El guerrero que no dormía buscándole caminos a la Patria
- Escrito por Susana Rodríguez Ortega
El siete de diciembre de 1896, en la barriada rural de San Pedro, cayó en combate el Lugarteniente General del Ejército Libertador Antonio Maceo y Grajales. “Esto está bien”, fueron las últimas palabras que pronunció, un poco para animar a Miró Argenter, su compañero de armas; o quizás porque creía de veras en la victoria.
El fuego enemigo arreció y una bala alcanzó la cara del héroe, quebrándole en su trayectoria la arteria carótida, derribándolo del corcel.
Así moría el Titán de Bronce, el mismo que enarboló sus banderas de dignidad y honor en las llanuras de Baraguá contra la paz sin independencia ni abolición de la esclavitud que proponía el Pacto del Zanjón. Maceo fue además uno de los artífices y protagonistas de la Invasión a Occidente, epopeya militar iniciada el 22 de octubre de 1895 con el fin de extender la guerra a toda Cuba.
Los pinareños conocieron de cerca su arrojo y genio militar. En la serranía del Rosario encontró el jefe condiciones ideales para combatir a las huestes enemigas. Las montañas de Pinar del Río devinieron bastiones infranqueables contra los que se frustraron los intentos españoles de aniquilar y desalojar a los mambises.
En el periódico Patria resaltó Martí la grandeza de aquel mulato guerrero, tan cubano en su esencia: “[...] Y hay que poner asunto a lo que dice, porque Maceo tiene en la mente tanta fuerza como en el brazo. [...] Firme es su pensamiento y armonioso, como las líneas de su cráneo [...] No deja frase rota, ni usa voz impura, ni vacila cuando lo parece, sino que tantea su tema o su hombre. Ni hincha la palabra nunca ni la deja de la rienda. Pero se pone un día el sol, y amanece al otro, y el primer fulgor da, por la ventana que mira al campo de Marte, sobre el guerrero que no durmió en toda la noche buscándole caminos a la Patria [...] Le son naturales el vigor y la grandeza”.
Hoy el pueblo pinareño llegó hasta el cementerio Agapito para evocar los 122 años transcurridos desde su caída en combate y conmemorar, además, el aniversario 29 de la Operación Tributo, que hizo posible el retorno a la Isla de los restos mortales de los cubanos fallecidos en misiones internacionalistas en África.
La peregrinación se reitera cada año para reafirmar que “ni olvidados ni muertos” están los hombres que ofrendaron su vida por la libertad de otros hombres.
Sobre el Autor
Susana Rodríguez Ortega
Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.