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El compromiso cumplido de Fidel

Caravana de la Libertad.

Foto: ACN

El jueves ocho de enero de 1959, la ciudad de La Habana amaneció paralizada, todo el comercio e instituciones estatales estaban cerrados, pero poco había de tranquilidad, el júbilo del pueblo era grande, y el rojo y negro del Movimiento 26 de julio estaba plasmado en banderas y en brazaletes.

Muchas mujeres iban vestidas con los simbólicos colores para recibir al líder Fidel Castro y a los barbudos que entraban ya en la Caravana de la Libertad a la gran urbe.

La llegada de los revolucionarios a la capital cubana consolidó el triunfo de la última etapa de la Revolución definitiva, iniciada el 26 de Julio de 1953 con el ataque al Cuartel Moncada dirigido por el joven luchador, quien se impuso a duros reveses al ser masacrados sus compañeros entre los muros de la fortaleza.

El año 1959 marcó la victoria de la lucha y la Caravana de la Libertad inició su recorrido el dos de enero desde Santiago de Cuba, pero demoró una semana en llegar a La Habana, por el apoteósico recibimiento que recibía en cada urbe por la cual pasaba y sus pobladores deseaban escuchar las palabras del máximo dirigente rebelde.

Al entrar en territorio habanero, en el municipio de Cotorro, Fidel se montó en un jeep y así avanzó hacia lo más céntrico de La Habana, donde -como a lo largo de todo el recorrido-, grandes multitudes lo ovacionaban.

El héroe de Yaguajay, Camilo Cienfuegos, se unió a la caravana en el Cotorro, ya que poco antes había arribado a la capital junto a su columna invasora para tomar la fortaleza de Columbia, que meses después se convertiría en el centro escolar Ciudad Libertad.

Mientras, el Comandante Ernesto Che Guevara, también al frente de otra columna, se haría cargo del enclave militar de la Fortaleza San Carlos de la Cabaña.

En la Avenida del Puerto, en el embarcadero frente al entonces mando de la marina de guerra, estaba atracado el Yate Granma, que el Comandante en Jefe abordó jubiloso, momento que debió traerle los recuerdos de cuando él y los expedicionarios desembarcaron de la nave el dos de diciembre de 1956 por Playa Las Coloradas.

Un mar de pueblo se situó a ambos lados del recorrido desde su entrada por la Carretera Central, Avenida del Puerto, Malecón, Calle 23, Avenida 31, que dejó de llamarse Batista, y que sería el último itinerario hasta la fortaleza de Columbia, a la cual llegó Fidel pasadas las ocho de la noche.

Fue el último orador del acto organizado en la explanada y dijo:“…este es un momento decisivo de nuestra historia. La tiranía ha sido derrocada.

La alegría es inmensa. Sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañemos creyendo que en lo adelante todo será fácil, quizás en lo adelante todo será más difícil…"

Y casi al final de sus palabras, impresionado por la gran concentración expresó “(…) estoy seguro de que se van a volver a reunir las muchedumbres, y es el día en que muramos, porque nosotros, cuando nos tengan que llevar a la tumba, ese día, se volverá a reunir tanta gente como hoy, porque nosotros ¡jamás defraudaremos a nuestro pueblo!"

Fueron proféticas sus palabras. 57 años después, otra vez el pueblo cubano se situó en carreteras, pueblos y ciudades para despedir en silencioso homenaje los restos mortales del Comandante invicto cuando partió de la vida terrenal el 25 de noviembre de 2016.

Pero como en aquellas gloriosas jornadas cuando todo se inició, en su último viaje lo acompañó el triunfo de su vida plena con la que cumplió su juramento de lealtad al pueblo, proclamado aquel lejano ocho de enero de 1959.

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