialéctica. No podemos pensar hoy como en 1917. Para hacer periodismo hay que ubicarse en nuestro tiempo y nuestra circunstancia. No creo que deba asumirse un periodismo dogmático para nada. Hay que tener en cuenta la multiplicidad de elementos de los hechos. Y si por decir la verdad, en esta militancia de la verdad de la que he hablado, hay que hacer transgresiones de ciertas concepciones políticas, pues que se hagan. Este era uno de los principios de Guillermo: no puedo callarme una cosa que esté mal, precisamente porque soy revolucionario”. En los últimos tiempos hemos visto con pesar un retorno a la derecha, a las posiciones más reaccionarias en América Latina, ¿qué opinión le merece esto? “Era esperable que viniera esta vuelta a la derecha. Hemos tenido desde hace años, fundaciones, ONGs, etcétera, que tienen detrás el capital imperialista regadas por el continente. Y nos ha faltado la mirada estratégica para determinar cuál es el enemigo principal. El reciente golpe político en Brasil es el resultado de todas estas instituciones llevando ‘ayuda para el desarrollo’, haciéndose cargo de los barrios. Por eso es que yo hablo de contrainsurgencia, de guerra de baja intensidad, en la cual para el enemigo es importantísimo destruir nuestra cultura”. Usted ha compartido con personalidades inmensas como Oscar Arnulfo Romero, Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales... ¿cuál es el saldo mayor de estos intercambios? “De esos líderes que mencionas, el saldo es magnífico. En esencia, muchísimo aprendizaje. También me ha tocado entrevistar a otros personajes con los cuales no he tenido ninguna afinidad política, como el general paraguayo Andrés Rodríguez, sucesor del dictador Alfredo Stroessner y de la misma calaña que él. En medio de la entrevista, Rodríguez me dice que él es ‘general de caballería’, porque para él el caballo era lo más digno del mundo; y me empieza a contar cómo en su niñez, si no hubiese sido por los caballos no hubiera podido conseguir tal y mas cuál cosa para su familia. Ahí uno se da cuenta de que este tipejo viene de los mismos avatares que cualquiera. Y no era que te conmoviera, pero uno vislumbraba costados humanos del hombre. Un periodista debe examinar todas las caras de un fenómeno, no una sola”. Ha dicho en una entrevista que la investigación periodística es lo que más se le parece a la poesía, ¿pudiera ampliarme esa idea? “La poesía me ayudó muchísimo, en tanto es una sensibilidad que logra indagar y ver debajo del agua. Descubre cosas que de otra forma no se sabrían. La investigación periodística, igual. Hay que tener un gran instinto para investigar. No es solo cuestión de que vayas y develes algo, sino de activar el instinto para, por la punta de una palabra, asociar, como mismo hace la poesía, toda la trama de un tema, de una historia”.

Sobre el Autor

Jesús Arencibia Lorenzo

Jesús Arencibia Lorenzo

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

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